'Me van a matar un día, de eso no tengo dudas”, confesó Miriam Rodríguez

viernes, 12 de mayo de 2017 · 21:48
CIUDAD DE MEXICO (apro).- Este viernes familiares, amigos y residentes de San Fernando acudieron a la misa para despedir a la activista Miriam Elizabeth Rodríguez, quien fue asesinada el miércoles 10 en las inmediaciones de este municipio de Tamaulipas. Fue el padre Hilario del Pozo Noyola quien ofició la misa de cuerpo presente en las capillas Cristo Rey, que se ubican en la zona centro de San Fernando, donde poco después, a las 17:00 horas, los restos de Miriam fueron trasladados al panteón San Francisco, localizado en la colonia Loma Alta. Hace un par de semanas, Miriam Rodríguez comentó a una persona de su confianza: “Me van a matar un día, de eso no tengo dudas”. La activista, de 50 años y quien encabezaba la búsqueda de desaparecidos en la región, era muy valiente y de carácter fuerte, refiere un conocido y, aunque aseguraba no tener miedo, siempre andaba armada. “Sólo pido que me dejen defenderme”, decía. A la activista le sobreviven su esposo y dos hijos, prosigue quien la conoció y que opta por no dar su nombre, de acuerdo con una reseña del portal noticioso de El Mañana. También comenta que Miriam vivió un tiempo en Estados Unidos, pero en el año 2012, cuando desapareció su hija Alejandra, regresó a México para más tarde fundar el Colectivo Desaparecidos de San Fernando, que cuenta con unos 600 integrantes de la región. Miriam era locataria del mercado municipal, donde vendía artículos de piel como bolsas, cintos, chalecos y ropa en general. En los últimos dos años también ocupó un empleo en la Secretaría de Salud local. Los compañeros de la activista comentan que “Miriam logró, sola, detener y entregar a los delincuentes que secuestraron, asesinaron y sepultaron en una fosa clandestina a su hija”. La activista platicaba que 16 personas participaron en el secuestro y muerte de su hija; de ellos mandó a la cárcel a 13, y ella personalmente detuvo a tres. “Luchó sola con los recursos de su negocio para desafiar a esas personas del crimen organizado”, aseguran quienes conocieron a Miriam. Pero no sólo luchó en el caso de su hija, ya que decenas de personas localizaron los restos de sus familiares desaparecidos gracias a su apoyo. Su último movimiento lo hizo el mismo día de su muerte: acudió a la presidencia del municipio a protestar porque permitieron instalarse en la plaza principal a comerciantes foráneos. “Nos vienen a quitar el ingreso”, reclamó.