Obispo reúne a miles de personas en marcha por la paz en Morelos

sábado, 21 de mayo de 2016
CUERNAVACA, Mor. (proceso.com.mx).- Unas 15 mil personas marcharon este sábado en la Tercera Caminata por la Paz, convocada por el obispo de Cuernavaca, Ramón Castro y Castro, quien denunció la inseguridad y el fracaso de la estrategia de seguridad del gobierno, así como la impunidad que genera, por ejemplo, las fosas clandestinas de Tetelcingo y la corrupción en el desvío de recursos públicos. Provenientes de todas partes del estado, la mayor parte de los manifestantes eran fieles católicos; pero también se unieron organizaciones de transportistas, de la sociedad civil en general, abogados y familiares de víctimas. Con estos últimos, en solidaridad, también marcharon el poeta Javier Sicilia, fundador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, y el rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) Alejandro Vera Jiménez. La marcha partió de distintos puntos de la capital de Morelos rumbo al centro y luego a la Catedral, aquella que transformó Don Sergio Méndez Arceo, en los años 60. La mayoría vestía de blanco, con globos, motas, banderines; gritaron consignas, otros cantaron e incluso algunos hasta hicieron oración. En la Catedral, a dos cuadras del zócalo capitalino, ya estaba listo un templete en donde el obispo, orador único hizo uso de la palabra. Ha habido momentos “que no han sido agradables” en el año 2015 y lo que va de 2016, “que no se pueden dejar ni en el olvido ni en el silencio”, por lo que, “estamos aquí para vencer la indiferencia y la resignación”, sostuvo. “Cuando la indiferencia afecta al plano institucional, ella favorece, y a veces justifica actuaciones y políticas que terminan por constituir amenazas a la paz”, dijo. “He de reconocer que se han hecho algunos esfuerzos por alcanzar la seguridad en el Estado, sin embargo falta muchísimo por hacer”, y luego retomó los datos “maquillados” del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que establecen que desde 2012 hasta el año pasado, Morelos “han ocupado siempre los primeros diez (lugares) del País” en cuanto a delitos de alto impacto. Actualmente dijo, Morelos ocupa el segundo lugar en secuestro, el cuarto en homicidios, el tercero en robo con violencia y el sexto en robo a negocios. En marzo pasado, según los datos citados, “Morelos fue el Estado donde más secuestros se cometieron considerando la tasa por 100 mil habitantes”. Ello, sin tomar en cuenta los subregistros, es decir, aquellos que no son denunciados: “a esa cifra corresponde el 92.8%. (Pues) La gente ya no denuncia porque no cree ni tiene confianza en la autoridad”. Y todo ello, “a pesar de los casi dos mil millones de pesos gastados en ‘seguridad’ del 2012 al 2015, con recursos federales, estatales y municipales”. Son muchos los “hechos de vida” que los sacerdotes de Morelos conocen por boca de sus propios fieles, “donde se pone en evidencia el dolor de miles de familias víctimas de la extorsión, del derecho de piso, de amenazas a su vida y a sus bienes, de los secuestros, de los robos a sus domicilios o negocios”, y por ello, “muchos están cansados y a punto de tomar decisiones drásticas para desahogar su enojo y frustración”, o de plano, “han decido dejarnos e irse a buscar horizontes en otras ciudades más seguras para sus vidas y sus empresas”. Dijo que “la mayoría del pueblo de Morelos ya no aguanta más. Se encuentra entre la espada y la pared; quienes deberían garantizarnos seguridad ejercen violencia contra el mismo pueblo. Nos ahogan también exigencias fiscales que no se ven reflejadas en mejoras comunes, los pobres son cada vez mas pobres, la corrupción y el nepotismo nos asfixian. Nos duele que algunas autoridades consuman los recursos del pueblo en autopromoción en los medios de comunicación afirmando exageradamente los pocos logros ignorando los enormes desaciertos, incapacidades y la corrupción”. Luego siguió el recuento de los hechos violentos que “no podemos negar (…) afirmando que la