Atrasados y enredados

martes, 23 de julio de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- La Secretaría de Educación Pública (SEP) se ha movido de la manera más inconsistente en el desempeño de su labor, porque ha puesto en marcha una primera reforma del sexenio que no es educativa sino laboral y que ha generado el más radical y extenso movimiento político y social en su contra; ha defendido un examen estandarizado para luego afirmar que una prueba de ese tipo, como la de ENLACE, debería ser suspendida; ha elaborado un plan sectorial con enfoques de hace un siglo; ha establecido políticas hacia la educación media superior y superior que se desdibujan en la realidad porque no pueden asegurar efectos constatables en el corto plazo para atender a miles de estudiantes desplazados; y, ahora, enfrenta un verdadero enredo con la compra de 240 mil computadoras inalámbricas. Con la pretensión de que se trata de un programa muy original, la adquisición de esos aparatos esconde la truculencia de una operación fallida porque, en lugar de mostrar desde sus inicios las bondades de un proyecto educativo y pedagógico, la licitación realizada para su compra ha entrado en los dimes y diretes entre la SEP y las empresas involucradas, y pasan semanas sin que se informe sobre su contenido y alcance educativo. Esto es de subrayarse porque, como se sabe, el que un estudiante pueda contar con una laptop o una computadora no genera per se un aprendizaje significativo, porque para que ello ocurra deben organizarse procedimientos didácticos y pedagógicos de manera previa y garantizar su pertinencia y eficacia entre docentes y alumnos. Sin embargo, como en la SEP se ha puesto la carreta enfrente de los bueyes, el proyecto de repartir miles de compu­tadoras se ha mantenido en los términos de una licitación que huele raro, y se sigue a la espera de conocer el modelo pedagógico que será utilizado para aprovechar estos dispositivos informáticos entre los alumnos de quinto y sexto de primaria en los tres estados del país (Colima, Tabasco y Sonora) que serán los primeros puntos de distribución. Con todo y que no se reconozca, este programa fue copiado –pero mal– del que se implantó (hace seis años) en Uruguay, con una estrategia integral denominada Plan CEIBAL (Conectividad Educativa de Informática Básica para el Aprendizaje en Línea; decreto presidencial 144/007, del 18 de abril de 2007), que fue definido con el propósito explícito de impulsar en forma progresiva una sociedad igualitaria y de inclusión social. La compra, distribución, uso y manejo de laptops no fue el objetivo del programa, sino contar con una herramienta moderna para impulsar proyectos innovadores en el aula, en las familias de los estudiantes y en la sociedad, con el principio de democratizar el conocimiento. El uso integrado de la informática fue concebido “como apoyo a las propuestas didácticas del docente de los centros educativos (y) para la formación y actualización permanente de éstos, tanto en el área tecnológica como educativa (con el fin de) generar sistemas de apoyo y asistencia tecnológica y pedagógica (y) promover la autonomía docente y de los centros educativos para la real concreción de comunidades de aprendizaje”. (Gunther Cyranek. En el camino del Plan CEIBAL. UNESCO, Uruguay, 2007, página 32-33.) Desde 2008, se amplió la propuesta a la educación media, tanto pública como privada, de modo que, entre 2007 y 2009, a través del Plan CEIBAL, se habían entregado computadoras portátiles al 100% de los centros educativos de ese país. Este plan puso en el centro al docente, su formación y capacidad para la innovación académica y escolar, así como a los estudiantes concebidos como promotores de sus experiencias cognitivas y de apropiación didáctica de los materiales educativos mediados por la informática. Pero en el enredo de las laptops de la SEP, los ciudadanos, en lugar de vernos beneficiados, tendremos que pagar más caro por cada aparato, mientras en otros países se avanza y se generaliza su uso pedagógico y educativo. Así, van agregándose años de atraso e inconsistencia en el sistema educativo; primero, con el fracaso y desfalco millonario que causó la cada vez más olvidada Enciclomedia, con la Alianza para la Calidad de la Educación (que sirvió para enriquecer a una familia y a otros especímenes corrompidos de la política mexicana), con las maquinitas carísimas pero muy poco útiles de Telmex que se han distribuido en las primarias del país, mientras ahora se cuece el proyectito gubernamental, tardío y muy enredado, de las portátiles. A pesar de las buenas prácticas de otros países, ¿ni siquiera imitar bien podemos?

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