Desagravia gobierno a indígena encarcelado 12 años por un crimen que no cometió

viernes, 5 de septiembre de 2014
TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis., (apro).- Detenido de manera arbitraria, torturado, acusado y condenado a 28 años de prisión por un crimen que nunca cometió, Ananías Laparra Martínez recibirá hoy el reconocimiento de inocencia por los 12 años que estuvo preso en el penal de Tapachula de parte de las autoridades estatales y federales, en respuesta a petición formal de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). La defensa del indígena chiapaneco estuvo a cargo de los abogados Ricardo Lagunes, Alejandra Gonza y Thomas Antkowiak, este último director de la Clínica de Derechos Humanos de la Universidad de Seattle de Estados Unidos. En una ceremonia exprofeso, el gobernador Manuel Velasco Coello y Lía Limón García, subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, entregaron a Laparra Martínez el documento que lo declara inocente y anunciaron una serie de medidas para resarcir los daños causados por el injusto encierro. El 14 de octubre de 1999, Laparra Martínez ahora de 66 años, su esposa Rosa Godínez, y sus hijos José Ananías y Rocío Laparra Godínez, de 14 y 16 años de edad, respectivamente, fueron detenidos y torturados. Tras la tortura, José Ananías fue obligado a incriminar a su padre a quien también lo obligaron para responsabilizarse del crimen, por lo fue sentenciado a 28 años de cárcel por el delito de homicidio calificado, supuestamente perpetrado contra Elvis Díaz Martínez en el municipio de Coacahotán. Aunque siempre alegó inocencia ante sus acusadores, los fiscales y jueces, sólo su familia y sus amigos creyeron que realmente era una injusticia lo que se cometía contra Ananías Laparra. Fue hasta el 2007 que el abogado Ricardo Lagunes conoció su caso y empezó una larga travesía para llevarlo a la CIDH en Washington. Con el apoyo de Alejandra Gonza y Thomas Antkowiak, director de la Clínica de Derechos Humanos de la Universidad de Seattle de Estados Unidos, pudo por fin lograr que Ananías lograra su libertad en febrero del 2012. Pasó así 12 de los 28 a los que había sido condenado. Del 2012 a la fecha estuvieron pugnando por el reconocimiento de inocencia y la reparación del daño a Laparra Martínez. Pero lo más trágico para Ananías Laparra es que desde prisión y los dos años que lleva de libertad sigue buscando a su hijo José Ananías Laparra Godinez, quien tras ser condenado su padre y él liberado, se fue de Chiapas y nunca más volvió. Desapareció. Su padre nunca le guardó rencor por incriminarlo, sabe que no lo hizo por su propia voluntad, que con sólo 15 años, fue víctima de tortura y otras crueles vejaciones por parte de los policías judiciales que lo detuvieron. A los 29 años, José Ananías Laparra Godinez salió de prisión con traumas psicológicos. Se sentía culpable, tenía pesadillas por las noches. Lloraba al recordar las vejaciones que sufrió y por ver a su padre preso. Un día decidió irse de Chiapas y nunca más volvió. Sus padres se enteraron que se fue al centro del país, que estaba en la Ciudad de México y el último reporte lo ubicaba en el Estado de México, pero que estaba metido en las drogas y el alcohol. Aunque con todo el dinero que pueda recibir, Ananías Laparra dice que eso no le devuelve a su hijo ni el daño físico que le causaron, pero que usará parte de los recursos para ir a buscar a su hijo.

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