De tristeza y desesperación, muere otro desplazado en Chiapas; suman 11

lunes, 18 de diciembre de 2017
TUXTLA GUTIÉRREZ Chis. (apro).- Raymundo Luna Pérez, de 18 años de edad y originario de la comunidad Chén Mut, del municipio de Chalchihuitán, se convirtió en la onceava víctima mortal en situación de desplazamiento forzado, informó el párroco de Simojovel, Marcelo Pérez Pérez. De acuerdo con el cura, en los últimos días el joven indígena sufrió estrés, desesperación y angustia por vivir fuera de su casa, de donde hace más de un mes un grupo de sujetos armados y encapuchados –procedentes de Chenalhó-- lo sacó por la fuerza junto con toda su familia. Pérez Pérez, quien colabora con el párroco de Chalchihuitán, Sebastián López López, dijo que durante varios días el joven indígena se mantuvo con tos, fiebre y frío en un campamento de desplazados. Y aunque hasta ahora no se ha determinado clínicamente la situación de su fallecimiento, el párroco sostuvo que su familia reportó que estaba muy triste, no quería comer y pedía regresar a su casa, en la comunidad de Chén Mut, que fue quemada y saqueada desde principios de noviembre. Además de Raymundo Luna Pérez, han fallecido otras 10 personas en situación de desplazamiento forzado, entre ellas los menores Catarina Sánchez Pérez, Adriana de Jesús Pérez Pérez y Maura Pérez Luna de edad, y la recién nacida Ernestina Sánchez Pérez. Los otros fallecidos son: Domingo Girón Luna, de 70 años, originario de Pom; Martín Girón Rodríguez López (80), de C’analumtic; Marcelino Gómez López (60), de Majebal; María Domínguez Gómez (57), de Pom, y Mariano Pérez Aguilar (67), originario de Ts’ununil, además de Sauel Luna García, quien fue asesinado el 18 de octubre. La muerte de esta última persona desató la ola violenta entre los indígenas de Chenalhó y Chalchihuitán. Los primeros reclaman a sus vecinos más de 350 hectáreas de tierras. Situación crítica: obispo El obispo Felipe Arizmendi Esquivel afirmó que el sábado 16 visitó a los desplazados de Chalchihuitán y constató las condiciones precarias en las que se encuentran. “Son dos las situaciones preocupantes y dolorosas. En primer lugar, sigue habiendo miles de desplazados que viven en las montañas, expuestos a todas las inclemencias del tiempo y a pasar hambre y enfermedades. Pude pasar por la carretera, que ya está libre desde Las Limas hasta la cabecera municipal, y observé muchas casas totalmente abandonadas. Sus dueños no se atreven a regresar por sus pertenencias y ver a sus animalitos, mucho menos a cosechar su café, porque dicen que todavía se siguen escuchando disparos de armas de alto poder por parte de grupos armados que, dicen, son promovidos por autoridades de Chenalhó”, destacó el obispo. Y es imposible que ahora puedan recuperar sus casas y sus tierras, después del fallo del Tribunal Unitario Agrario que dictaminó regresar las tierras a Chenalhó, dijo. “Hombres y mujeres me describieron sus sufrimientos y carencias. Ya han fallecido niños y otras personas por falta de alimentos y de atención sanitaria adecuada. Agradecen toda la ayuda que se les ha hecho llegar y solicitan sobre todo maíz y frijol, sal, azúcar y petates donde dormir, pues muchos siguen durmiendo en el suelo. Una mujer me decía que sentían miedo por las culebras que hay en esos lugares despoblados. Por ello, seguimos pidiendo a las personas que sigamos apoyando la ayuda humanitaria para ellos, en particular por medio de las parroquias y de Caritas diocesana”, agregó. Según el obispo, otro problema sumamente delicado es el referente al fallo del Tribunal Agrario. Destacó que hace 43 años, tras una resolución presidencial, la entonces llamada Secretaría de la Reforma Agraria entregó a Chalchihuitán 363 hectáreas que están en los límites con Chenalhó. “Las ocuparon legalmente. No fueron ni son invasores, sino legítimos propietarios. Conservan sus documentos oficiales. Sin embargo, Chenalhó no aceptó la resolución de hace 43 años, porque dice que no tomó en cuenta los límites del río, que consideran ancestrales, y por tanto anteriores a lo prescrito por la Reforma Agraria”. La gente de Chalchihuitán aduce que, conforme a mojones y límites mucho más antiguos, a ellos les pertenecían no sólo esas 363 hectáreas, sino muchas más del mismo municipio actual de Chenalhó, como Campo Los Toros y otros. No argumentan razones ancestrales porque es muy difícil demostrar su veracidad. Lo que ellos presentan son sus documentos oficiales que los respalda como legítimos dueños de esas hectáreas. “Los de Chalchihuitán dicen que ellos no recurrirán a las armas, ni a otras medidas de lucha o de venganza, sino que acudirán a las instancias superiores al Tribunal Unitario Agrario, como el Tribunal Colegiado, y si es necesario a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Rechazan la fuerza de las armas porque dicen confiar en que se respeten sus derechos protegidos por documentos oficiales. Dicen que son hermanos con los de Chenalhó, de la misma etnia Tzotzil, algunos incluso parientes, y que no van a armarse ni a acudir a la violencia. Que no confían en las armas como recurso para defender sus tierras, porque su fuerza son sus documentos oficiales, que protegen sus derechos”, concluyó el obispo.

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