Lujambio: la superficialidad y la ignorancia

jueves, 26 de agosto de 2010

MÉXICO, D.F., 26 de agosto (apro).- Uno de los grandes proyectos de la nación mexicana, desde la Independencia, fue sacar de la ignorancia a sus habitantes.

La democracia y  la libertad son los dos signos filosóficos y políticos del proyecto educativo que arrancó en el siglo XIX. Y el Artículo Tercero Constitucional, precisamente, pone por encima de la moral el tema de la democracia.

La primera Dirección de Instrucción Pública, que se instituyó a iniciativa de Valentín Gómez Farías –varias veces presidente–, estaba fundamentada en el método Lancasteriano, siempre pensando en la urgencia de atender a muchas personas, a una amplia población. Esto en plena construcción de la República, con una  visión laica e inclinada a desarrollar la democracia y dar oportunidades a las masas, seguramente de indios e indias que estaban dispersos en las comunidades del país.

Los  científicos de Porfirio Díaz acercaron a la elite lo que entonces  se discutía del positivismo en Europa, así como de Ilustración, y tal vez por ello en el Porfiriato se abrieron las escuelas de artes y oficios para mujeres.

Es decir, la idea de aprender, de masificar el conocimiento como algo realmente valioso, integrante de la visión de país, incluyendo a las niñas, como examina Samuel Ramos en El Perfil del Hombre y la Cultura en México, dio lugar a la reflexión. Nadie podría hablar de desarrollo del pensamiento sin aquel Ateneo de la Juventud  a que se refiere Ramos.

No venimos de la nada, señor secretario Alonso Lujambio. ¿Por qué lo reclamo? Por su absoluta superficialidad y su incapacidad para ser heredero de esa fortaleza que es la Secretaría de Educación Pública, no sólo por los frescos de Diego Rivera que están ahí vigilantes de la cultura, sino por lo que ha representado en la construcción de nuestra identidad.

Los gastos y las respuestas sobre las tonterías de la fiesta del bicentenario lo han hecho derrapar y mostrar su verdadero rostro, señor Alonso Lujambio, nada más y nada menos que el encargado  de la política educativa nacional.

Y Lujambio, que se retrata para promocionarse como precandidato a la presidencia de México, es tan superficial que no atina a responder por qué las 34 canciones para el bicentenario fueron escritas y arregladas --de arreglo musical- digo-- sólo por hombres; que para ello, entre sus amigos, el señor Leoncio Lara tuvo 600 millones de pesos para repartir y no sabía que había mujeres músicas, que no las llamó a participar, menos a concursar con los hombres, porque no hizo concurso. Y dice este señor Leoncio Lara que no tiene idea de cómo se aplica “la cuota de género”.

Esto es el colmo. Un verdadero horror de ignorancia y superficialidad ¿Quién le dijo a Lujambio que se trata de una cuota? No, señor Lujambio, no señor Leoncio Lara, no es un tema de cuota. Se trata de saber que en este país hay hombres y mujeres haciendo música desde el siglo XIX, ya de manera formal; se trata de saber que en las escuelas de música se han formado compositoras y compositores desde hace años, a pesar de que el neoliberalismo intentó desaparecer por completo las escuelas de iniciación artística de  Bellas Artes. Como se lee.

Se han creado 34 canciones –algunas totalmente ridículas, sin gusto y malas-- para los festejos del bicentenario, todas hechas por hombres, pedidas entre amigos, sin concurso. La ignorancia es tan grave, que el señor secretario de Educación Pública no sabe historia y no sabe en qué lío se metió, porque tal vez incurre en falta administrativa grave al no hacer concurso y, encima, excluir a las creadoras.

