La fuerza de la UNAM

martes, 30 de abril de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Desde alguna no muy sesuda interpretación de la actual correlación de fuerzas, un grupo conspirativo de jóvenes decidió que había que atacar a la UNAM. Me imagino que la pensaron vulnerable, porque después de provocar una gran confusión y violencia en el CCH-Naucalpan, y ya con algunos de sus líderes desacreditados y expulsados, se metieron a la torre de Rectoría. Si no me equivoco, su acción se justificó bajo la experiencia de que con una pequeña vanguardia probada se alcanzaría a generar una reacción positiva entre los estudiantes, y con ello ser parte del movimiento magisterial y popular que se está desbordando en algunos estados del país. Se les olvidó que vivimos en tiempos líquidos. Si esta fue la visión del pequeño grupo de enmascarados, la cosa no les salió como la habían planeado porque todo se les ha revertido y, de manera muy penosa, porque han tenido que enfrentar a estudiantes espontáneos que los han rechazado, y a una muy nutrida comunidad universitaria, de profesores, investigadores y directivos, que han respaldado la postura del rector, doctor José Narro, y de otros tantos profesores y estudiantes que están participando y dialogando convocados por la directora del CCH, la maestra Lucía Laura Muñoz, después de que se redefinió la mecánica de participación del actual proceso de actualización de planes y programas de estudio de ese bachillerato. Desde hace un año fueron organizadas sendas comisiones de trabajo para actualizar los contenidos de los programas del CCH, mismas que siguen trabajando en esa labor, y fueron propuestas 12 modificaciones para reglamentar tiempos y contenidos de algunas materias y cursos. Nada del otro mundo, por cierto. Pero en el plantel Naucalpan, la provocación de un grupo de estudiantes (que ahora están expulsados), apoyados por otros jóvenes, dio cuenta de la descomposición que ocurre en ese subsistema universitario. De ser el ejemplo de una organización académica innovadora, los CCH han pasado a ser parte de un terreno inhóspito para la vida académica y estudiantil, por lo que la búsqueda de su recuperación le ha costado cara a la maestra Muñoz, que no cuenta con el apoyo de algunos de sus directores de plantel, como el del CCH Sur, que ha hecho hasta lo inenarrable para moverse en su contra, con el objetivo de postularse como su sustituto. La pobreza del otrora innovador sistema creado por el doctor Pablo González Casanova se muestra en el léxico, en la baja capacidad de los estudiantes embozados para argumentar sobre sus demandas, en su incapacidad para articular una propuesta programática frente a la necesaria reforma en marcha de los CCH, y de su torpeza para liderar un movimiento estudiantil. ¡Qué diferencia de la capacidad argumentativa que tenían los estudiantes de las primeras generaciones del Colegio! Del rechazo simple a la reforma académica pasaron a la defensa de los estudiantes expulsados, y ahora sólo atinan a buscar que no se les sancione. Resultó hasta chistosa su propuesta de entablar un diálogo con el rector en medio del campus de Ciudad Universitaria, en el lugar conocido como Las Islas, y sus escasos artificios verbales para enfrentar la agudeza de los estudiantes que los conminaban a dar la cara y a desalojar la torre de Rectoría. Fragmento del análisis que se publica en la edición 1904 de la revista Proceso, ya en circulación.

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