La ruta de la narcopolítica

viernes, 23 de septiembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- El martes 20, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) presentó a Saúl Solís --candidato en 2009 a diputado por el distrito 12 de Michoacán-- como presunto responsable de delitos contra la salud, tráfico de narcóticos y delincuencia organizada; hoy, a dos años de distancia de esos comicios, al aspirante a legislador federal se le acusa de pertenecer al grupo criminal de Los Caballeros Templarios, una escisión de La Familia michoacana. El partido que lo respaldó fue el Verde Ecologista de México (PVEM) y, aunque Solís Solís no ganó las elecciones, sí hizo campaña, recorrió zonas ejidales, poblados y ranchos para pedir el respaldo de los michoacanos. Por cierto, al inscribirse como candidato presentó dos cartas de no antecedentes penales, una de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) que encabeza Genaro García Luna y otra de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE). En ambas se aseguraba que estaba limpio, que no tenía vínculos con el crimen organizado. Y ahora resulta que Solís Solís, El Lince, era el responsable de la plaza de Lázaro Cárdenas y quien, desde 2007, ha traído de cabeza a las Fuerzas Armadas atacándolas, matando policías de la Federal…Y el capo además quería ser diputado federal. En junio de 2010, Proceso publicó un reportaje que atinadamente se encabezó como “La sombra del crimen organizado planea sobre el Palacio Legislativo de San Lázaro”; entonces, PRI y PAN se indignaron por la publicación y acusaron a la revista de actuar de manera “temeraria”. “Protestamos como partidos”, dijeron, y las respectivas coordinaciones de los grupos parlamentarios adelantaron que dejarían en libertad a los legisladores para actuar en contra de la revista. Después de ello surgió con fuerza el caso del diputado del PRD acusado de vínculos con La Familia michoacana, Julio César Godoy Toscano, así como las ligas de destacados senadores panistas con el llamado Zar de los Casinos, Juan José Rojas Cardona. La razón, al tiempo; sin embargo, las relaciones entre políticos y el crimen organizado ahí están. Sucedió en Italia, sucedió en Rusia, ¿por qué no habría de hacerse cada día más evidente este vínculo en México? En la medida que crecen los cárteles de la droga o de los tratantes de blancas, o como se les quiera llamar a cualquiera de los grupos organizados que perpetran 22 de los delitos que generan dinero ilegal, en esa misma medida aumentará su relación con quienes ejercen el poder. Los cárteles son uno de los poderes fácticos; los políticos, un poder formal. Las actividades de unos y otros quedan imbricadas de manera natural y en algunas ocasiones los políticos no tienen idea del alcance de sus nuevas relaciones. Muchos las ignoran, otros se hacen de la vista gorda y algunos más se indignan, como sucedió en la actual Legislatura federal. Pero el caso de El Lince, excandidato a diputado federal por el PVEM, y la relación de los panistas con El Zar de los Casinos, o de los grupos criminales con la cúpula de Iglesia, son sólo una muestra de que esta relación ya forma parte del nuevo quehacer de la política. En Estados Unidos se alarman y anuncian que los cárteles de Los Zetas, de Sinaloa y del Golfo operan ya en Centroamérica; sin embargo, si permean México, Sudamérica y parte de Europa, cómo no van a estar en América Central. El reporte estadunidense hasta parece una burla. El poder adquirido por los cárteles mexicanos les da la capacidad de expansión, corrupción y muerte. Esto es lo que vive México, ese es el legado de Felipe Calderón Hinojosa, de los priistas, de los perredistas que se dejaron corromper, de los mexicanos a quienes el hambre les hace difícil tomar otro camino; este es el país de Elba Esther Gordillo, una mujer que lleva dos décadas creando maestros menos preparados y niños y jóvenes menos pensantes. ¡Qué se puede esperar cuando un procurador estatal o un gobernador, como Javier Duarte, de Veracruz, minimizan la masacre de 35 personas!, y todo porque las víctimas “tenían antecedentes penales”. ¿Y el derecho a la vida? ¿Dónde quedó? Y ante todas las desgracias que hoy vive México, ¿alguien se puede sorprender de que el crimen organizado infiltre a la policía? Que no nos extrañe lo que suceda en julio de 2012, cuando se elija al próximo presidente de la República y en que el proceso estará organizado por un Instituto Federal Electoral (IFE) que no tiene ni las herramientas ni idea de cómo detener el dinero sucio en las campañas políticas. Hace un par de meses, precisamente un diputado federal panista dijo que no le extrañaría que próximamente asumiera un “presidente-narco” y, a como van las cosas, bien podría ocurrir, aunque sería un hecho algo complicado de comprobar. Comentarios: mjcervantes@proceso.com.mx