El covid en el Cereso 2 de Apodaca NL: cambios forzados por el aislamiento

martes, 15 de septiembre de 2020
MONTERREY, N.L. (apro).- En el interior del Centro de Reinserción Social (Cereso) 2 de Nuevo León, decenas de internos hacen fila en el edificio conocido como La Escuela, que cuenta con ocho aulas. En una de ellas un grupo de internos se encuentran sentados en pupitres, orientados hacia la pared, sosteniendo tablets. Charlan animadamente con familiares en videoconferencia vía WhatsApp, a través de los dispositivos móviles que les facilita la administración. Un trabajador social y un técnico los asisten para que se conecten y se enlacen con la persona cuya identidad ya ha sido previamente verificada. En un aula aparte, otro grupo de internos hace fila para pasar con asesores jurídicos y establecer videoconferencias con funcionarios del poder judicial, con los que desahogan alguna diligencia para conocer los avances de sus casos. Esta es la nueva modernidad a la que forzosamente ha avanzado el sistema penitenciario de Nuevo León, a causa del covi-19, para evitar que los internos entren en contacto con personas del exterior, explica Eduardo Guerrero Durán, asesor penitenciario de la entidad. El sistema carcelario en Nuevo León es el primero en México que utiliza este sistema de telecomunicación, con el que los presos reducen el riesgo para infectarse del coronavirus, señala. Tras el recorrido efectuado por Apro en el interior del nuevo penal ubicado en el municipio de Apodaca, el asesor explica que la comunicación a distancia es requerida por un 56% de las mil 612 personas privadas de su libertad (PPL) que ocupan las instalaciones, que recibieron a sus primeros internos apenas en el mes de octubre del año pasado. Informa que la situación está controlada en los tres penales de la entidad, aunque ya se reportó el primer fallecido, un custodio que se contagió y pereció rápidamente, afectado por el padecimiento viral.

