No sirve para presidente

viernes, 22 de abril de 2011

MÉXICO, D.F., 22 de abril.- Como ya lleva cuatro años habitando la Casa Jalisco, sin que nadie vaya a sacarlo como intruso, Emilio González, el monaguillo que tenemos disfrazado de gobernador, ya se la cree que funciona como gobernante. Se ha ido de la lengua dando a conocer sus intenciones de mudarse a Los Pinos y ocupar la silla presidencial. Es una pretensión fuera de foco. Alguien debe decírselo. Pero más que enterarlo, es responsabilidad de todos evitar que dé curso a tan descabellado propósito, porque no sirve para tal puesto. 

Su pretensión debe partir de que posee merecimientos suficientes, dado que es de buena rienda: ha dado muestras de conducta servil con su evidente sumisión a la curia, y es tan notoria hacia el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, que aparece como turiferario del prelado, sacristán o monaguillo, nada más. El verdadero gobernador de Jalisco es el mitrado, no Emilio. Éste, en su anhelo por llegar a la silla, ha de suponer que los titulares del Ejecutivo federal sólo sirven para correa de trasmisión de los dictados del imperio. Así que estará que ni mandado a hacer para el puesto. Hasta ahí dan sus alcances, a juzgar por sus declaraciones.

Lo más sensato del sainete sería que el partido por el que se coló le cerrara las puertas para ahorrarnos su desa­guisado. El pretendiente, de roquete y velita, no es militante del PAN, o no lo era: proviene del PAS, la última figura política directa de los cristeros. Después de que el clero los dejó colgados de la brocha en el campo de batalla, en 1929, mediante los arreglos con Portes Gil, se organizaron en 1936 en la Unión Nacional Sinarquista (UNS) para seguir vivos. Su deseo de incursión en la vida política les llevó a conformar el PFP (Partido Fuerza Popular) en tiempos de Alemán, aunque luego perdieron el registro. En 1978, con la reforma política de Reyes Heroles, reaparecieron con las siglas del PDM. Perdieron otra vez el registro por carencia de votación nacional. Empecinados, volvieron con las siglas PAS, pero desaparecieron de nuevo y por las mismas razones. Por eso decidieron mejor transitar a la sombra del PAN, vía El Yunque. Es la identidad de Emilio en el bolillo.

Se dirá tal vez que ser militante de El Yunque no descalifica a Emilio para que el PAN lo postule, ya que a ese partido se le han sumado muchos militantes con características similares durante su historia. Los partidos sirven para dar cuerpo a las inquietudes ciudadanas de análoga vertiente. Los panistas deberían discutir estas cuestiones de principio entre ellos, aunque sea demasiado pedir. Pero no va a ocurrir, porque estos debates no se dan. Su ausencia no es privativa sólo del PAN, sino de todos los partidos políticos. La postemilla de las actuales alianzas es síntoma de esta enfermedad. No hay que abrigar esperanzas entonces de que el partido frene a Emilio González. 

El gobernador no es ninguna cajita musical. A la inversa, es un verdadero costal de mañas, propio de los políticos ramplones y desechables. Prueba de su baja estofa la dio cuando, completamente alcoholizado, nos recetó a los tapatíos aquella sonora mentada de madre que aún resuena en nuestros oídos, aunque digan que el tiempo todo lo borra. En un país con relaciones de mínimo respeto entre gobernantes y ciudadanos, este energúmeno debió haber presentado sus excusas y retirarse de los reflectores. Era cosa de dignidad personal. Pero ni él se fue ni los ciudadanos montamos en cólera suficiente para exigir su retiro de la cartelera. Por no pasarle la cuenta a tiempo, ahora hasta se anda postulando para la grande. Habrase visto.

No debe pasar adelante en dicha pretensión. Lo dicen los fríos números de su administración. En 2009 la ASF aplicó a Jalisco 21 auditorías. La diputada federal María Esther Scherman Leaño acaba de dar a conocer su resultado: Emilio reprobó nueve, 10 resultaron con salvedades y sólo aprobó dos de esas revisiones. El saldo del monto reprobatorio asciende a casi 4 mil millones de pesos. 

Pero hay más: Francisco Ramírez Acuña, el gobernador anterior, en todo su sexenio recibió 264 observaciones. En apenas la mitad de su periodo, Emilio lleva 684, 107 de ellas señaladas como graves. 

Con todo, la razón de más peso para impedirle llegar a Los Pinos tiene que ver con sus convicciones fascistoides y autoritarias, de las que da prueba a cada paso. Es alto su inventario de agravios contra la comuna, a pesar de que los mismos procesos legales le ordenen atenderla, como es el caso de la presa del Zapotillo, en el que mantiene en vilo a los habitantes de Temaca. 

Hay que ver también sus ligas internacionales. Al evento de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD 2011) celebrado a mediados de marzo, Emilio trajo como invitado especial al exmandatario colombiano Álvaro Uribe. Como era de esperarse, el expresidente colombiano se deshizo en elogios para la política represora del actual gobierno. 

La aplicación ciega de la fuerza bruta contra ciudadanos que delinquen es la negación misma de la política. Nuestra violencia presenta agudos rasgos que pintan su ingreso a la acritud plena. Se nos volvió conflicto sin retorno. Aparte de sus 35 mil víctimas, se habla de 230 mil desplazados o refugiados. Según el Centro de Monitoreo de Desplazamientos Internos (IDMC, por sus siglas en inglés), cerca de 230 mil personas han abandonado sus lugares de origen. La mitad de ellos buscó refugio en los Estados Unidos (La Jornada, 26 de marzo). 

Obligar a los militares a regresar a los cuarteles, de los que nunca debieron haber salido, es opción desechada por el actual gobierno federal. No se entiende tal necedad. Tal vez ni le interese abatir los alarmantes índices de criminalidad, cruda y nugatoria purga de toda convivencia civilizada. Es perversa la conducta privada que siega la vida de nuestros semejantes. Pero es aún más reprobable si tiene como fuente el poder estatal. Si en el sexenio que corre los ciudadanos nos hemos topado con una tapia, más vale que demos los pasos necesarios para evitar que en el siguiente la violencia siga alimentada desde el centro del poder. Debemos impedirle el paso a todo personaje con pulsiones sádicas que nos lleve a seguir padeciendo una dictadura, aunque sea temporal. Y Emilio es uno de ellos.