Luna de miel peñista

miércoles, 16 de enero de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Ha pasado ya mes y medio desde que Enrique Peña Nieto llegó a Los Pinos y en el país no se observa un cambio sustancial. Sólo ha habido discursos y promesas, como si el priista aún estuviera en campaña, y presurosas alianzas con los partidos políticos para llegar a acuerdos. Pero a escala social la línea de la violencia y la crisis generalizada siguen igual, nada ha cambiado. Peña Nieto está viviendo la “luna de miel” que todo presidente tiene al llegar a Los Pinos, sobre todo cuando le precede una administración cuestionada como la de Felipe Calderón que, si bien en la macroeconomía afincó cierta estabilidad, en la economía social y familiar dejó una crisis social traducida en el rompimiento del tejido social por la violencia generada por la guerra contra el narcotráfico, desempleo, ausencia de oportunidades educativas, abandono del campo y miles de muertos y desaparecidos. Ante esta desastrosa situación, Peña llegó ofreciendo lo que todos querían escuchar: acabar con la violencia y traer un periodo de paz y seguridad al país. Además, combatir la pobreza, generar empleos, crecimiento económico y otras promesas más. La “luna de miel”, sin embargo, tiene fecha de caducidad, suele durar poco. Hasta ahora no se ve que la ola de muertes y desapariciones en el marco de la guerra contra el crimen organizado vaya a cambiar. Es evidente que la inseguridad no termina por decreto presidencial y mucho menos por una declaración mediática. El primer día de la administración de Peña Nieto hubo 13 muertos y, a poco más de un mes, suman más de mil 500 los asesinatos atribuidos a la actividad del crimen organizado. A pesar de la gravedad de la situación, Peña Nieto no ha dicho nada, ha guardado silencio ante el embate de las distintas bandas del crimen organizado y sus cómplices en el poder político. La impunidad y las ejecuciones continúan, mientras tanto Peña sigue dando nombramientos entre viejos priistas que estaban “en la banca”. El miércoles 9, Peña presentó la Ley General de Víctimas e instruyó al secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, para que iniciara de inmediato el contacto con organizaciones y familiares de afectados por la guerra contra la delincuencia organizada. Una semana después las palabras dejaron de tener peso y se las llevó el viento. El titular de Gobernación canceló de última hora la cita programada para este miércoles 16 a pesar de que los familiares de las víctimas habían viajado de distintos lugares del país y de Centroamérica. La disposición de atender a quienes han perdido un familiar dejó de tener efecto muy pronto, falta por ver si eso sucederá con el reglamento de la Ley de Víctimas que deberá discutirse en el Congreso de la Unión. Tampoco se ve cómo Peña Nieto vaya a combatir la pobreza, no se acaba por decreto o una declaración oficial. El lunes próximo, Rosario Robles anunciará el arranque de la campaña para abatir este problema que afecta a 52 millones de mexicanos, principalmente de las zonas rurales, campesinas e indígenas. Sin embargo, si no presentan programas de largo plazo, vinculados a la creación de proyectos de producción, microempresas y apoyo al campo, los planes que planteen serán de carácter asistencialista, de corto plazo y sin efecto alguno. Esto es, más de lo mismo. En los hechos, Peña va en sentido contrario a lo prometido. Si habla de paz y tranquilidad no se entiende que mantenga la estrategia militar y policial para el combate al narcotráfico. Si habla de proteger el empleo y motivarlo, ¿por qué impulsar una ley laboral que afecta a los trabajadores? Igualmente, si se plantea abatir la pobreza, ¿por qué se fragua dentro del equipo peñista cómo seguir aumentando el precio de gas, luz y gasolina, aplicar los impuestos a medicinas y alimentos, y mantener los bajos salarios? Aunque es temprano para ofrecer una conclusión, el escenario que se prevé es que la “luna de miel” dará paso o se convertirá en una “realidad de hiel”, con un gobierno de corte autoritario, corrupto, adverso al interés popular y carente de sensibilidad social.

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