Claroscuros de la política exterior

viernes, 1 de marzo de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Al iniciarse un nuevo periodo presidencial en México coinciden dos fenómenos de orden distinto. De una parte, la agenda de la política exterior presenta problemas nuevos, de mayor riesgo y más complejos. De la otra, persisten las debilidades de las instancias gubernamentales encargadas de conducir las relaciones exteriores del país. Por primera vez en muchos años, el tema de la imagen de México ocupa un lugar prioritario en la agenda de política exterior; las circunstancias lo ameritan Las encuestas indican que las percepciones negativas sobre México han ido en aumento. La encuesta Gallup, entre otras, registra que la imagen negativa de México en Estados Unidos pasó de ser la percibida por el 45% de los entrevistados en el 2005, a ser la del 75% en el 2011. Las percepciones también son negativas cuando se trata de medir la opinión respecto a quiénes son considerados líderes en América latina. En la encuesta de Las Américas y el Mundo 2010-2011, publicada por el CIDE, a la pregunta, ¿cuál es el país que de acuerdo con los latinoamericanos ostenta una posición de liderazgo?, la mayoría responden que Brasil, mientras no saben o no responden en el caso de México. Es evidente que la mejoría de la imagen requiere de políticas internas que, a más de despertar esperanzas, obtengan resultados. Sin embargo, también serían necesarias políticas de comunicación especialmente diseñadas para mejorar la imagen de un país, las cuales han sido utilizadas con notable éxito en países como Estados Unidos, Brasil o la India; en el caso de México dichas políticas no se han ensayado. Los cambios en la agenda no se refieren solamente a la presencia de nuevos temas. No hay nada nuevo bajo el sol en la lista de prioridades en la relación con Estados Unidos: comercio, fronteras, migración, seguridad son temas que han estado allí desde hace más de un siglo. Lo novedoso es la dimensión, las modalidades y la complejidad que han adquirido esos temas debido a circunstancias recientes, como la crisis económica o los cambios demográficos en Estados Unidos. Estos últimos, al modificar el papel de las minorías, han hecho del voto latino un factor muy importante para los resultados electorales y han abierto la puerta al debate sobre la tan esperada reforma migratoria. Hoy en día, dialogar con Estados Unidos en materia económica no se refiere únicamente a problemas comerciales sino a la integración productiva existente, por ejemplo, en el sector automotriz y a la manera de actuar conjuntamente para competir en la economía global. Insertarse en el debate sobre la reforma migratoria obliga a tomar en cuenta que, por lo pronto, el interés por el tema en Estados Unidos es de tipo electoral. Es difícil, por lo tanto, remediar la poca atención que merecen consideraciones sobre oferta y demanda de mano de obra en los mercados laborales de ambos países. El propósito de lograr la autosuficiencia energética en Estados Unidos, lo que está cerca de lograrse, presenta un panorama para México muy distinto al existente a finales del siglo pasado. ¿Cómo afecta a México el hecho que su vecino tenga menos necesidad de sus importaciones petroleras y, además, pueda convertirse él mismo en exportador de hidrocarburos? Tema de dimensiones inesperadas en la agenda de política exterior es la relación con Asia. Pocos imaginaban que en menos de 20 años el dato más inquietante en materia de comercio exterior sería el déficit con esa región. Contrariamente a lo que algunos creen, no se trata de baratijas. Las importaciones provenientes de Asia son importantes para la producción industrial mexicana en sectores de alto contenido tecnológico. ¿Qué hacer con Asia? Es, pues, una de las preguntas de política exterior en espera de respuesta. Centroamérica, nuestra frontera olvidada, es hoy uno de los temas de mayor preocupación. No sólo está de por medio la seguridad nacional de México sino la posibilidad de ser reconocido como un país que respeta los derechos humanos. La matanza de San Fernando es una espina clavada en el corazón de la imagen internacional del país. Fragmento del análisis de Olga Pellicer que se publica en la edición 1895 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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