Exigen activistas esclarecer asesinato de líder antiminero en Chiapas

martes, 27 de noviembre de 2012
TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis. (apro).- Organizaciones sociales de diversas entidades de la República Mexicana se reunieron este martes en la frontera de México con Guatemala, para exigir el esclarecimiento de la muerte del líder antiminero Mariano Abarca Roblero, ejecutado hace exactamente tres años en el municipio serrano de Chicomuselo. En Frontera Comalapa, municipio cercano a Chicomuselo, los activistas destacaron la tenacidad de la lucha de Abarca Roblero contra la empresa minera canadiense Blackfire, motivo por el cual, señalaron, “lo acusaron falsamente para lograr su prisión, pero luego de varios días salió libre y, como no se quedó callado, fue silenciado a balazos”. Gustavo Castro, representante de la organización Otros Mundos y coordinador en Chiapas de la Red Mexicana de Afectados por la Minería (REMA), mencionó que Mariano Abarca no sólo habló con congresistas, diversas organizaciones y medios de comunicación, sino con la misma embajada de Canadá en la ciudad de México. “Nada lo detuvo para defender la Madre Tierra, los derechos humanos de la población ante la extracción de la barita que ya afectaba los ríos, la salud de los pobladores, las viviendas y otros derechos humanos. Al final decidieron su asesinato”, puntualizó. En una misiva, las organizaciones de Chiapas que conforman la REMA informaron que aunque la mina está clausurada, las concesiones mineras siguen aumentando en la entidad. No obstante, añadieron, la memoria de Mariano Abarca continúa viva en el espíritu de lucha y resistencia de las comunidades y organizaciones de Chiapas contra el modelo extractivo minero. La víspera, los miembros de la REMA iniciaron el “Encuentro Chiapaneco en Unidad contra el Modelo Extractivo Minero”, que concluirá mañana con una marcha por las calles de Frontera Comalapa. Según los activistas, durante la marcha no sólo exigirán justicia por el asesinato de Mariano Abarca, sino también la investigación y el deslinde de responsabilidades de la empresa Blackfire y sus dueños y directivos, así como del gobierno de Chiapas y Canadá, quienes –apuntaron– sabían del conflicto y omitieron acciones que evitaran el asesinato del líder. “Hace tres años que Mariano Abarca fue asesinado a causa de su implicación en la lucha por la defensa del territorio y por su oposición a las actividades que la empresa minera canadiense Blackfire Exploration lleva a cabo en Chicomuselo, Chiapas. Hasta ahora, la minera canadiense Blackfire, señalada como responsable del crimen, sigue sin recibir una sentencia justa”, apuntó Castro. Mariano Abarca Roblero estaba involucrado en la denuncia de las actividades de la compañía canadiense y, como miembro de la REMA, en junio de 2009 organizó un campamento de protesta en Chicomuselo para exigir el retiro de la empresa y su filial mexicana. En agosto del mismo año también participó en un bloqueo para detener los camiones que transportaban materiales a una mina a cielo abierto de titanio, ubicada en la frontera de México con Guatemala. El 10 de junio de 2009, el gerente de relaciones públicas de Blackfire, Luis Antonio Flores, interpuso una denuncia penal contra Mariano Abarca ante la Procuraduría General de Justicia de Chiapas (PGJE), a quien acusó de “asociación delictuosa, crimen organizado, ataque contra las vías de comunicación, daños a los bienes de la compañía, atentados a la paz, a la integridad corporal y al patrimonio de la colectividad y el estado”. El 17 de agosto de ese año, Mariano Abarca fue detenido por la PGJE y llevado a una casa de arraigo. Luego de las presiones nacionales e internacionales, y dado que no había justificaciones claras para su encarcelamiento, el líder minero fue liberado 10 días después. Tres meses después, el 27 de noviembre, fue asesinado mientras salía de su domicilio en Chicomuselo, por un desconocido que le disparó desde su motocicleta Días antes de su ejecución, Mariano Abarca había presentado varias quejas en la PGJE contra dos empleados de Blackfire que lo habían amenazado de muerte. En una de ellas dijo claramente que temía por su seguridad: “Tengo el temor fundado de que se me puede causar daño alguno por las amenazas inferidas en mi agravio”.  

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