Por la reconstrucción de la UACM

jueves, 21 de febrero de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- La Universidad de la Ciudad de México (UACM) es un proyecto formidable, innovador, democrático y popular que tiene que salir pronto de la crisis en la que se encuentra para llevar a cabo sus magníficas tareas, que la hacen, o deberían hacerla, parte de un sistema educativo nacional y de los innumerables proyectos educativos alternativos que están surgiendo y consolidándose a lo largo y ancho del país, pero sobre todo, con gran nitidez y fuerza, en el Distrito Federal. La autonomía de las universidades existe y se dinamiza con la pertinencia de su trabajo académico y de la responsabilidad social que sustenta, y cuando contribuye a la solución de las ingentes demandas y transformaciones que se requiere llevar a cabo de manera urgente en el sistema social del cual la universidad es parte. Cuando esto no ocurre, la autonomía pierde sentido y se nulifica cuando la propia comunidad no puede resolver con visión y altura su propia integralidad y no asume, por incapacidad o conflicto de intereses encontrados, la tarea de autogobernarse que le corresponde realizar por sí misma. La autonomía no existe per se, porque la misma se construye todos los días desde principios y sucesivas innovaciones orgánicas que le dan vida y que se vuelven garantes, en la práctica, de una ética de libertad en contra del fraude académico e institucional, sea éste por el manejo oficioso de sus recursos públicos, sea por lo que se dice que es, frente a lo que demuestra en los hechos y en sus logros, o por lo que presenta como proyecto académico frente a la manera en que se garantiza un aprendizaje significativo de alto nivel y una investigación de relevancia. Ante la falta de esas convicciones y por la alteración de esas articulaciones, ocurre que, en otras universidades, la autonomía ha sido reemplazada por mecanismos de control político o administrativo que están sujetos a una precaria situación financiera, o a los mandatos de grupos políticos y de poder que la controlan desde adentro o desde afuera. La situación de la UACM ha puesto a su autonomía, por la prolongación de una polarización que ha descompuesto la vida institucional y la legitimidad de las autoridades en turno, en la más grave situación de vulnerabilidad, que puede llevarla a un callejón sin salida, con el peligro de que su proyecto, tan enaltecido por todos, pierda fuerza. Tan sólo para dar un ejemplo: si no se reconstruye rápidamente su tejido social interno y se logra constituir un frente institucional para alcanzar la renovación, la vigencia y defensa de su proyecto alternativo contará, para este año, apenas con los mínimos recursos para operar con grandes aprietos. En el Presupuesto de Egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal de 2013, a la UACM se le castiga con una reducción de 3.38% respecto del año anterior. La situación, entonces, no está para mantener vivo el conflicto, sino para alcanzar acuerdos que conduzcan rápidamente a su solución. Esta salida está ahora concentrada en el urgente e inmediato cambio de rector (o rectora) de la manera más expedita e inmediata, tal y como logre acordarse desde sus instancias institucionales y autónomas, con el fin de poder superar la precariedad de su condición actual. No puede ser que la Universidad se encuentre dividida en dos polos, que han derivado en la existencia de dos Consejos, y que cualquier mediación o propuesta lleve a una nueva confrontación. La UACM no puede permitirse tener un nuevo rector a través de una terna que se vuelva un motivo más de nuevas fricciones. Por el contrario, debería hacerse el esfuerzo por proponer un rector de unidad, avalado por todas las partes, para que pueda alcanzar la legitimidad que ha perdido, desafortunadamente, su figura rectoral. Para poder reconstruir el tejido dañado, la universidad debe emerger cerrando las cicatrices internas y recomponiendo su sentido comunitario y solidario, democrático y popular. La Universidad debe pasar a ser un espacio para la confrontación de las ideas científicas, humanísticas y técnicas, por lo que el nuevo rector debe proponerse de forma explícita y directa evitar una cacería de brujas, o ser un medio de venganza contra ningún grupo. La nueva Rectoría no debe ser una espada de Damocles contra nadie, sino asumir un liderazgo colegiado enfocado en la integración de la comunidad para levantar y hacer avanzar a la institución de forma digna y responsable. Para resarcir la imagen negativa que actualmente tiene la Rectoría de la UACM, una figura única y de consenso debe mostrar cualidades de reconocimiento académico tanto a nivel nacional e internacional, y que su liderazgo pueda construir una muy amplia interrelación y cooperación con otras instituciones, con la sociedad, pero sobre todo con su comunidad. La UACM se ha encapsulado durante mucho tiempo, y hoy en día las universidades son focos de irradiación de una crítica global y de la producción de un conocimiento invaluable a lo largo y ancho del planeta. La Universidad debe autoevaluarse. Que sea la propia comunidad la que determine en dónde tiene carencias, en dónde habrá que hacer reformas, y en dónde impulsar cambios para fortalecer los principales méritos de su modelo educativo, y debe saber darse el espacio de reflexión y autocrítica para profundizar en su fines y principios, y deshacerse, con conciencia, de lo que debe ir quedando como parte de su historia. Debe elevar la mira y atreverse a convertirse en una universidad de avanzada, y para ello no puede permitirse improvisar ni elegir a un rector (o rectora) por alguna postura política de momento. Mucho le va a ayudar el hecho de mirar lo que está pasando en el entorno de las universidades públicas, para que su comunidad pueda darse cuenta de las andanadas que se vienen encima.

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