Los artistas desechables del Estado

viernes, 27 de abril de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- México trata a sus artistas como pañuelos desechables. Son usados como un artículo eléctrico que se tira cuando deja de funcionar. En agosto del año pasado Dylan Díaz, un bebé de diez meses hijo del cantautor Mauricio Díaz, “El Hueso”, estaba al borde de la muerte. Su diminuto corazón necesitaba un marcapasos con carácter de urgente. Para salvar la vida del menor, el músico apeló a la solidaridad de sus compañeros de gremio y de sus seguidores. A cuentagotas, mediante un sinnúmero de conciertos a beneficio, logró pagar los gastos médicos. Este no es un caso aislado. Cuando un artista en este país pierde la salud, deja su destino a la incertidumbre de la buena voluntad del prójimo. Así lo sortea la cantante Maru Enriquez, quien sufre la obstrucción de una arteria que va directo al cerebro. También el poeta Édgar List, con Mal de Parkinson. O el escritor Roberto López Moreno, con el riñón conectado a una permanente diálisis. El Estado mexicano no prevé en su normativa ley alguna que salvaguarde a sus artistas. No hay pensión para los creadores enfermos, ni seguros contra accidentes o una jubilación justa. Esta es la lógica de un país que premia a sus expresidentes con 149 mil pesos mensuales pero abandona a sus poetas como si fuesen hijos no deseados. La vida de un artista en México es parecida a la de un empleado de Wal Mart destinado a la explotación. Las editoriales y las disqueras los orillan a firmar contratos leoninos; los foros donde se presentan rara vez les extienden una factura, y los sindicatos que supuestamente los representan son una máquina de aplausos para el candidato favorito en turno. Los políticos los usan a su conveniencia. Los invitan a festivales generalmente sin contratos justos y le suministran como limosna becas ínfimas con las que se lavan la cara. No ocurre lo mismo en Chile, por ejemplo, país que desde 2003 expidió la ley 19.889, que regula las condiciones de trabajo y contratación de los creadores. Tampoco en Alemania, donde los artistas cotizan en el sistema de pensiones y de salud. O Colombia, donde están normados los accesos a salud, pensiones y riesgos profesionales. En cambio, en México la Cámara de Diputados mantiene atorada la Ley que crea el Fondo para el Acceso de Artistas, Creadores y Gestores Culturales a la seguridad social, aprobada en noviembre pasado por el Senado. Esta ley es un avance mínimo, por no decir incipiente, en las necesidades de los artistas. Únicamente prevé un fondo integrado por aportaciones públicas que ayudará a los promotores de cultura a pagar sus cuotas ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Actualmente, por iniciativa propia, un creador puede afiliarse al IMSS, como cualquier ciudadano; sin embargo, la normativa vigente no le garantiza un pago de pensión o condiciones de retiro. El promotor cultural Carlos Villaseñor se ha dedicado, junto con Lucina Jiménez, a presionar a la Cámara de Diputados para aprobar esta iniciativa, que, a pesar de sus limitaciones, es un paso para resguardar la salud de los artistas. En un análisis de la iniciativa, Villaseñor advierte un problema inminente: el dictamen que regulará la procedencia de recursos del fideicomiso. Por si fuera poco, este 30 de abril concluye el periodo ordinario en la Cámara de Diputados; si bien existe la probabilidad de que se pueda convocar a un periodo extraordinario, no hay indicadores de que la iniciativa se discuta pronto. Lo más probable es que entre en vigor hasta 2014. Y falta legislar lo más importante, el régimen de seguridad social para los artistas, pues sus condiciones son diferentes al resto de los trabajadores: la vida útil de un bailarín, por ejemplo, regularmente concluye a los cuarenta años. Los artistas, además, no tienen un trabajo estable, están a las expensas de presentaciones intermitentes y de ingresos inestables. Urge que el Estado y sus políticos tomen medidas para resguardar la salud de sus creadores. En tanto, mientras esto no ocurra, toca al público no sólo disfrutar de la obra del artista, sino, por pura responsabilidad moral, estar atento de sus necesidades y tenderle la mano con solidaridad cuando la desgracia toque a su puerta. Surgirá la pregunta ¿por qué merecen un trato especial los artistas? La respuesta es simple: son las conciencias de la sociedad, los dioses terrestres que cultivan el alma de su pueblo. Contacto: www.juanpabloproal.com Twitter: @juanpabloproal

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