Caballada azul

sábado, 17 de diciembre de 2011
A diferencia de lo que ha ocurrido en la pista política federal, donde el PAN es el más rezagado en la definición de su candidato a la Presidencia de la República, en Jalisco el blanquiazul lleva mano. Hasta ahora es el primer partido y también el único que ha definido anticipadamente a sus precandidatos a los principales cargos de elección popular. Así, mientras el resto de las fuerzas políticas con presencia significativa en la entidad ni siquiera ha comenzando con su proceso interno para seleccionar a quienes habrán de ser sus abanderados en la zafra electoral del año próximo, al panismo jalisciense parece que se le queman las habas, hasta el extremo de tener ya inscritos a sus precandidatos oficiales para la gubernatura estatal, el Ayuntamiento de Guadalajara y otros municipios metropolitanos. Todo hace pensar que, a diferencia de lo ocurrido en procesos electorales anteriores, en esta ocasión los competidores panistas van a salir del arrancadero electoral con los momios en contra. Y ello no sólo porque en las pasadas elecciones de 2009 perdieron los municipios más cotizados de la entidad –entre ellos todos los del área metropolitana de Guadalajara, así como la mayoría en el Congreso de Jalisco–, sino porque las encuestas dicen que a nivel estatal, lo mismo que en el ámbito nacional, la ciudadanía simpatiza cada vez menos con el partido blanquiazul. Con este handicap va a salir la caballada azul en la carrera de 2012. De ahí que, semanas antes de que se abran oficialmente las puertas del hipódromo político estatal, decenas de equinos ya hayan salido del establo panista a trotar, a hacer calistenia y ejercicios de distensión, todo ello con la venia de su equipo de managers, nutriólogos, veterinarios y jinetes, tanto del centro del país como de la localidad. Vale decir que buena parte de las esperanzas de todos ellos están depositadas en un corcel de buena alzada pero que ya no es tan joven, pues ha andado en la brega desde 1992, cuando con un eficaz trote pudo ganar la carrera de Ciudad Guzmán y, tres años más tarde, la de Jalisco. ¿Su nombre? Alberto Cárdenas Jiménez. ¿Su apodo? Bebeto, aun cuando él mismo haya intentado imponerse otro mote menos naïf y más del lado de sus muy particulares aficiones hípicas: El Caballo Negro. Pero esto último ha sido en vano, pues aparte de que desde buen tiempo atrás perdió su pelaje zaino (castaño oscuro) por otro más bien rosillo (entrecano), hace seis años vio cómo se frustraban sus ansias de participar en la cabalgata de Los Pinos. Y ahora, casi 17 años después de haber salido ganancioso en las ya lejanas elecciones por la gubernatura de Jalisco de 1995; de haber hecho huesos viejos como funcionario federal de primer nivel (entre otras carteras importantes, ha encabezado las secretarías de Medio Ambiente y de Agricultura), y de formar parte en este sexenio del Senado de la República, Cárdenas Jiménez quiere competir ahora por la alcaldía de Guadalajara, con un doble y hasta triple propósito: aparte de recuperar el primer municipio del estado para el PAN, busca también restarle votos al PRI en la contienda por la gubernatura y, al mismo tiempo, tratar de ser un buen remolque para la que es, sin ninguna duda, la madre de todas las batallas panistas en los comicios de 2012: retener la Presidencia del país. No deja de ser curioso que quien ya fue gobernador de Jalisco y hasta precandidato a la Presidencia de la República, ahora busque competir por un puesto de menor jerarquía como la presidencia municipal de Guadalajara. Lo común en la historia política de México y de nuestra entidad es que las cosas sean exactamente a la inversa. El michoacano Lázaro Cárdenas primero fue gobernador de su estado natal, luego candidato presidencial y aun cuando era relativamente joven al dejar el más alto cargo del país, ya no buscó ser candidato a la presidencia municipal de Morelia y ni siquiera de su terruño, Jiquilpan. Y lo mismo sucedió con Miguel Alemán: primero fue gobernador de Veracruz y, luego de ser secretario de Gobernación, llegó a la primera magistratura del país. Pero después de ello ya no persiguió ningún otro cargo. En el caso particular de Jalisco, Juan Gil Preciado primero fue alcalde de Guadalajara (1956-1958), después se postuló exitosamente como gobernador de Jalisco (1959-1964), luego se integró al gobierno federal como secretario de Agricultura y Ganadería (1964-1970), pero aunque regresó a su tierra no lo hizo para buscar la presidencial municipal de su querencia: Juchitlán. Otro tanto ocurrió con Francisco Medina Ascencio: después de fungir como tesorero en el gobierno de Agustín Yáñez (1953-1959), fue alcalde tapatío (1962-1964) y enseguida gobernador (1965-1971). La misma historia se ha repetido –y varias veces– en la era panista: Francisco Ramírez Acuña debutó como alcalde de Guadalajara en 1998 y dos años después se postuló para la gubernatura, cargo que no pudo concluir, pues a finales de 2006 se fue a ocupar la Secretaría de Gobernación, donde sólo pudo permanecer poco más de un año, para luego postularse para el cargo que hasta la fecha mantiene: una diputación federal. Emilio González Márquez pasó también de la alcaldía de Guadalajara (2003-2005) a la gubernatura (del 1 de marzo de 2007 hasta ahora) e hizo el amago de ir por la Presidencia de la República, pretensión a la que finalmente renunció en vísperas de los Juegos Panamericanos. El último de esta lista es Alfonso Petersen Farah, quien fue electo como alcalde de Guadalajara para el periodo 2007-2009 y ahora, dos años después, se acaba de inscribir como precandidato panista a la gubernatura. No deja de ser curiosa esta situación, donde mientras los enanos tratan de crecer (conste que no es ninguna alusión a Alonso Ulloa, Hernán Cortés, Alfonso Petersen y Fernando Guzmán, que buscan la gubernatura), el otrora gigante del panismo local está dispuesto a hacerse diminuto, en compañía de varios de los que fueron sus lugartenientes durante el primer gobierno de oposición que conoció el estado y quienes ahora aspiran a ser regidores de Guadalajara; entre ellos Jorge López Vergara –a quien Bebeto presumía sin rubor como “el mejor procurador de la historia” jalisciense– y José Levy, que antes de ser secretario de Finanzas quebró el negocio familiar: la cadena Farmacias Levy. Para que Cárdenas Jiménez se mida en la cabalgata por Guadalajara, tendrá que dejar en el camino a dos contrincantes internos que también buscan ser los abanderados del PAN al primer municipio del estado, entre ellos un empresario de la construcción: Miguel Zárate. Sólo entonces podrá verse si el autodenominado Caballo Negro sigue vigente en el ánimo de los electores (como el mambo homónimo de Pérez Prado) o si, como sentencia la sabiduría popular: no es lo mismo Los tres mosqueteros que Veinte años después, dos novelas de Alejandro Dumas padre que son todas amenidad y que, sin embargo, hasta ahora ningún aspirante a los muchos cargos de elección reclama entre los libros que hayan tenido alguna influencia en su vida. Por lo pronto, la caballada azul ya se arremolina en los alrededores del hipódromo electoral de Jalisco. Pronto se verá cuántos de esos equinos aguantan el trote y cuántos más son capaces de llegar a la meta.

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