Observadores de la OEA no ven certeza en resultados de elecciones en Honduras

lunes, 4 de diciembre de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Ante “el estrecho margen de los resultados, así como las irregularidades, errores y problemas sistémicos” que mancharon la elección presidencial en Honduras, celebrada el pasado 26 de noviembre, la misión de observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA) afirmó hoy que aún no existe certeza sobre los resultados. A ocho días de la votación, los hondureños todavía no saben quién, entre el presidente Juan Orlando Hernández –integrante del derechista Partido Nacional de Honduras– o su rival Salvador Nasralla –un presentador de televisión, abanderado de la Alianza de Oposición contra la Dictadura– gobernará el país centroamericano que se hunde en una crisis política cada día más profunda. El último capítulo de este trance ocurrió hoy, cuando la policía se negó a aplicar la suspensión de las garantías constitucionales y el toque de queda, que pretendía instalar Hernández en reacción a las manifestaciones que reivindican el triunfo de Nasralla, y en las que la represión policiaca causó la muerte de por lo menos 11 personas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). La oposición acusa a Juan Orlando de perpetrar un fraude electoral para mantenerse en el poder. Denuncia que, en la madrugada del pasado 27 de noviembre, la plataforma de conteo de votos “cayó”, mientras Nasralla llevaba una ventaja de cinco puntos sobre el presidente saliente. Cuando la plataforma volvió a funcionar, Juan Orlando Hernández empezó a recuperar su retraso. Después de un reconteo de mil casillas, la comisión electoral –un órgano ligado al gobierno– determinó hoy que el presidente ganó con 42.98% de los votos, contra 41.39% para su rival. El Tribunal Electoral, por su parte, se negó a declarar algún vencedor. En su informe preliminar, los 82 expertos internacionales que conformaron la misión de observación de la OEA señalaron un gran número de irregularidades que detectaron el día de la votación, entre ellos la “intervención del voto” por parte de militantes, el alto grado de “improvisación” de las autoridades, la falta de claridad sobre “el horario de cierre de mesas”, o el hecho de que filas de ciudadanos no pudieron votar. En abril de 2015, un polémico fallo de la Corte Suprema de Justicia habilitó la reelección de Hernández, en una maniobra “irregular”, que la misión de la OEA calificó de “mala práctica”, pues “deja abierta la posibilidad de que un presidente pueda perpetuarse para el cargo de manera indefinida”. Cabe recordar que Manuel Zelaya, el expresidente hondureño, fue destituido y expulsado del país en 2009, víctima de un golpe de Estado fomentado en reacción a la decisión del mandatario de convocar una Asamblea Nacional Constituyente que, supuestamente, autorizaría la reelección. A diferencia de las enérgicas condenas a las represiones policiacas y a las supuestas manipulaciones de votos en Venezuela, las diplomacias occidentales llamaron los hondureños a la calma y a la “paciencia” en espera de los resultados definitivos. El sábado, la Cancillería mexicana extendió un llamado tibio a las autoridades hondureñas para “asegurar que el conteo de la totalidad de votos genere certidumbre” y urgió el pueblo del país centroamericano a “esperar” los resultados oficiales y definitivos del proceso electoral. De acuerdo con el New York Times, desde 2013 el gobierno de Orlando Hernández recibió “decenas de millones de dólares cada año” de Washington, como recompensa para sus políticas de mano dura contra las pandillas.

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