La forma de gobernar del PRI (II)

miércoles, 19 de diciembre de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- El arranque del gobierno de Enrique Peña Nieto no podía ser de otra manera que con las viejas formas de hacer política del PRI, pero sobre todo las creadas por Carlos Salinas de Gortari: con el manejo de imágenes emblemáticas, con mensajes a los grupos de poder, con un control casi absoluto de los medios de comunicación y con acciones de pretendida autoridad que aún están muy lejos de concretarse. Hace 24 años Salinas de Gortari llegó al poder entre la ilegitimidad y la ilegalidad de un triunfo cuestionado por los claros visos de fraude. Así que lo primero que hizo fue dar un golpe de mando, ir sobre sus enemigos (La Quina, Carlos Jonguitud, los seguidores de Cuauhtémoc Cárdenas, etcétera), afianzar a su partido en el Congreso de la Unión y, con bombo y platillo, lanzar dos programas: el Pronasol, con el que acabaría con la pobreza, y el económico, con el que catapultaría a México al primer mundo. En el gobierno de Salinas el control de los medios también era absoluto, los cronistas de los diarios eran los portavoces de la figura y la palabra presidencial. El PRI manejaba el Congreso a su antojo y los sindicatos oficialistas seguían la orden que llegaba de Los Pinos con unas palabras que recordaban la extraordinaria novela de Miguel Ángel Asturias: “Si, señor presidente.” Salinas era experto en el manejo de los escenarios. Su figura siempre resplandecía en las tribunas. Tanto que atrás del atril le pusieron un banquito y una adaptación en el tacón de los zapatos para hacerlo unos centímetros más alto. Además adoptó la figura de Emiliano Zapata para ganarse la confianza de los campesinos y en cada foro temático realizado en Los Pinos o en Palacio Nacional enumeraba una las metas de su gobierno prometiendo nuevas vías de ferrocarril, autopistas, refinerías, hospitales, escuelas, viviendas, presas, empleos en el campo y en la ciudad. Entre los reporteros de la fuente presidencial, incluso, había una broma en la que Salinas llegaba a un pueblo árido y supuestamente les preguntaba a los habitantes: “Agua quieren, agua tendrán”, decía poniendo las manos hacia el frente como si fuera un Mesías anunciando el nacimiento de un río. Esas mismas maneras de mover las manos, de estructurar los mensajes y las figuras son la que está siguiendo Enrique Peña Nieto. Parece el mismo modelo salinista pero con las variantes de la actualidad. La imagen del 1 de diciembre en el Palacio Nacional no puede ser más elocuente. En medio de un escenografía montada especialmente para resaltar su figura, con mil 500 invitados (empresarios, clérigos, dueños de los medios, líderes sindicales, representantes de asociaciones civiles, gabinete legal y ampliado, gobernadores, dirigentes del priismo actual y de antaño, así como de otros partidos) Peña Nieto lanzó su programa de gobierno con la misma forma salinista de enumerar objetivos que cumplir bajo ejes transversales. Si se hubiera tenido una imagen de Salinas llegando en 1988 al Palacio Nacional comparándola con la de Peña Nieto se hubieran podido notar las grandes similitudes –salvando los tiempos- entre los actos de cada uno de ellos. Luego, en los días siguientes, la parada militar y los anuncios de los distintos programas de seguridad, hacendario, educativo, etcétera., no hace más que recordar la forma salinista de gobernar. Enrique Peña Nieto es una imagen “remasterizada” de algunos antiguos presidentes de la República surgidos del PRI. La forma de manejar las manos es la de López Mateos; la manera de vestirse con toda pulcritud, de Ruiz Cortínez y Miguel Alemán; el discurso grandilocuente, de López Portillo; y el manejo de escenografía y de mensajes políticos, de Carlos Salinas de Gortari. Falta ver si seguirá la misma línea dura de Gustavo Díaz Ordaz contra los movimientos sociales y la de negociación política salinista. Pero todo indica que así será, veremos al PRI ordenando en Los Pinos y lanzando su mensaje de poder desde el Palacio Nacional, el cual será repetido hasta el cansancio por sus nuevos socios del poder: los dueños de los medios de comunicación.

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