Queman casas instaladas en área natural protegida

jueves, 17 de octubre de 2013
CUERNAVACA, Mor. (apro).- Un grupo de sujetos con el rostro cubierto, apoyados por elementos de la Policía Estatal, prendieron fuego a decenas de casas para desalojar a las personas que tiempo atrás invadieron la Reserva Natural Protegida “El Texcal”, en el municipio de Jiutepec. Alrededor de las 9 de la mañana, por cuarta ocasión en menos de un mes, el gobierno instrumentó un operativo para que alrededor de 250 policías escoltaran hasta ese lugar a decenas de encapuchados que, machete en mano y galones de gasolina, derribaron las casas construidas con madera y láminas de cartón. Los supuestos comuneros derribaron las puertas y se metieron a las casas cimentadas con ladrillos; rompieron todos los objetos que encontraron a su paso y les prendieron fuego, luego de rociarlos con gasolina. La quema de casas, que incluyó todo tipo de materiales tóxicos, como plástico y muebles de resina –además de artículos electrodomésticos, camas, colchones y libros–, levantó densas nubes de humo negro sobre la reserva ecológica, que se extendió a los municipios de Jiutepec y Tepoztlán. Poco antes las autoridades dieron aviso del desalojo, pero en muchas viviendas no encontraron a nadie. La subsecretaria de Seguridad Pública, Nora Rebeca Romero Velázquez, dijo que tras el desahucio no hubo personas detenidas. Los últimos 18 años, los distintos gobiernos estatales permitieron que de las 407 hectáreas que conforman la reserva protegida “El Texcal”, 149 fueran invadidas sistemáticamente. Incluso los pobladores que construyeron casas de cemento recibían servicios públicos municipales. De acuerdo con el secretario de Gobierno, Jorge Messeguer Guillén, sólo en los últimos dos años fueron invadidas 70 hectáreas más con la complicidad u omisión de funcionarios estatales del PAN, y anunció que seguirán los operativos de desalojo para evitar nuevas invasiones y recuperar la superficie ecológica. El gobierno del perredista Graco Ramírez informó que prepara un plan emergente para reubicar a los ciudadanos que necesariamente tuvieron que abandonar los predios por tratarse de una zona protegida. La reubicación, detalló, considerará a los ciudadanos que compraron de buena fe y que no tienen a dónde ir a vivir. Messeguer Guillén aseguró que muchos compraron y construyeron una casita de cartón para apartar su pedazo, esperando que con el tiempo las autoridades regularizaran esas tierras. Quiero mis libros “Ya no pude sacar mi mochila ni nada de mis útiles, ni mi uniforme, ni mis zapatos para la escuela. Ya no pude entrar a la casa porque los policías ya traían arrastrando a mi mamá, y a mi hermano le jalaron los cabellos”, relata María, una niña de 10 años de edad a quien le quemaron la casa donde vivía. María no reclama, mucho menos grita la injusticia, como los hacen sus padres después de que los supuestos comuneros destruyeron todo su patrimonio. Con lágrimas en los ojos, la pequeña pide a Graco Ramírez una sola cosa: que le repongan sus libros de texto de tercer año para seguir estudiando.

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