Pensión alimenticia y responsabilidad pública

miércoles, 26 de junio de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El 7 de junio salió de Santa Martha Acatitla la expareja y madre de dos hijos de Góngora Pimentel. Diez días después, el ministro en retiro de la Suprema Corte interpuso un recurso de apelación para que se revoque tal libertad. Así, parece que Góngora sigue la máxima de que la mejor defensa es un buen ataque. Lo único bueno de que siga el pleito es que falta todavía investigar a fondo las redes de influyentismo corrupto y de complacencia machista (también de algunas mujeres) que usó Góngora para reducirle la pensión a sus hijos y mandar a la cárcel a su examante. Es necesario aclarar el papel del magistrado González Alcántara y la juez penal Nelly Ivonne Cortés. Ojalá Carmen Aristegui, quien exhibió al exministro, le siga también la pista a ellos y a los demás involucrados. El escándalo se ha politizado, pero no para reflexionar sobre las dificultades y complicaciones que se dan en torno al apoyo económico que los padres deben otorgar a sus hijos, sino para golpear a la izquierda lopezobradorista, que tenía en el exministro una figura pública que la apoyaba. Mucho hay que comentar sobre el oscuro y sospechoso entramado judicial que lo apoyó en su ruin iniciativa de rebajar la pensión a sus hijos autistas porque pertenecen a otra clase social. A mí me intriga qué ocurre para que un hombre como él se resista a pagar el 35% de su ingreso de ministro en retiro (supuestamente 350 mil pesos al mes) para la atención de dos hijos con autismo. ¿Será que no quiere a esos hijos, o que los tuvo sin desearlos? Esa pregunta me remite al deseo de ser madre y de ser padre. Se dice que para la gran mayoría de las mujeres la maternidad es un fin en sí mismo, mientras que para muchos padres la paternidad es una derivación de la relación con una mujer que desea ser madre. Algo ha de haber de cierto. Lo que es seguro es que una posible consecuencia de la relación sexual entre una mujer y un hombre es un embarazo, y éste puede ser no deseado por alguna de las partes. Respecto de las mujeres que quieren abortar, he escuchado infinidad de veces: “Ya le dieron vuelo a la hilacha, ¡que paguen las consecuencias!”. ¡Pero los hombres también quieren darle vuelo a la hilacha y no asumir las consecuencias! Me sorprenden las lamentaciones de algunos hombres de cómo las mujeres se embarazan sin su consentimiento y luego los obligan a pagar económicamente parte de la crianza, para asegurarse así una vida cómoda. Ante el victimismo de quienes se sienten engañados cuando preñan a una mujer y ésta prosigue con el embarazo, hay que señalarles que ya es hora de que los varones empiecen a usar anticonceptivos masculinos. ¡Así, ninguna mujer se aprovechará de ellos! Antes no había necesidad de anticonceptivos para hombres por la facilidad con la cual éstos evitaban asumir la paternidad. ¡Cuántas mujeres han sido abandonadas al comunicarle a su pareja que han quedado embarazadas! Pero hoy la prueba de ADN ha modificado en parte la evasión de la responsabilidad genitora, aunque exigirla requiere de información y recursos que no todas las mujeres tienen. Fragmento del análisis que se publica en la edición 1912 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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