El fraudulento legado

martes, 18 de septiembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Con un mensaje que pretende crear una exitosa imagen de su gobierno, Felipe Calderón oculta cifras y realidades, miente y hace trampas para ocultar el terrible deterioro que constituye su legado y su verdadero rostro. El contraste es áspero pero verdadero. Más allá de los temas político y de inseguridad, el siguiente mayor problema de los próximos años es el de las condiciones en que se deja al sistema educativo nacional. De ninguna manera puede constatarse lo que, con gran lujo de cinismo, el actual y transitorio secretario de Educación, José Ángel Córdova Villalobos, con motivo del VI informe de gobierno, consideró que si se evaluara el actual sexenio educativo tendría una calificación de 8 o 9. ¿Cómo puede explicarse, por ejemplo, que el número de comisionados del SNTE y de los recursos que maneja la cúpula de este sindicato se haya incrementado de forma impresionante en relación inversa a la calidad de la educación, al creciente descontento magisterial y a los nuevos mecanismos de extorsión que tienen que seguir los maestros para mantenerse u obtener sus plazas laborales? De 2011 a 2012, la SEP destinó más de 10 mil millones de pesos en pagos improcedentes a “comisionados” del SNTE, a la par que se aumentaron los recursos que manejan Elba Esther Gordillo y sus familiares de manera oculta para todos. En plena campaña electoral, el SNTE dispuso de un ejército de 15 mil profesores “comisionados”, cuya actividad fuera de las aulas rebasa con mucho los días contables de cualquier otro acontecimiento relacionado, por ejemplo, con marchas o paros durante el periodo escolar. Así, los maestros bajo “comisión” gastan más en la labor del apogeo político de la cúpula del SNTE que aquellos que luchan por la dignificación de su trabajo. Asimismo, este sexenio deja un masivo retraso social en los aprendizajes imprescindibles para millones de personas, es decir, para alumnos que en lugar de aprovechar su escolaridad en lo que deben saber para salir adelante en su vida, gastan el tiempo en memorizar y repetir resultados para pasar pruebas inútiles o de resultados insuficientes. Aquí la SEP no sólo altera las cifras de los logros alcanzados de la aplicación reciente de la prueba ENLACE por estados, como ya se ha denunciado, sino que también los relativos al nivel general. No es posible revertir, como se pretende, años de resultados educativos mediocres (de 2006 a 2011) a uno de altura internacional (el de 2012, ¡curiosamente!) sin haber hecho nada en materia de currículum (porque están aún a prueba las modificaciones que se propusieron casi al final del sexenio), sin que se hayan establecido mecanismos para organizar de forma integral la educación básica completa, con los mismos maestros y con los mismos burócratas y directores, y sin haber superado ni medianamente las actuales condiciones de desigualdad e inequidad económicas y sociales de los alumnos. No pueden alcanzarse cosas diferentes si se mantienen las condiciones iguales, de entorpecimiento a los cambios fundamentales, para el caso por la vía de pruebas de opción múltiple basadas en la memorización y en la repetición de los alumnos, porque, como dice el colombiano William Ospina (La escuela de la noche, 2008), “demasiada información es lo más parecido al alimento excesivo; de nada sirve la memoria sin el desarrollo de la inteligencia”. Por eso es inverosímil que los resultados, de por sí en general muy bajos (60% de insuficiencia en primaria y 80% en secundaria), de la última prueba ENLACE, recientemente conocidos, hayan reportado un avance estratosférico en el desempeño de los alumnos en matemáticas, pero no en ciencias, y mucho menos en español. Esto es inverosímil, porque no se puede comprender el lenguaje matemático sin un conocimiento de la lógica del método científico, y menos aún sin comprender lo que se lee y lo que se escribe (en donde los resultados fueron similares a años anteriores o peores). El maquillaje de cifras y demostraciones que ha buscado hacer la SEP no tiene nombre ni ética. Otra fantasía de este final de sexenio es la pregonada por Felipe Calderón en su VI informe de gobierno, consistente en que se rebasó la cobertura de 30% en la tasa bruta de escolarización de la educación superior y que existen condiciones para universalizar dentro de poco la educación media superior. Nada que ver con la realidad estrujante de millones de jóvenes sumidos en la desescolarización y el subempleo. ¿De qué manera se puede mentir de tal forma, cuando se viven cada año conflictos de rechazados de miles de estudiantes con una sola demanda, la de poder ingresar a la educación superior? Puede agregarse a lo anterior que la inversión pública en ciencia y tecnología no rebasó el 0.4% en relación con el PIB (cuando está mandatado orientar el 1% como mínimo), la zozobra de las instituciones de educación superior y universidades públicas ante los recortes presupuestales que se vivieron y los que se avecinan, las cifras más altas de rezago escolar que se hayan tenido, el incremento del nivel de analfabetismo en la población adulta, la increíble cifra de más de 30 millones de mexicanos que no cuentan con los mínimos conocimientos para aprovecharlos en beneficio de su bienestar social y laboral, la reproducción de la desigualdad para indígenas, mujeres y pobres, en un sistema que prepara a las mayorías para el trabajo informal y no para una formación inteligente. A ver cómo hace para revertir el tamaño y las consecuencias de este incruento legado el gobierno del PRI, que se apostará ahora, fuertemente cuestionado por la ilegitimidad e ilegalidad de sus métodos, y que se inclina a reproducir el mismo modelito de fracaso escolar durante otro sexenio.

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