El dedazo de Televisa

martes, 22 de marzo de 2011

MÉXICO, D.F., 22 de marzo.- Las revelaciones de Arturo Montiel (Proceso 1793) confirman que los priistas nunca han elegido a sus candidatos presidenciales, pues hasta la elección del año 2000 –cuando perdieron la Presidencia de la República– dicha atribución correspondía al presidente de la República, quien tomaba la decisión y buscaba la vía para instrumentalizarla; y en 2006, de acuerdo con el exgobernador, siguió prevaleciendo la voluntad presidencial, aunque en ese entonces fuese un panista quien utilizó a Televisa para impulsar la candidatura de Roberto Madrazo.

Durante el priismo, las televisoras fueron muy útil instrumento para modelar una opinión pública favorable al régimen autoritario; como fieles “soldados del presidente”, como alguna vez señaló Emilio Azcárraga Milmo, obedecían ciegamente sus instrucciones y, por lo mismo, ocultaban, manipulaban o inventaban información para beneficiar al gobernante en turno.

En el primer gobierno de la alternancia, la relación tuvo cambios importantes, aunque no en lo sustancial, ya que Fox entendió, incluso desde antes de ser candidato a la Presidencia, que requería del apoyo de las televisoras, primero para ganar la elección, y después para gobernar. Únicamente así pueden entenderse las concesiones y consideraciones que tuvo con los dos integrantes del duopolio, que fueron desde la tolerancia con TV Azteca ante la ilegal toma de las instalaciones de Canal 40 y el apoyo que le brindó para que se quedara con la concesión, hasta el famoso decretazo del 2 de octubre de 2002 –que redujo a una décima parte los tiempos fiscales– o el otorgamiento de varias decenas de permisos para que Televisa instalara casas de juego por todo el territorio nacional.

Y por el adelanto del libro de Montiel, publicado la semana pasada en Proceso, Fox también utilizó a Televisa para entrometerse en la designación del candidato priista a la Presidencia de la República, pues veía en Roberto Madrazo un candidato cómodo para cualquier aspirante blanquiazul, como finalmente resultó.

Sin embargo, de ser cierto el testimonio de Montiel, Televisa rápidamente aprendió la lección y en el presente sexenio –el segundo de la alternancia– ya operó por su cuenta, no siguiendo instrucciones presidenciales, sino obedeciendo únicamente a sus instintos e intereses. Y quizá quien primero le mostró el camino a Televisa fue el mismo Montiel, pues hay que recordar que el primer candidato de la televisión, de principio a fin, fue precisamente el delfín de Montiel: Enrique Peña Nieto.

Desde que Montiel designó a Peña Nieto como candidato tricolor a la gubernatura del Estado de México, Televisa se hizo cargo de la imagen de éste, primero para que ganara las elecciones estatales, y, después, para proyectarlo hacia la candidatura priista a la Presidencia de la República en 2012. Y, hasta hoy, las encuestas de preferencia electoral muestran que lleva una amplia ventaja sobre el resto de los contendientes, tanto internos como externos.

Pero a pesar de que las lealtades –de Peña Nieto con Televisa y de ésta con el gobernador– parecen probadas, Televisa no quiso poner “todos los huevos en una sola canasta” e impulsó a otros candidatos con perfiles similares, que le permitieran tener segundos mejores en caso de que su  candidato predilecto sufriera algún accidente, en sentido metafórico; por ello apoyó decididamente a Rodrigo Medina para que alcanzara la gubernatura de Nuevo León. De acuerdo con las versiones que circulan entre los priistas neoleoneses, dicho respaldo fue mucho más allá de lo que se vio en las pantallas televisivas.

Conforme a tales versiones, los directivos de Televisa hablaron directamente con quien en ese entonces encabezaba las encuestas de preferencia electoral –al menos en la contienda interna– entre los priistas, que era Abel Guerra, para obligarlo a renunciar a sus aspiraciones. Los integrantes de la cúpula priista no lanzaron la convocatoria sino hasta que estuvieron seguros de que Guerra no se inscribiría como precandidato a la gubernatura, pues sabían que contaba con los recursos económicos y humanos para eventualmente ganarles la elección interna, especialmente contra Medina, quien entonces apenas era conocido por 25% de la población de la entidad.

Tanto el entonces gobernador Natividad González Parás como la dirigente nacional del tricolor, Beatriz Paredes, intentaron convencerlo de que desistiera, pero ninguno cumplió su cometido. Por lo que tuvieron que ser los directivos de la televisora quienes lo disuadieran amenazándolo con utilizar toda la fuerza de sus pantallas para destruir su imagen personal. Ante dicha amenaza, Guerra optó por ser candidato a la alcaldía de Monterrey, puesto que perdió en la elección constitucional por segunda vez consecutiva.

Durante el proceso electoral, Televisa hizo sentir su apoyo decidido a Medina, básicamente denostando al candidato panista Fernando Elizondo en sus noticiarios y ofreciéndole espacios muy generosos al candidato priista en todo tipo de programas, particularmente los de mayor audiencia. La fórmula funcionó y Medina ganó con amplio margen los comicios.

En ese caso, como en el de Peña Nieto, todo se lo deben a Televisa, ya que antes de que ésta se hiciera cargo de la promoción de su imagen eran totalmente desconocidos y logró posicionarlos por encima de sus oponentes (Rubén Mendoza y Yeidckol Polevnsky, en el Estado de México; y Elizondo, en Nuevo León), quienes sí contaban con cierto reconocimiento entre los electores de sus respectivas entidades. En ambos casos la estrategia fue muy similar: amplia exposición para sus candidatos, mucha de ella fuera de los programas noticiosos, y frecuente denostación de sus opositores.

Pero Televisa no se conforma con gubernaturas, y va por la Presidencia en el 2012. Ya tiene seis años trabajando en la construcción de la imagen de Peña Nieto, por lo cual tampoco ahora los priistas podrán decidir quién será su candidato a la Presidencia de la República, porque será una mera validación de la designación de la televisora. Y, desde luego, su intención no es únicamente conseguir que sea el candidato tricolor, sino que sea el próximo presidente, como antes lo hicieron gobernador.

Así que, eventualmente, también a la ciudadanía nos arrebatan nuevamente la facultad de elegir al próximo presidente, y la jornada electoral simplemente sirve para validar la designación de Televisa.

 

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