Derriban sede de la FEG, inmueble testigo de asesinatos y torturas en Jalisco

viernes, 4 de julio de 2014
GUADALAJARA Jal. (apro).- Con una carga de más de 18 mil unidades de explosivos colocados en los puntos vulnerables de la estructura, el gobierno de Jalisco derribó el edificio de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), ubicado en el número 100 de la calle Carlos Pereyra, en el cruce con Manuel Gutiérrez Nájera, colonia Miraflores, donde sus líderes cometieron asesinatos, torturas y violaciones a lo largo de sus cuatro décadas de vida. La última de ellas se registró a finales de 2011, cuando un grupo de fegistas, encabezados por Gerardo Flores Gómez, El Tautado y el exdirigente de ese organismo, David Castorena, asesinaron a cuatro estudiantes de la Preparatoria 8 y al padre de uno ellos sin que hasta ahora se conozcan los entretelones del caso. Con la destrucción de la edificación se borran también las evidencias de los crímenes cometidos en ese lugar, asegura el exrector del Centro Universitario de los Lagos, de la Universidad de Guadalajara, Roberto Castelán Rueda. El sigilo con el que se llevó a cabo la operación provocó también incertidumbre entre vecinos de la zona. Incluso, minutos antes de que el inmueble cayera residentes de las colonias Miraflores y Colinas de la Normal se quejaron porque nadie los tomó en cuenta y que les informaron horas antes de la detonación. La sede fegista empezó a operar en la década de los 70. Desde que quedó bajo control del organismo estudiantil fue utilizado como instrumento de control y represión de maestros, estudiantes y opositores a los gobiernos local y federal. Los vecinos recuerdan historias de jóvenes y profesores torturados en dichas instalaciones que prefieren guardar en su memoria antes de contarlas a los medios de comunicación. En los muros del inmueble, sobre todo en el edificio “Hermelindo Romo García”, nombre de uno de los expresidentes fegistas, quedaron impresas las huellas de detonaciones. El inmueble fue entregado a la organización estudiantil como premio por el control de los estudiantes y su aporte para la desmovilización de la base universitaria de la UdeG en la etapa más convulsionada del movimiento estudiantil de 1968, cuando en Guadalajara se perseguía a estudiantes que llegaron a ciudad para pedir apoyo para la protesta de los alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de Mexico (UNAM), quienes exigían respeto a la juventud y a los derechos democráticos. Uno de los vecinos dice a los reporteros que a él le tocó ver a uno de los fegistas en el momento en que mató a tres personas en las escalinatas del inmueble. También cuenta una anécdota sobre el grupo denominado Los Fegosos, cuyos integrantes utilizaban el edificio para violar a mujeres. Algunas de las figuras políticas que fueron parte importante de la dirigencia fegista siguen vigentes, como Raúl Padilla López, exrector de la UdeG, presidente de la FIL y de al menos 13 empresas parauniversitarias en la Universidad de Guadalajara. Su hermano José Trinidad Padilla López también fungió como líder de ese organismo y ocupó la rectoría de la casa de estudios. Actualmente, es diputado local del Partido Revolucionario Institucional. Otro exintegrante de la FEG fue Carlos Briseño Torres. Antes de llegar a la rectoría de la UdeG fue secretario de Prensa y Propaganda de la FEG. El exfuncionario universitario terminó por suicidarse, luego de fracasar en su intento de regresar a la rectoría general de la UdeG y después de haber sido destituido en agosto de 2008, en el marco de un conflicto abierto con Padilla López, líder del llamado Grupo Universidad. Briseño Torres acusó a Padilla del desviar el rumbo de esa casa de estudios y de malgastar los recursos universitarios para la promoción de actividades ligadas a la farándula. En la última década, el edificio de la FEG se convirtió en guarida de delincuentes, donde ocultaban vehículos robados o golpeaban a los opositores de la FEG. Además tenía una especie de campo de tiro en donde los miembros del organismo estudiantil practicaban con el uso de las armas con las que confrontaban a estudiantes socialistas, miembros de la guerrilla urbana o a los integrantes de la Federación de Estudiantes de Jalisco, del grupo de Los Teco” de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG). Durante la llamada “guerra sucia”, la policía de Guadalajara y la Policía Estatal tenían prohibido ingresar a ese edificio. Cuentan los vecinos que en alguna ocasión llegó al inmueble un grupo de soldados del Ejército. Al verlos, pensaron que iban a poner orden, pero en realidad lo único que hicieron fue exigir a los estudiantes la devolución de un auto robado. “Pertenecer a la FEG era ser miembro del Servicio Secreto”, dicen. El actual rector de la UdeG, Tonatiuh Bravo Padilla, había solicitado la devolución del inmueble para ocuparlo como sede de la escuela Preparatoria 1. A pesar de que el gobierno lo ignoró, el funcionario universitario reconoció que siempre soñó que iba llegar el día en que la edificación iba a desaparecer, como finalmente sucedió.

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