violencia y la inseguridad son cosas del pasado en Morelos”. El asesinato de Gisela Mota, alcaldesa de Temixco, las fosas clandestinas de Tetelcingo, “la poca transparencia de muchos recursos económicos desviados para construcción” de espacios privados, y “la compra de conciencias de algunos legisladores que corrompen sus principios por dinero o poder, traicionando así la confianza del pueblo que los eligió”, son sólo dos muestras más del desastre. Y no dejó pasar la “agresión” que sufrieron sus sacerdotes en febrero pasado, por parte de personas enmascaradas en el santuario de Tepalcingo, al oriente de la entidad, “sin que las autoridades hubieran dado una mano para encontrar una solución”. Luego, propuso “elementos que mejorarán indudablemente nuestro camino”. Se dijo consciente de que muchos de los morelenses “llevan en sus vidas los sentimientos encontrados; la rabia, la frustración, la falta de dialogo, la impotencia, que no les ha dado ni respuesta, ni la aparición de sus seres queridos arrebatados por la violencia y el crimen organizado”. Pero exhortó a los fieles al perdón y la reconciliación, pero que “no pueden estar nunca en contradicción con la justicia, no hay justicia sin perdón”. Dijo que “la paz se forja en la familia”, y que ésta debe “ser reconocida como el lugar natural para el desarrollo de la persona, es también el fundamento de toda sociedad y Estado”. Por ello, señaló, en referencia a la recientemente aprobada reforma del matrimonio igualitario en Morelos, los “nuevos y alternativos modelos de familia”, “nos parecen pobres y raquíticos. Sin ser homofobia permítase decir: No es lo mejor la equiparación de las uniones de hecho al verdadero matrimonio y a la verdadera familia”. Por ello, “manifestamos nuestra tristeza y desconcierto por las decisiones legales que destruyen el verdadero matrimonio y la verdadera familia”, e incluso citó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Y siguió: “Quien ataca la familia no sabe lo que hace porque desconoce lo que deshace”. Luego llamó a “soñar” para lograr “lo que queremos”, es decir, “que todos los niños vayan a la escuela, estudien y convivan con normalidad. Que los padres no sientan la angustia de que algo les pueda pasar a sus hijos, (…) que los adolescentes y jóvenes acudan a la secundaria y la preparatoria con la seguridad de que las escuelas están libres de drogas (…) que los jóvenes puedan acceder a estudios universitarios y nadie quede fuera; que su beca no sea un sistema de control sino un incentivo”. Pero además, “queremos ver envejecer juntos a los esposos, que sus hijos los respeten y que los ancianos sean reconocidos”, pero además, “que los campesinos y obreros vivan en paz y con la remuneración justa (…) que los transportistas sean escuchados y tratados como personas”. Y luego siguió con lo político, es decir la separación de poderes. Luego, “queremos ir por las rutas de nuestras ciudades sin el temor de ser asaltados”. “Queremos que nuestros ciudadanos no sean perseguidos porque piensan diferente a quienes tienen el poder en sus manos. Queremos que nuestros profesionistas contribuyan al bien común y desarrollen su servicio sin tantas rejas de por medio. Queremos autoridades honestas y que trabajen por el bien común y no por sus propios intereses. Queremos que no haya regiones de Morelos en manos del narcotráfico”, pidió. “Es una utopía”, se preguntó. “Yo creo que no, que si todos ponemos la aportación y el interés que se necesita, podemos vislumbrar un horizonte más sereno y claro”. Luego hizo un llamado a la oración y al diálogo de las distintas fes. Para luego concluir con una frase de Erick Fromm, sobre el ser y el tener: “Si yo soy lo que tengo, y lo que tengo se pierde, entonces ¿quién soy yo? Nada sino un testimonio frustrado, contradictorio, patético, en una falsa manera de vivir... Si yo soy lo que soy y no lo que tengo nadie puede arrebatarme ni amenazar mi seguridad y mi sentimiento de identidad”.

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