Hacia un nuevo régimen

miércoles, 16 de junio de 2010

MÉXICO, D.F., 16 de junio.- ¿Por qué México va tan mal? No sólo padecemos la violencia desatada por el combate al narco sino también las otras violencias persistentes: las de la desigualdad social, la mala política y el mal gobierno. ¿Cómo construir una política que se aboque a terminar con las vergonzosas brechas de pobreza que aún persisten? ¿Qué impide a nuestros gobernantes desarrollar su gestión sin tropiezos? ¿Por qué no se construye un piso de acuerdos que permita al país seguir líneas de desarrollo que lo saquen del estancamiento y la brutal desigualdad social?

La transición de 2000 mostró una importante energía, pero el entusiasmo por “sacar al PRI de Los Pinos” no condujo a una verdadera discusión de ideas y se enfocó en cambios simbólicos, pero no de fondo. Cuando –más que adaptarse a colores y discursos distintos– hubo que hacer una política diferente, tomando en serio el combate a la desigualdad, favoreciendo la inclusión social, incorporando a los adversarios, estableciendo formas imprescindibles de redistribución de la riqueza y alentando la necesaria expansión de libertades, aparecieron los problemas, y con ellos el cansancio, la desconfianza y la desesperanza de la ciudadanía.

Los anhelos democráticos de los últimos años están frustrados. La batalla de los partidos contra el autoritarismo, contra el Estado burocrático, contra las costumbres políticas paralizantes no ha conseguido instalar una política distinta, más igualitaria, más transparente y más eficaz. El panorama político es ominoso. La pregunta que muchas personas nos hacemos es la de siempre: ¿qué hacer?

El Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD), dirigido actualmente por Ricardo Becerra, ha publicado un cuaderno titulado Equidad social y parlamentarismo con sólidas propuestas para enfrentar la problemática del cambio –ya imprescindible– en la esfera de gobierno y en las estructuras económicas del país. Esta reflexión es, por así decirlo, una toma de posición ante la reciente propuesta de reforma política de Felipe Calderón y las posturas que algunos intelectuales han expresado en relación con ésta. El documento ha sido discutido y trabajado por un equipo de 26 personas, entre las que se encuentran los anteriores directores del instituto (José Woldenberg, Luis Salazar y Luis Emilio Giménez Cacho), así como destacados intelectuales y especialistas en política y en la cuestión social (Rolando Cordera, Enrique Provencio, Raúl Trejo Delarbre, Mauricio Merino, Rosa Elena Montes de Oca, Leonardo Lomelí y Ciro Murayama, por nombrar sólo a unos cuantos).

A partir de un diagnóstico sobre lo que ha sucedido en los últimos 20 años en México, el documento se construye sobre dos ejes: la desigualdad y la forma de gobernar. Por eso la propuesta de Equidad social y parlamentarismo se concentra en dos reformas para cambiar a México: a) la creación de unas políticas económicas cuyo eje principal sea disolver la pobreza y la desigualdad social y b) la construcción de un régimen de gobierno distinto: el parlamentario.

Por limitaciones de espacio sólo menciono la propuesta sobre el parlamentarismo, pues además es la más novedosa. En sociedades democráticas políticamente eficientes gran parte de la energía se canaliza hacia determinadas metas compartidas, que se definen mediante intensos y complejos debates, pero que luego todos los partidos políticos apoyan. En México esa energía se consume en feroces peleas o en sabotear los actos y propuestas del adversario. Lamentablemente para todos, el antagonismo partidario pesa más que cualquier posibilidad de coincidencia en un objetivo compartido. El texto del IETD inicia señalando la ilusión política de pensar que un partido en solitario puede gobernar el país a partir de obtener el tercio mayoritario de los votos, y considera que de ahí se desprenden “el roce constante, el aislamiento, la dificultad de sacar adelante iniciativas, las complicaciones en la gobernabilidad, la soledad del Poder Ejecutivo”. De cara a las elecciones de 2012 lo más seguro es que ninguno de los partidos obtendrá una mayoría contundente; gobernar sin ésta volverá a ser el dato estructural que provoca los fallos y debilidades ya mencionadas.

La solución no es, como piensan algunos, “fortalecer” al partido gobernante para que imponga sus propuestas sino justamente lo contrario: que el partido que gobierna lo haga junto con las demás fuerzas políticas, definiendo de manera conjunta prioridades y el propio programa de gobierno. En ese sentido, el IETD señala que la gran tarea de nuestra incipiente democracia no consiste en restringir el pluralismo político, sino al contrario: en incluir a todos en la definición del rumbo del país. Para cumplir este objetivo se requiere de un sistema parlamentarista, o sea, uno donde se arman coaliciones entre distintas posturas partidarias. Hay que romper muchos círculos viciosos (el clientelismo, por ejemplo) para transformar a nuestro Estado en un estado de derecho que garantice los derechos fundamentales de todas las personas.

Para el instituto la solución a los grandes problemas nacionales exige recuperar la crítica y la reflexión colectivas. Por eso ha puesto su diagnóstico y propuesta a disposición del público en: www.iedt.org. Se los recomiendo.

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