Hay que contarle al señor secretario de Educación Pública que cuando se pensó en un Himno Nacional, como elemento fundamental para forjar la identidad de mexicanos y mexicanas que triunfaron en la guerra de la independencia, hubo un concurso, se llamó a toda la población para que participara, con el deseo de ver quién expresaba mejor el sentimiento nacional de aquella época --por cierto salió un himno guerrero y machín--, pero, en fin, lo importante, escúchese bien, es que se concursó, y fueron el poeta Francisco González Bocanegra y el músico Jaime Nunó los elegidos.

Se sabe que uno de los dos no quería, y fue precisamente su hermana quien lo impulsó y lo encerró por días, según los cuentos del profesorado en la época en que estudié la primaria.

Ahora nada. Estos neoliberales, conservadores e ignorantes, han tomado la batuta. Los gastos millonarios para las fiestas del bicentenario, de más de 2 mil 700 millones de pesos, son escandalosos. Lo que ha sucedido con las canciones, hechas sólo por músicos varones, revela que no sabremos cómo y con quién se reparten los recursos, lo que se suma a la gravedad de la exclusión de las artistas.

Lo de Lujambio es una vergüenza. Acabo de leer, el pasado lunes 23, que le rectificó al rector de la UNAM la cifra de  jóvenes de 15 a 18 años que no estudian ni trabajan, asegurando que lo exacto son las estadísticas oficiales de INEGI, no las que expresó José Narro.

Pero existe un abismo entre lo que expone el Instituto Nacional de Geografía y la encuesta que la propia Secretaría de Educación Pública hizo, y ahora resulta que ¿se la inventó el público, el rector, cualquier comentarista? No hay seriedad, señor secretario.

A mí me da pena este señor Lujambio, cuyo libro de política está en una cadena de tiendas, como pidiendo que lo pongan en las novedades, además de que se toma fotografías pensando en que su “guapura” es un elemento electoral. Y más: aprobó el cambio de libros de texto minimizando hechos históricos, como el del 2 de Octubre de 1968; se lima y arregla las uñas de las manos, pero no tiene idea de que en México las niñas y los niños van a la escuela juntos, desde la época de Gómez Farías, y que las primeras mujeres profesionistas mexicanas se recibieron en tiempos de don Porfirio: la primera dentista Margarita Chorné y Salazar (1886) y la primera médica Matilde Montoya (1887).

No sabe que la señora, ahora diputada federal, Josefina Vásquez Mota, fue secretaria de Educación Pública porque las mujeres forman parte del entramado social de este país. Otras mujeres también hacen música o son de las más brillantes pintoras.

Pero hay más. El señor Lujambio no sabe que las maestras (el primer gremio masivo del país, porque el plan de nación tenía en el centro la idea de esparcir el conocimiento) son las actoras principales en la historia de México para pedir el voto ciudadano de todas las mujeres; ellas, además, fueron promotoras originarias de algunos otros derechos de las mujeres, que según el último censo de población, representan poco más de la mitad de la población (cifra institucional).

Es verdad. El diagnóstico del Banco Mundial sobre la falta de eficacia del sistema educativo de los gobiernos panistas de hace más de una década y de la ignorancia de los ejecutores de la política han dejado en el rezago a miles y miles de jóvenes. Cayó la calidad educativa y desgraciadamente parecemos un país sin futuro.

No digo que los únicos responsables sean los políticos panistas, retrógradas e ignorantes, sino que 10 años de panistas, sin conocimiento de la historia, sin títulos ni capacidades de estadistas, con espíritu guerrero como el de Felipe Calderón, le pusieron la cereza al pastel, ya que se aliaron con lo  más nefasto del SNTE y no sabremos qué pasa con el dinero del pueblo.

Pero, entre todos, el señor Alonso Lujambio es un lujo, porque subió dos pisos del edificio de la SEP y se creyó, como Fox, que ya estaba en Los Pinos. La diferencia entre este secretario y Vicente Fox es solamente el sombrero. Lujambio pactó con las trasnacionales de frituras, refrescos light y porquerías alimenticias para vender en las escuelas, y Fox lo hizo con una refresquera trasnacional. 

saralovera@yahoo.com.mx

 

 

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