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Aún bajo el agua, habitantes de Tabasco reparten culpas por inundaciones

Los habitantes de Tabasco padecieron dos inundaciones que han dejado más de 770 mil damnificados, alrededor de 40 mil viviendas afectadas y pérdidas aún no cuantificadas
viernes, 13 de noviembre de 2020

MACUSPANA, Tab. (apro).- Con 60 años de edad y de oficio “triciclero”, Alcides Cruz Hernández hurga con un palo entre las aguas putrefactas y verdosas de la colonia El Castaño de esta ciudad.

“Somos tres familias, mi casa desapareció con el agua, perdimos todo, casi no pudimos sacar nada. Esto nos arruinó”, lamenta.

Su familia se apila entre plásticos y un tendedero de ropa sobre el bordo que separa la colonia del río Puxcatán, que el sábado 7 de noviembre irrumpió con furia sobre el caserío y virtualmente las “sepultó”.

Es la mañana del jueves 12 de noviembre y la escena es similar a lo largo de unos 300 metros del bordo: decenas de familias a la interperie y enseres domésticos tirados por todos lados.

Una bomba de Petróleos Mexicanos (Pemex) extrae las aguas de la colonia y las vierte de nuevo al río Puxcatán, que se ve “tranquilo”.

Aurora Córdova, viuda, sola y de 72 años, toma café sentada en una vieja mecedora.

“Perdí mi refri, estufa, cama, ventilador, grabadora, trastes, todo, todo, lo único que pude sacar fue una bolsita de ropa”, lamenta.

“Que yo recuerde, la colonia nunca se había ido a pique, el nivel del agua en mi casa alcanzó más de dos metros”, tercia María Eugenia Hernández Morales de 50 años.

“Mi casa desapareció, el agua superó el techo”, dice con tristeza el albañil Alfredo Gómez.

“El gobierno (municipal) tuvo la culpa, cuando el río crecía pedimos ayuda para reforzar el bordo con sacos de arena y nos mandaron al carajo, nos ignoraron. En mi casa el agua subió más de tres metros”, comenta “encabronado” Felipe González, trabajador del campo.

“Y lo peor es que no nos han traído ni una despensa, una colchoneta, dormimos en el suelo, nada de ayuda ni del gobierno municipal ni estatal, estamos abandonados”, interviene Javier Nahúm Suárez, de 65 años.

“Ojalá y nos ayude el presidente (Andrés Manuel) López Obrador, que se acuerde del pueblo donde nació”, suplica Juliana Silván Hernández.

Al mediodía del sábado, el Puxcatán rompió parte del bordo y en menos de tres hora inundó El Castaño, popular colonia de unos cinco mil habitantes, en su mayoría obreros, albañiles, vendedores ambulantes, campesinos, “tricicleros”, empleados de gobierno y profesionistas.

Una catástrofe que se extendió a 13 de los 17 municipios del estado, pero con mayor rigor en Macuspana, Centro (cabecera de Villahermosa), Tacotalpa, Teapa, Nacajuca, Jalpa de Méndez y Cunduacán.

Y es que en un mes, Tabasco enfrentó dos inundaciones que han dejado más de 770 mil damnificados, alrededor de 40 mil viviendas afectadas y pérdidas aún no cuantificadas, tal vez superior o igual a los 57 mil millones de pesos perdidos en la histórica inundación de 2007, con más de un millón 200 mil damnificados.

Una tragedia cuando Tabasco, tras ocho años de liderar el primer lugar nacional en desempleo, comenzaba su recuperación económica, impulsada por la construcción de la refinería de Petróleos Mexicanos en el puerto de Dos Bocas.

De acuerdo con el INEGI, Tabasco fue el estado que menos decrecimiento económico tuvo en el segundo trimestre del 2020 (abril-junio) con -7.3% respecto al trimestre anterior y único del país que tuvo crecimiento económico 1.5% en relación al mismo periodo de 2019.

“Un mal cálculo”

En la primera inundación de principios de octubre, por los frentes fríos 4 y 5, oficialmente se contabilizaron más de 600 mil damnificados, igual que ahora, en 13 de los 17 municipios.

Pero con mayores daños en Villahermosa y los municipios de Nacajuca, Jalpa de Méndez y Cunduacán, por desfogue de la presa Peñitas, a cargo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y que forma parte del complejo hidroeléctrico del Alto Grijalva, que comprende también Angostura, Chicoasén y Mal Paso. 

El gobernador Adán Augusto López Hernández aseguró que un “mal cálculo” en el manejo de Peñitas inundó Tabasco a principios de octubre, pues se pronosticaron lluvias intensas y, ante el riesgo de rebasar el embalse de la hidroeléctrica, se desfogaron hasta mil 753 metros cúbicos por Segundo; sin embargo, no llovió como se previó, pero el daño ya estaba hecho.

Para mitigar el daño, el gobierno federal, a través de la Secretaría de Bienestar, pagó 10 mil pesos en efectivo a cada una de las alrededor de 38 mil familias afectadas.

