El fantasma del autoritarismo

martes, 16 de abril de 2013
El año se estrenó con la buena nueva del Pacto por México. Los tres partidos grandes firmaron una agenda común. Las fotografías del nuevo presidente flanqueado por los jefes de los dos partidos opositores, cambiaron la conversación social y la imbuyeron de optimismo. Por desgracia, también la cambió el fantasma que aparecía en las fotografías. Corrijo: el fantasma que no aparecía, pero nadie dejó de presentir. El fantasma del autoritarismo. Es decir, la clave con la que un pacto nombrado explícitamente un acuerdo entre partes semejantes, se leyó como el encumbramiento de un presidente y la sumisión de los otros firmantes. Los opinadores nacionales lo describieron admirativa o críticamente. Llegó quien sí sabe gobernar. Dioses, cómo extrañábamos el presidencialismo, sin siquiera saberlo. Qué capacidad operativa, en un mes Peña logró lo que los panistas no lograron en 12 años. Desbordado, un analista exclamó en el título de su artículo Habemus Presidente, como si acabásemos de descubrir en Enrique Peña Nieto a un ungido del Espíritu Santo y con poderes consecuentes. O lo describieron críticamente, que era sólo describir los espacios negativos de la misma imagen autoritaria. Lo que veíamos era la traición de los presidentes de los partidos de oposición. Se vendieron al jefe mayor, como otrora lo hacían los falsos partidos en el presidencialismo. Se doblaron. Fueron cooptados. Desdibujaron las ideologías de sus partidos y los han convertido en sucursales del PRI. Todo por un fantasma que no salía en la fotografía pero nuestra memoria de un siglo XX autoritario agregaba. Y es que a la sombra de la clave autoritaria, es impensable un acuerdo entre semejantes. Una alianza temporal para alcanzar ciertos fines. No: la mente autoritaria descree de la horizontalidad. Quién está arriba, quién abajo: es lo que quiere discernir. Quién domina, quién se supedita. Quién se eleva, quién se dobla. Quién gana todo, quién pierde y se queda con migajas. Los fantasmas no existen pero pueden causar estragos tremendos. Es el caso de lo que ha ido sucediendo en los partidos firmantes. En el PRD, el grupo bejaranista acusó a su presidente de no entender que la oposición consiste en oponerse sistemática y contundentemente al presidente de la República. Lo acusaron también de tratos oscuros y corruptos. Y últimamente en Guerrero, los maestros inconformes con la reforma educativa, pintarrajearon la sede del PRD con el lema “Traidor Zambrano”. En el PAN sucedió (sucede) lo equivalente. Los calderonistas acusan al presidente del partido de venderlos barato al PRI. Figuras emblemáticas se retiran del partido. No se alcanzan quórums en las asambleas. El Pacto por México le sirve al país, dice un panista, pero al PAN lo mata. Y en el Senado ya varios senadores panistas han declarado que harán caso omiso del pacto. Que el Pacto por México que firmó su presidente de partido a ellos no los compromete. En vista de ello, la semana pasada los dos presidentes de los partidos de oposición contaron su versión del Pacto por México y la verdad es que suena convincente. Según su versión, pasadas las elecciones, los dos se reunieron para charlar. Descubrieron que cada uno tenía ante sí una y la misma opción. Impugnar una elección poco limpia y oponerse al gobierno de Enrique Peña Nieto durante un sexenio. Opción que repetiría la parálisis que padeció México en el sexenio pasado, cuando el PRD y el PRI no hicieron otra cosa que bloquear en el Congreso cualquier iniciativa del presidente Calderón. O podían preparar una agenda conjunta, formada de los asuntos donde coincidían sus partidos, y presentársela al nuevo presidente como propuesta de un pacto. Según Gustavo Madero, del PAN, le entregaron el documento en mano a Luis Videgaray, mediador de Peña Nieto, y Peña Nieto tuvo la inteligencia de no sólo asentir, sino de adelantar la presentación del Pacto por México como su primer acto de gobierno. La pregunta que viene a cuento ahora es para el presidente Peña Nieto: ¿por qué sigue guardando silencio, sin confirmar o desmentir la versión de sus aliados?; ¿por qué con su silencio mengua su credibilidad y su fuerza? Dicen los que saben que a un fantasma se le puede esfumar con las palabras correctas que le nieguen la existencia. Vete pa trás, dice el brujo. Regrésate a donde no estabas, dice el brujo. ¿Por qué el presidente Peña Nieto no nos dice que el Pacto por México es un pacto honorable y echa pa trás la rebelión que viene causando el fantasma autoritario? Acaso sea muy halagador para el presidente Nieto y para los priistas el prestigio que la firma del pacto les ha procurado. Pero si sus firmantes siguen debilitándose, serán destituidos en sus partidos por los intransigentes, el Pacto por México valdrá menos que el papel donde fue impreso, y la ilusión de que ha regresado el presidencialismo dará paso a lo que ha sido nuestra desesperación en la democracia mexicana. El pantano del inmovilismo.

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