Mariguana: un debate politiquero

lunes, 12 de noviembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Mientras en México tanto el actual presidente, Felipe Calderón, como el presidente electo, Enrique Peña Nieto, insisten en sostener la criminalización del consumo de mariguana, en el vecino país del norte avanzan las legislaciones estatales que permiten su uso medicinal, despenalizan su combate o incluso legalizan el cultivo, la comercialización y el consumo, como son los casos de Colorado y Washington, que el pasado martes 6 aprobaron sendos referendos para ello. En Estados Unidos, 15 estados y el Distrito de Columbia permiten su empleo medicinal, en tanto que dos permiten aun su uso recreativo. Varias entidades han despenalizado su utilización no medicinal, cambiando la cárcel por multas o por educación sobre drogas y tratamientos contra el abuso en el consumo. Oregon fue el primero que realizó esta modificación en 1973, y desde entonces castiga la posesión únicamente con multas. Pero más allá de ello es muy interesante observar la evolución de los estados que permiten el uso medicinal, pues el número crece rápidamente. En 1996, California fue el primero que lo hizo; en el 98 se sumaron Alaska, Oregon y Washington; en 99, Maine; entre 2000 y 2005 lo hicieron otros cinco; entre 2006 y 2010 fueron seis más; y, finalmente, en 2011 y 2012 se han sumado otros tres, con lo cual puede preverse que el número seguirá creciendo. De las 18 entidades que permiten el empleo medicinal de la droga (incluyendo a las dos que hoy también admiten el uso recreativo), 14 aprueban que los mismos enfermos o sus cuidadores siembren y cultiven la mariguana que consumen. En algunos casos hay limitaciones, como la necesidad de hallarse a una cierta distancia del centro de salud que se las puede proporcionar. Otra de las restricciones consiste en que el uso de la mariguana se autoriza sólo a residentes en el estado, pues el único que permite el empleo de esa droga para no residentes es Oregon. También es muy interesante ver la evolución de las preferencias ciudadanas sobre la legalización del uso de la hierba: en 1972 el 66% de los votantes californianos rechazaron en un referéndum el primer intento en aquel sentido; en 2010 el porcentaje que votó en contra fue únicamente 54%. En 2006 la ciudadanía de Colorado había rechazado el primer intento con 60% de los votos, y la semana pasada la votación fue mayoritariamente aprobatoria. A escala federal, en los últimos cuatro años ha habido tres intentos de despenalizar la posesión de la cannabis. En 2008 se introdujo el acta denominada El uso personal de mariguana por adultos responsables; un año más tarde, con un nuevo Congreso, se presentó la misma iniciativa. El 23 de junio de 2011, el representante demócrata por Massachusetts, Barney Frank, presentó una iniciativa para derogar de la legislación federal la prohibición de distribuir y consumir mariguana. Fue turnada a comisiones y todavía no se dictamina. Así, incluso en el vecino país del norte, que impuso al mundo su visión de criminalizar las drogas, las legislaciones que permiten el uso medicinal y las que despenalizan el no medicinal y hasta aprueban el consumo recreativo de la mariguana avanzan rápidamente. Éste debe ser un dato muy importante para los políticos mexicanos, pues de acuerdo con diversos estudios 60% de los ingresos de los cárteles mexicanos proviene precisamente de la producción y comercialización de mariguana; sin duda, Estados Unidos es el principal consumidor; y, una y otra vez, los políticos mexicanos (particularmente Felipe Calderón) reiteran que no puede pensarse en despenalizar (en México todavía nadie habla de autorizar el uso medicinal o de legalizar) el consumo de drogas, particularmente de mariguana, mientras el principal consumidor no lo haga. Pues bien, el principal consumidor lo está haciendo progresivamente a nivel estatal; el federalismo estadunidense sí opera en la práctica, de modo que los avances logrados a nivel estatal impactan, más temprano que tarde, a la federación. Pero además es evidente que cada día los ciudadanos de Estados Unidos están más dispuestos a apoyar iniciativas que despenalicen, permitan el uso medicinal o liberen el consumo de la mariguana, y eso empujará a los legisladores (representantes y senadores) a votar favorablemente propuestas de reformas que vayan en esa dirección. Todo indica que en ese país es simplemente una cuestión de tiempo para que a escala federal se despenalice al menos la distribución y el consumo de mariguana. Parece una ironía de la vida que cuando Estados Unidos finalmente consiguió que el gobierno mexicano se sumara abiertamente a su política criminal de combate a las drogas, sean los propios integrantes de su pacto federal los que la estén rechazando; pero esa es la cruel realidad, particularmente cruel para México y sus habitantes, que pagamos con más de 100 mil vidas humanas las consecuencias de la implementación de esta política, tan anacrónica como ineficaz. Lo más preocupante es que el equipo de Enrique Peña Nieto no se percate de la evolución de las dinámicas ciudadanas y su impacto sobre las políticas públicas, pues el pasado miércoles 7 el coordinador de su equipo de transición, Luis Videgaray, al ser cuestionado en una entrevista radiofónica en relación con los resultados del referéndum en Colorado y Washington, inició su respuesta reiterando la oposición del presidente electo a la despenalización de las drogas. Todo indica que nada ha cambiado en México desde aquel 1 de septiembre de 1994, cuando el entonces presidente, Carlos Salinas de Gortari, respondió a las interpelaciones de la oposición con la conocida frase: “ni los veo ni los oigo”. La ceguera y sordera de la clase gobernante permanece inmutable a pesar de las alternancias.

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