Cuarentena en el penal

Nuevo León cuenta con tres penales estatales para varones mayores de edad, el 1 y 2 de Apodaca, y el 3 de Cadereyta. Es en este último donde se encuentra el módulo covid donde puede ser atendido, si se contagia, alguno de los de 8 mil 841 reclusos encerrados en la entidad. La clínica cuenta con espacio para 400 pacientes, por lo que los médicos no han tenido problemas de cupo. Cuando se reconoció en México la pandemia, en el mes de marzo, el gobierno del estado cerró todas las instalaciones de reclusión, para evitar el contagio del coronavirus. Hasta agosto, los penales fueron reabiertos, aunque aún es prohibido el contacto de los internos con cualquier persona. Ningún recluso ha muerto por covid, aunque fueron detectados 13 contagiados, dice Guerrero, quien afirma que todos llegaron enfermos del exterior. Los especialistas los atendieron en las instalaciones de Cadereyta y se recuperaron satisfactoriamente. El brote más numeroso registrado en los penales locales fue ocasionado por un médico descuidado, que trajo el virus y contagió a 84 personas del área administrativa. Todos también se recuperaron, explica el asesor en entrevista. En el Cereso 2 de Apodaca hay visitas familiares y lo único que se permite es que el interno pueda interactuar una vez por semana y durante 15 minutos, con una sola persona, en alguno de los nueve locutorios disponibles. Los espacios son cabinas con una mínima privacidad, para que personas charlen a través de una reja, sentadas frente a otra. Ahora, con la pandemia, se colocó una mica transparente divisoria, de plástico duro, con algunos agujeros, para que pueda haber comunicación. En este lunes por la mañana apenas hay un interno interactuando con un visitante. El penal 2 de Apodaca fue construido a un lado del 1, para albergar a los reos que fueron desocupados del viejo penal del Topo Chico, que fue desocupado el año pasado tras 80 años de historia. Esa cárcel ya fue derruida y en su lugar se construye un parque público.
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Por su parte, el director de la penitenciaría, Sergio Hernández Cortez, explica que, por motivos sanitarios, las medidas generales para ingreso ahora son más estrictas que antes, para evitar que traspase la puerta una persona infectada. Los filtros para adentrarse en el centro penitenciario son estrechos y, por numerosos, hasta parecen un exceso, reconoce el funcionario penitenciario, pero son las que ha recomendado el comité de expertos, que ha revisado las medidas para mantener a la población a salvo. Al traspasar la primera reja de ingreso, la que da a la Carretera a Salinas Victoria, los recién llegados tienen que pasar bajo un arco aspersor de dióxido de cloro. Alejandro Balderrama, director de Reinserción Social de la Agencia Estatal Penitenciaria, explica que la sustancia ayuda a la desinfección y no es irritante, ni afecta la ropa. Durante esta mañana lluviosa, los autos son bañados alrededor, con un aspersor en forma de bomba, que carga uno de los guardias. Además de las revisiones corporales que practica el custodio de Seguridad Pública del Estado y la inspección del can que detecta drogas, el visitante tiene que pasar por retenes sanitarios, en los que se les toma la temperatura, y se le invita a que se desinfecte las manos con gel. Para reducir los riesgos de contagio, todos los visitantes del exterior deben enfundarse en un overol blanco, que cubre de los pies hasta la cabeza, y colocarse sobre la boca y la nariz una mascarilla. Este material es elaborado en el interior del penal, aclara el alcaide.
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Como no se permite el contacto con los internos, los familiares pueden dejarles, en el primer filtro de revisión, los objetos que quieren hacerles llegar. A un lado de la mesa de registro se ven bolsas con etiquetas de quién envía y quién las recibirá. Hay en los envoltorios transparentes papel sanitario, jabones, ropa que son entregados a diario en el interior. Luego de pasar por más de una decena de rejas que se abren y se cierran, y de avanzar por un laberinto de pasillos, los visitantes llegan hasta el Módulo 4, que es el de aislamiento. Al colocarse en este punto, el que llega debió haber pasado por cinco filtros de revisión desinfectante, en los que tuvo que repetir el monótono, pero efectivo, proceso aséptico, aunque no haya tenido contacto con nadie en el trayecto. En el área de La Escuela están los salones de videochats de cinco minutos con familiares. Los reos se muestran entusiastas con esta forma de interacción, porque son efectuadas unas 450 de estas operaciones de comunicación al día. A los PPL externos, esta forma de comunicación les ayuda a conectar a familiares que están en otros estados y quienes, aún sin cuarentena, no podrían visitarlos. Hernández Cortez explica que las videollamadas ayudan a los internos, pero también a los custodios, que disminuyen así los riesgos de infección. También hay aquí, en sus respectivas aulas de uso múltiple, ceremonias de Testigos de Jehová, que leen la Biblia, y de Alcohólicos Anónimos, que irrumpen la quietud de la mañana con aplausos, cuando celebran a un compañero que ha avanzado en su proceso de desintoxicación. En la segunda planta del mismo edificio está el área donde sicólogos atienden a los internos con inquietudes. Luego, la comitiva pasa al Módulo 4-A donde hay 219 internos en aislamiento. Todos son recién ingresados, explica Guerrero Durán, y deberán permanecer 28 días separados del resto de la población, mientras los médicos los observan día y noche, para detectar alguna sintomatología que pueda acusarlos como portadores del coronavirus. El edificio se ve nuevo. Hay tres niveles, con celdas de 3 por 2 metros, que contiene, cada una, a cuatro reclusos, con sus respectivas camas y un retrete metálico común. Todos visten el uniforme penitenciario de playera blanca y pants gris. Aquí hay en total 64 celdas. Los internos de este módulo utilizan un área común de duchas, en el primer piso, con 10 regaderas, de las que disponen por turnos. Durante la visita, todos los PPL bajo observación se encuentran de pie y de cara a la pared, con las manos por la espalda, como dictan los protocolos de seguridad, cuando la autoridad se encuentra presente. En cada una de las rejas se han colocado tiras de plástico, como una medida de protección para el exterior, aunque en todas ya se ven huecos, porque la protección está desgarrada. El director del Cereso 2 explica que la entrada de cada una de las celdas se desinfecta unas 10 veces al día, con la bomba que uno de ellos lleva como mochila, y de la que sale el dióxido de cloro que rocía en el piso con un aspersor. El recluso que hace la tarea recibe su respectivo pago por ello, aclara. Una enfermera de bata azul recorre cada uno de esos dormitorios enrejados, y habla con los internos a los que les pide asomarse para tomarles la temperatura en la frente. A esa hora todas las celdas están laqueadas, como se le llama al procedimiento en el que se cierran los candados, para imponer confinamiento. En el centro del módulo hay un patio extenso, con mesas para la socialización de los internos. Para mantenerlos aislados, a la hora de la comida se les ordena que salgan en grupos de 18, para recibir la ración del día, que luego ingieren en sus dormitorios. El director del penal explica que todas las celdas se desinfectan cada 48 horas, para disminuir los riesgos de enfermedades en el interior. Guerrero Durán señala que son nuevos todos estos procedimientos que iniciaron el 7 de marzo, con un protocolo de covid, de acuerdo a la cuarentena nacional ocasionada por la pandemia, y hasta ahora han ido mejorando los métodos, y adaptándolos de acuerdo al semáforo que marca el estado. “Hemos hecho un protocolo de covid de nuevo ingreso de personas privadas de su libertad. Pasan la cuarentena y los sometemos a pruebas rápidas en su llegada y cuando los vamos a transferir a población general. Los clasificamos por días de ingreso, y a todos les aplicamos los protocolos y los aislamos, y les hacemos pruebas de PCR (de polimerasa, para detectar el virus), y aunque salga negativo los dejamos en observación lo que nos ha evitado problemas al interior”, apunta. Los 13 que llegaron enfermos, fueron puestos 60 días en cuarentena hasta que ya no les quedó rastro del virus, afirma. No se sabe cuándo se permitirá, de nuevo el ingreso de las visitas. Hasta entonces, seguirán los videochats para mantener los lazos familiares.