La querella de las mujeres de octubre

jueves, 21 de octubre de 2010

MÉXICO, D.F., 21 de octubre (apro).- Las próximas semanas arreciará en México la conmemoración del centenario de la Revolución Mexicana, aquella que perfiló lo que podría ser nuestra identidad nacional, la revuelta que ofreció a mexicanas y mexicanos la posibilidad de vivir en una nación íntegra, capaz de construir una sociedad justa y digna, en igualdad.

La Revolución, cuyo estallido se fechó un 20 de noviembre, es hoy una quimera. Ni paz ni justicia para todas y todos, mucho menos igualdad. La querella de las mujeres ha sido una constante.

En 1917 se obviaron nuestros derechos políticos reclamados –según dato histórico, desde 1811 en la ciudad de Zacatecas–, querella que duró 142 años, hasta que un 17 de octubre de 1953, finalmente, se decretó que las mujeres podríamos participar como ciudadanas completas, reconocidas para contribuir en la cosa pública.

Así, todos los octubres, y no por las lunas llenas, hermosas y románticas, se convirtieron en una fecha significativa. Y nuestras madres y abuelas, nosotras mismas, pensamos que depositar nuestro  voto podría resolver las demandas y necesidades propias. Un voto para contribuir a hacer patente el sueño que un día tuvieron Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin, rusa y alemana, respectivamente, en favor de un mundo democrático y pacífico.

Hoy, sabemos –en un país de más de 30 mil ejecuciones que en cuatro años han dejado 50 mil huérfanos–, muestra el atraso en que vivimos y la fantasía que nos ofreció la gesta revolucionaria.

El derecho ciudadano, donde el instante de votar y elegir se muestra como un espejo opaco, apetecible, es insuficiente y fugaz, por eso nos  quedamos en la algarabía exclusiva del memorial. Pero es indiscutible que somos herederas de un nutrido litigio por los derechos femeninos, un constante vaivén de avances y retrocesos. Una permanente posposición de lo que deseamos como democracia genérica, es decir aquella donde desaparezca de la vida cotidiana cualquier indicio de exclusión y discriminación por sexo. Donde, sin embargo, están inscritos nuestros derechos.

 

Señora carne, señora dual

 

Este 2010, no obstante, tenemos mucho que celebrar. El miércoles 20 se les entregó a 26 mujeres, todas con suficientes méritos y capacidades, la Medalla Omecihuatl que desde hace ocho años otorga el Gobierno del Distrito Federal, para reconocer a las mujeres su contribución cultural, científica, política y artística, pero de manera particular la feminista. Es el único galardón de esta naturaleza en el país.

Entre las galardonadas destacan las maestras universitarias Martha Teresita de Barbieri García y María Gabriela Delgado Ballesteros, esta última exdirectora del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal, y aquella maestra de varias generaciones de mujeres, universitarias, periodistas e investigadoras feministas de inclinación socialista y comprometida.

Llama la atención que una de las galardonadas sea Leticia López Margalli, una de las dos guionistas de “Las Aparicio”, una serie televisiva producida por Argos Comunicación. Una puesta en escena que rompió  todos los  estereotipos de las mexicanas.

A través de 120 capítulos, la novela llevó a la pantalla chica los temas más debatidos  sobre la vida y la libertad de las mujeres, que se logró difundir en forma sencilla, directa, masiva y apasionante. “Las Aparicio” fue una producción extraordinaria, que entre abril y octubre tocó de manera profunda, llana y didáctica  asuntos como el derecho al placer, el lesbianismo, la trasgresión, la trata, el amor no dependiente, la paternidad responsable y la construcción femenina en nuestros tiempos. Y dejó en claro que el encuentro amoroso no puede ser marcado por el control y el autoritarismo.

“Las Aparicio” mostró  la vida de tres  generaciones de mujeres contemporáneas, urbanas, decididas a tomar las riendas de su vida. La ficción/realidad se construyó alrededor de la viudez femenina y mostró cómo estas viudas comprendieron que para sobrevivir no necesitaron a esos hombres comunes ni a la  tradicional familia mexicana. Por el contrario, al concluir, el 15 de octubre pasado, las Aparicio se reconciliaron con sus hombres, esos que escogieron y amarán sin renunciar a sí mismas, algo todavía difícil para la mayoría de las mujeres.

Amores maternos y de pareja, sin sacrificio ni entrega, sino en libertad.

Me he detenido en “Las Aparicio”, trasmitida por Cadena 3 (canal 28), porque prácticamente la totalidad de las galardonadas en este octubre, alrededor del memorial del voto para las mujeres, le apostaron al feminismo como la contribución para liberarse personalmente y aportar con su obra y su pensamiento a desarrollar  formas diferentes  de relaciones entre los hombres y las mujeres. A muchas de ellas las conozco y me he beneficiado de sus genialidades.

La serie también mostró cómo es posible otra forma de comunicación y difusión de modelos de mujeres reales, que seguramente beneficiadas por el voto, las leyes y este intrincado proceso por hacer entender al mundo que las mujeres deben ser reconocidas como íntegras, dignas y humanas, han dado un paso necesario para la democracia y el bien vivir urgente en México.

La medalla Omecihuatl  reconoce el aporte, trabajo y la trayectoria  de aquellas mujeres que han trabajado por el reconocimiento de los derechos de otras, abriendo caminos.

Omecihuatl representa la parte femenina del Dios dual de la creación del Universo, mujer dos, señora de la dualidad, diosa que representa la esencia femenina de la creación en la religión mexica. Entidad que es retomada como un referente para la igualdad entre mujeres y hombres.

Las  galardonadas, además de las maestras Teresita de Barbieri, Gabriela Delgado Ballesteros y Leticia López Margalli, son: Elena Azaola Garrido, María Isabel Belausteguigoitia Rius, Elena Cepeda de León, Alejandra Moreno Toscano,  Ana Lourdes Elías Paullada, Paola Milagros Espinosa Sánchez, Julieta Fierro Gossman y Magdalena García Hernández.

También Marisa Iglesias Aveleyra, Eugenia León Vega, Adela Micha Zaga, Rosa María Mendoza Enciso, Alejandra Moreno Toscano, Regina Orozco Mora, Alondra de la Parra, Martha Patricia Patino Fierro, María Julia Pérez Cervera y Lucia Pérez Fragoso.

Y María Eugenia Romero Contreras, María Cristina Safa Barraza, Karla Michel Salas Ramírez, María del Pilar Sánchez Rivera, Cecilia Talamante Díaz, y María de Lourdes Valenzuela y Gómez Gallardo.

Es, pues, una nota positiva en medio de tanta barbarie.

La medalla fue  creada por el Instituto de las Mujeres del Distrito Federal y se otorga en el marco del aniversario del Sufragio Femenino en México, que este año cumple 57 años a partir del reconocimiento del derecho de las mujeres a ser ciudadanas. saralovera@yahoo.com.mx

 

cvb

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