Ni Ejército ni Policía quisieron ayudar a buscarlos, acusan familiares de asesinados en Guachochi

miércoles, 4 de mayo de 2016
CHIHUAHUA, Chih. (apro).- La familia de cuatro de los cinco hombres asesinados el pasado fin de semana, denunciaron que ni la Policía Ministerial ni los elementos del Ejército buscaron a sus familiares cuando les indicaron que los habían "levantado" y les señalaron el lugar donde estaban, por lo que hubo oportunidad de rescatarlos y no lo hicieron. Habitantes del municipio de Guachochi dieron a conocer que cerca de la comunidad La Gobernadora, a donde se dirigían los primos Elsar Palma Payán y Héctor Fabián Payán Contreras, así como un adolescente indígena de Tónachi Gerónimo Alonso González, quien tenía 16 años, había un campamento de un grupo delictivo, como muchos que hay en la Sierra Tarahumara. Los hombres que operan ahí tienen granadas y armas de alto poder, se pasean por el pueblo, entran por la entrada principal y nadie les hace nada, señalaron los lugareños. El jueves pasado, salieron de Tónachi los tres hombres y atrás de ellos iba el abuelo de los dos primos. Unos hombres armados detuvieron a este último, lo hincaron durante varias horas y con las armas apuntando, le exigieron que no levantara la cabeza para que no los viera. Se llevaron su camioneta. Al mismo tiempo, cerca de ahí, se escucharon disparos de almas de alto poder, más personas fueron "levantadas", entre éstas, dos maestras y un maestro. Dos de ellos aparecieron golpeados y por el terror que vivieron no han declarado ni quieren decir nada. Aún hay más personas desaparecidas. El abuelo de los Payán pudo regresar a su casa, como pudo. Más tarde, trabajadores del rancho La Gobernadora llamaron a la familia para informarles que se habían llevado a Elsar, Héctor Fabián y Gerónimo. "Los amarraron y los echaron en una troca", les informaron. Nadie pidió rescate por ellos, pero el padre de Héctor Fabián, Héctor Fabián Payán Escárcega, dio aviso a las autoridades para que les ayudaran a buscarlos, pero no le hicieron caso. Luego acudió a los militares, que también lo ignoraron. "Les respondieron: 'necesitamos recibir órdenes de arriba, ¡eso les dijeron!". La gente de Guachochi conocía dónde estaban los jóvenes, porque sabían la existencia del campamento y de la impunidad con la que campean los delincuentes. Por eso la impotencia y el coraje fue y era mayor, los policías y soldados sabían dónde estaban y no actuaron, dijeron. Esperaron largas horas durante el jueves, porque se los llevaron en la mañana. Payán Escárcega decidió salir a buscar a su hijo y a su sobrino, lo acompañó otro sobrino, Edgar Josué Payán Olivas, de 30 años. Tampoco regresaron. "No los quisieron ayudar", dice una mujer cercana a la familia que también salió a manifestarse ayer, cuando el pueblo se cansó de tanta impunidad, violencia, simulación y de que las autoridades desde la capital, se dediquen a criminalizar a las víctimas que salen a la luz pública y a negar la situación de inseguridad en la zona serrana. El viernes en la tarde, la familia aún tenía esperanza de que estuvieran con vida, pero las autoridades no habían actuado aún. El sábado a mediodía, pobladores de la región avisaron a la familia que habían localizado tres cuerpos. Tres mujeres de la familia fueron a lugar y ahí estaban los dos sobrinos y el amigo, el adolescente de 16 años, muertos. "Hasta que fueron las mujeres a ver los cuerpos y vieron que no les pasó nada, fueron los de la Fiscalía, ya habían quitado el campamento", refieren. El abuelo de los primos y papá de Payán Escárcega, pidió que buscaran a sus otros dos parientes, porque debían estar cerca. Tampoco los buscaron, hasta que tuvieron la certeza de que ya no estaba el campamento. Hasta el domingo supieron dónde estaban los otros dos cuerpos, en un hoyo, cerca de donde localizaron los primeros tres. "¿Dónde están los soldados, los policías de la fiscalía?, ¿qué hacen?, ¿porqué no actuaron cuando una familia les pidió apoyo, cuando un padre angustiado, tías, madres, les imploraron por ayuda?", cuestionaron familiares y amigos cercanos, quienes han visto que ni ese ni casos anteriores han actuado y simulan tranquilidad y paz en toda la Sierra Tarahumara. Una tía de los tres primos, Janeth Payán, reclamó en redes sociales la actuación de las autoridades y defendió que su familia jamás estuvo ni ha estado relacionada con actividades de narcotráfico. "México está en manos de gobernantes indolentes, no sé qué hacen pero no están luchando por el país, por la seguridad. Ahora quieren tapar la situación y dicen que los mataron por narco, que lo demuestren, claro que no es cierto. El gobierno sólo se quiere lavar las manos. Todos eran parte de una familia intachable, trabajadora, toda la sierra va de muerte en muerte, las policías no hacen nada cuando los maleantes se pasean por las calles sin problema", reiteró. Héctor Fabián Payán Escárcega era maestro de primaria y comisariado ejidal, dejó huérfanos a otros tres hijos. Además de su hijo Fabián Payán Contreras, quien era el mayor, tenía un hijo de 12 y dos hijas, de 8 y 6 años. Payán Contreras estudiaba dos carreras, una de ellas Turismo en la Universidad Tecnológica de la Tarahumara, y su sobrino Elsar Palma Payán, quien tenía 21 años y estaba dedicado a realizar proyectos productivos públicos y Edgar Josué Payán dejó cinco hijos, el más pequeño aún es un bebé y él trabajaba en el aserradero con su tío Héctor Fabián. La familia se ha dedicado por 40 años al comercio de transporte de madera, explica Janeth, quien enfatiza que son una familia honrada que no ha estado ligada con el narcotráfico como lo han querido señalar las autoridades. El resto de la familia ya no quiere hablar más, sólo indicaron que no van a permitir que manchen la memoria de sus familiares y esperan que se haga justicia.

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