¿Quién, si no Bachelet?

jueves, 23 de septiembre de 2010

MÉXICO, D.F., 23 de septiembre.- Michelle Bachelet ha sido designada para encabezar la Entidad para la Igualdad de Género y Poder de la Mujer de la ONU, que será conocida de manera abreviada como ONU-Mujer. El desafío es inmenso, pero la ONU requería  alguien con el capital político de ella para hacerse cargo de una instancia pensada para abordar la urgente tarea de mejorar la condición de las mujeres a nivel mundial. 

Bachelet, más conocida por socialista que por feminista, dejá la presidencia de Chile en marzo tras un mandato de cuatro años que la volvió una figura emblemЗtica para millones de mujeres en América Latina. Indudablemente Bachelet es un símbolo, una pionera y una política, pero ¿podrá hacer algo ante las mutilaciones genitales, los burkas, las muertes por abortos clandestinos y demЗs “usos y costumbres” que afectan cruelmente  la libertad femenina? A reserva de que ella constituya  equipos expertos en esos temas, creo que Bachelet ofrece una mirada distinta sobre un problema básico de la situación de las mujeres a nivel mundial: su relación con el poder político. Sí, se requiere una nueva perspectiva, y Bachelet la tiene, pues conoce en carne propia los obstáculos invisibles y el costo muy visible que tienen las mujeres que llegan a esos lugares. 

Al asumir la presidencia de su país, Bachelet instauró la paridad en los primeros niveles de su gobierno. Pero esta medida, que con el tiempo se redujo por la salida de muchas de sus colaboradoras, no fue tan decisiva como su  aportación cualitativa: empezar a sentar las bases de una ética distinta de la responsabilidad del poder político con las mujeres. 

Bachelet enfrentó una feroz campaña de los conservadores en el proceso de construir verdaderas condiciones de diálogo y trabajo conjunto con los representantes políticos y los servidores pЬblicos. Convencida de que para que la política opere democráticamente hay que construir una compleja red de comunicación que permita que los actores sociales se vinculen entre sí, Bachelet apoyó un proceso que alentó la emisión de información sobre cuestiones vitales y sobre las distintas expectativas –positivas y negativas– que produce la diversidad social. Cambió algunas cosas, tuvo enfrentamientos previsibles y también sonados triunfos, y, sobre todo, su gestión mostró una nueva forma de ser feminista, sin estridencias y con sólidos compromisos sociales.   

Ahora Bachelet deberá enfrentar la primera espinosa tarea de su nuevo puesto: fusionar las cuatro instancias ya existentes en la ONU: la División de Fomento de la Mujer, el Instituto de Investigación Internacional para el Fomento de la Mujer, la Oficina de Asesoría Especial sobre Temas de Género y Poder de la Mujer y el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM). Es un hecho que si la comunicaciЧn interinstitucional no funciona, la política institucional hacia fuera no resulta eficaz. 

¿Las cuatro organizaciones de la ONU que quedarán subsumidas en ONU-Mujer compartían un mismo marco? Desde fuera la impresión es que no. Para facilitar dicha comunicaciЧn interna es imprescindible compartir ciertos códigos. Esas claves interpretativas son, en Ьltima instancia, las coordenadas de comprensiЧn de la realidad social. De ahí que la habilidad política de Bachelet sea una ventaja importante para la ardua tarea de poner en sintonía a organismos que se regían cada uno por su cuenta. Pero no será una labor fácil ni rápida.

En su mandato en Chile, Bachelet se arriesgó a gobernar de manera distinta, buscando el apoyo de la ciudadanía. Desde la ONU, ¿qué condiciones existen para que surja esa solidaridad ciudadana con una funcionaria internacional que deberá velar por las mujeres de todos los países? La tiene muy difícil. Sin embargo, imagino que su papel en  ONU- Mujer será el de impulsar una política dirigida a promover que las mujeres del mundo caminen juntas un trecho antes de que sus diferencias culturales y socioeconЧmicas las separen. ¿Es un sueño guajiro? Tal vez. Pero tengo la esperanza de que al menos Bachelet ventile cuestiones candentes que nos preocupan a todas. Imagino su gestión quitándole la mordaza a la polémica sobre la salud sexual y reproductiva, invitando a distintos gobiernos a debatir problemas, reflexionar sobre soluciones y proponer medidas humanitarias y modernas. 

Entre las condiciones sociales que hacen posible la credibilidad de una institución destaca que su discurso sea, valga la redundancia, creТble. ¿Qué va a decir Michelle Bachelet ante el fundamentalismo religioso, tanto el católico como el islámico, que excluye y discrimina a las mujeres? El asunto es, como se ve, profundamente complejo. Sin embargo, si algo caracteriza a la doctora Bachelet es una lЬcida voluntad por hacerse cargo de la indispensable tarea política de convocar a la construcción compartida de un proyecto. Desmarcándose de las propuestas previsibles y prefabricadas, Bachelet logró en Chile algo notable: no olvidar el pasado, al mismo tiempo que miraba de frente un futuro distinto, menos polarizado y más incluyente. Y si recordamos que al final de su gestión Bachelet tuvo  el 84% de aprobación, vemos muy alentadora su designación en ONU-Mujer. ¡Felicidades, compañera: se sacó el tigre en la rifa!

 

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