Una semana después de hallar cuerpo de una joven, Fiscalía aún no determina si fue asesinada

sábado, 8 de marzo de 2014
CHIHUAHUA, Chih. (proceso.com.mx).- Una semana después de haber sido encontrado el cuerpo de Esperanza Chaparro Sáenz, de 19 años, quien presuntamente fue asesinada, la Fiscalía Especializada en Delitos contra Mujeres entregó los restos de la joven. Los padres de la víctima enfrentaron anoche un momento difícil, aun cuando se les había prometido la entrega del cuerpo desde un día antes. No obstante, cuando las autoridades se enteraron que a Esperanza se le haría un homenaje de cuerpo presente en la UACh y otro frente al Palacio de Gobierno, decidieron postergar la entrega hasta la noche, casi secretamente. Justo cuando se anunció que el cuerpo de la joven sería entregado, la Fiscalía emitió un comunicado en el cual asegura que la causa de muerte fue traumatismo craneoencefálico y que aún no se determina si fue asesinada. También afirmaron que Esperanza se trasladó por su voluntad al norte de la ciudad, luego de que el domingo 26 de enero pasado salió de trabajar. Las autoridades, en su desesperación por “salvar” la declaración del fiscal general Jorge Enrique González Nicolás, intentaron restar dimensión al hecho ya que diversos sectores de la sociedad exigen justicia y piden un alto a los feminicidios que no han parado después de 20 años de lucha. Al día siguiente de que se encontró el cuerpo de Esperanza, el fiscal declaró que junto a ella había una carta que reflejaba que la joven estaba deprimida, por lo que no descartó que se tratara de un suicidio. Sin embargo, la versión fue echada abajo por sus padres y por la organización Justicia para Nuestras Hijas que coadyuva en el caso penalmente. La misiva sólo contenía un versículo de la Biblia y comentarios de la estudiante sobre el mismo pasaje evangélico. Le dan el último adiós Esperanza fue sepultada hoy 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. La joven pertenecía a una familia católica de la parroquia Jesús Misericordioso y pretendía ingresar al cuarto semestre de la Facultad de Ciencias Agrotecnológicas de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACh). Esperanza deseaba ser religiosa de la orden de las Adoratrices y, precisamente unos días antes de desaparecer, platicó con su mamá María Trinidad Sáenz sobre la violencia generalizada que se vive en Chihuahua. Le pidió que si ella algún día moría víctima de la violencia, quería que todos sus seres queridos acudieran a su sepelio vestidos de blanco. También que le pusieran sus botas vaqueras, las mismas que quedaron listas en su habitación para llevarlas en su primer día de clases. Ese sábado cientos de personas acudieron a su funeral, a la misa y al panteón para despedirla, vestidos de blanco. “¡Repudiamos la violencia... no más clamor del pueblo!”, gritaron los asistentes a bordo de sus vehículos. El cuerpo de Esperanza llegó durante la noche a la funeraria Miranda de la colonia Villa Juárez, una de las más modestas de la ciudad. Hasta ahí llegaron camiones con familiares y amigos que viajaron desde Parral y San Francisco del Oro para despedir a Esperanza Chaparro. El cuerpo de la joven fue recibido por su comunidad parroquial, compañeros de facultad, familiares y amigos. Recordaron que la joven era alegre, entregada y dispuesta a servir a la gente a través del grupo parroquial y del coro al que pertenecían ella y su familia. Los asistentes entonaron cantos religiosos frente al féretro que tenía una lona grande con el rostro de Esperanza y un mensaje de despedida de sus padres. Miembros de la sociedad civil se solidarizaron y llevaron alimentos para la gente que llegó de fuera, mientras que personal de la Fiscalía donó 50 despensas a familiares de la víctima. El cortejo partió de la funeraria poco antes de las 13:00 horas custodiado por motocicletas y unidades de Vialidad que abrieron paso por las vialidades. Al funeral acudió también personal de la Unidad de Atención a Víctimas de la Fiscalía. En la misa, el sacerdote Héctor Castro Hijos llamó a los asistentes a pedir perdón por la sociedad que “hemos construido y que echa a perder el plan de Dios”. Los padres de la joven encendieron una veladora a un lado del ataúd de Esperanza y luego se prepararon para ir al panteón. Con globos blancos, guitarras y cantos ingresaron al cementerio número 4, ubicado en la periferia del sur de la ciudad. Siguieron la carroza cantando alabanzas y cantos. El padre de Esperanza, Elías Chaparro López, tocó la guitarra y su madre cantó junto con el coro. Su hermano, de 13 años y su hermana, de 8, también los acompañaban. María Trinidad anunció hace días que despedirían a su hija con una gran fiesta espiritual porque eso era lo que ella quería. Por eso en su lona escribieron: “Bienvenida a casa, mi niña hermosa”. Luego de varios cantos, en el momento de colocar el féretro en la fosa, la mamá de Esperanza tomó unas lonas con las que buscaron a su hija y explicó que gracias a éstas la encontraron y dio gracias a Dios porque les permitió hallarla. Junto con Esperanza se fueron sus botas y las flores que sus seres queridos depositaron sobre el ataúd. La tierra cubrió el féretro ante el grito de decenas de jóvenes que acompañaron a su amiga, a su prima y hermana en el caso de Diana. Los cantos no cesaron hasta que concluyó el sepelio. Los globos blancos volaron hacia el cielo y los padres de la joven regresaron a su casa para descansar y recuperar fuerzas que les permitirán seguir exigiendo justicia para su hija.

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