El censo derivó en inconformidad de quienes fueron excluidos y bloquearon carreteras, pero se toparon con la “ley garrote”: gases lacrimógenos, balas al aire y cárcel.

En la inundación de finales de octubre y principios de noviembre, el causante fue el frente frío número 11 que, en 14 horas, generó lluvias históricas de 480 litros por metro cuadrado, el doble de lo que cae en Sonora en todo el año, o el triple de las registradas en Baja California Sur o Durango, explicó el gobernador.

El sábado 7, el presidente López Obrador interrumpió su gira por Nayarit y Sinaloa y viajó a Tabasco porque, dijo, caían lluvias de tres mil 500 metros cúbicos por segundo (m3/s) sobre las presas y se tomó la decisión de que Peñitas desfogara hasta dos mil 500 m3/s.

Lo que significaba, añadió, que Villahermosa se volviera a inundar por completo como en 2007, cuando se soltaron de Peñitas dos mil 600 m3/s, sin embargo, finalmente solo se desfogaron dos mil 100 durante dos horas y se fue reduciendo la extracción hasta el miércoles 11, cuando se desfogaron 810 m3/s.

Confrontación

El manejo “irresponsable” de la presa Peñitas confrontó al gobernador Adán Augusto con el director de la CFE, Manuel Bartlett, por la demanda que, anunció el mandatario estatal, presentará por la vía penal y civil para que la CFE pague los daños en Tabasco.

En la rueda de prensa que ofreció el sábado 7, el presidente López Obrador defendió a Bartlett cuando una reportera preguntó al funcionario si ya estaba satisfecho “con su venganza” contra Tabasco.

A Bartlett se le atribuyen resentimientos en contra de los tabasqueños porque su padre, Manuel Bartlett Bautista, tuvo que abandonar la gubernatura de Tabasco en marzo de 1955 por una revuelta estudiantil por el aumento del costo del transporte urbano, tras gobernar solo dos años.

El director de la CFE atizó el fuego el martes 10 tras salir de una reunión en Palacio Nacional y declarar que le “daba risa” la demanda del gobernador de Tabasco, quien de inmediato respondió y lo tildó de cínico e irresponsable.

La reunión fue convocada por el presidente López Obrador y contó con la asistencia de los gobernadores de Tabasco y Chiapas, y otros funcionarios federales para analizar el plan integral contra inundaciones en esos dos estados.

En la “mañanera” del día siguiente, y a pregunta sobre el pleito, el presidente López Obrador dijo que no quería “meterse en eso” y se asumió como “bastante tolerante” con la libertad de expresión de sus funcionarios.

“Al licenciado Bartlett le ha tocado ordenar todo el desorden o el saqueo que había en la Comisión Federal de Electricidad y le tienen ganas algunos medios”, justificó.

Y explicó que el programa integral contra inundaciones consistirá en la compra de dragas para desazolvar ríos, operadas por la Secretaría de Marina, hacer bordos y “control estricto” de las presas del Alto Grijalva para mantener desfogue continúo y no tener embalses llenos en épocas de lluvias (agosto-noviembre) para soltar abruptamente las aguas.

Además, la Secretaría de Desarrollo Urbano afina un plan de mejoramiento urbano para todos los pueblos que incluyen vivienda y se trabaja en todos los programas de Bienestar.

Mientras tanto, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Marina entregan víveres y comidas, “para que no le falte la alimentación al pueblo”.

Piden congruencia a AMLO

En la inundación de octubre de 2007, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estimó en más de 57 mil millones las pérdidas en Tabasco.

Ante la devastación, el presidente Felipe Calderón visitó la entidad y ofreció reconstruir Tabasco “cueste lo que cueste”.

“Nada más que le ponga número, porque si no, es pura demagogia, no la frase cueste lo que cueste, cuánto se va a destinar del presupuesto nacional a la reconstrucción de Tabasco”, exigió entonces Andrés Manuel López Obrador.

Y enlistó los requerimientos de los damnificados de Tabasco: salud, reconstrucción de viviendas, muebles, electrodomésticos, ropa, inversión a fondo perdido para pequeños y medianos empresarios, apoyo a los agricultores, ganaderos y quienes perdieron automóviles, así como subsidios para energía eléctrica y gas doméstico, y obras de infraestructura hidráulicas.

“Si le parece mucho a los usurpadores del gobierno federal que saquen la cuenta de cuánto ha aportado Tabasco… son 600 mil barriles diarios de petróleo durante 25 años, a 90 dólares el barril, es lo que se han llevado, no es justo que ahora que Tabasco lo está necesitando no haya apoyo”, reclamó. 

“Ahora López Obrador es el presidente de la República y, si es congruente, le debe poner número de cuánto destinará el gobierno federal para reconstruir Tabasco”, comentó el senador perredista, Juan Manuel Fócil.

Hasta el jueves 12 se habían registrado 8 muertes y 175 mil damnificados por la segunda inundación y se corría el riesgo de desborde del río Usumacinta que afectaría gravemente la Región de Los Ríos, que incluye los municipios de Tenosique, Balancán, Jonuta, Emiliano Zapata y Centla.

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