¿Cuánto vale una madre?

sábado, 17 de mayo de 2014

Para Raquel, mi señora madre.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- 1. El primer amor, aun antes de salir al aire del planeta, es el que nos une con nuestra madre, en cuyo interior vivimos. Un afecto cuya sustancia es alimenticia y eléctrica. Cuya urgencia es de vida o muerte. Si en los primeros meses de vida de un feto o en el primer año de vida de un bebé, no fluye el amor de la madre, si ese flujo por alguna razón se suspende, lo que sigue es la nada de la muerte. 2. “Un hombre de madre no nacido, ¿quién es ese monstruo?”, se inquieta Shakespeare a través de Macbeth. “No tienes madre”, insulta el  mexicano a quien no es capaz de lealtad. “Un ser de mala leche” se llama al que es mal intencionado por naturaleza. En ese primer vínculo de la maternidad, se imprime en nuestra biología el ciclo de cómo y cuánto de adultos amaremos, y de cómo y cuánto odiaremos también. 3. Para ser madre se requieren habilidades culinarias, pedagógicas y administrativas. Se requiere una disponibilidad de tiempo ilimitado. Se requiere además una disposición absolutamente altruista: desgastarse para el bien de la hija, del hijo, en la felicidad de hacerlo. La maternidad es el trabajo más exigente del mundo, y también, el más importante para la especie. Tan sencillo: sin madres no habría especie humana. Tan claro: sin buenas madres, la especie, malvada, también se extinguiría. 4. Y sin embargo, cuando un mexicano dice “vale madres”, significa que algo no vale nada. Y no se equivoca. Esto ha hecho el Estado sexista con la maternidad, desde que el Estado es sexista: esquinarla y convertirla en un cero. Tomarla como un hecho natural, espontáneo y gratuito, un cero. Mitificarla y cantarle loas y llevarle flores el 10 de mayo, y de nuevo valuarla en cero. 5. Si usted ha seguido leyendo hasta este número 5 de esta entrega, es muy probable que sea una madre. O una mujer que se imagina en un futuro como madre. Y es muy probable que si es hombre no haya leído hasta acá. Porque la cultura lo protege a usted de obligaciones concretas hacia las madres con un velo de olvido. Usted presiente la amenaza de un torrente de nuevas obligaciones si usted recuerda lo que tras ese olvido existe. ¿Es usted hombre y ha seguido leyendo? Es usted una excepción admirable. ¿Es usted mujer y no le inquieta que este pueda ser un texto únicamente leído por mujeres? Inquiétese. Vuelva política su inquietud. 6. Ah dios, otro intelectual demócrata que no quiera hablar de la maternidad o el trabajo doméstico, porque le parece un tema menor, insignificante, un cero. Obsérvelo, ante el tema carraspea y quiere hablar en cambio de asuntos trascendentes, como una frase de Santo Tomás o de Popper o el eterno retorno del bla bla bla. Ah virgen santa, otro político que se desvía del tema mujeril porque políticamente vale nada: carraspea y prefiere referirse al bla bla bla del bla bla bla. 7. Es así, mientras las madres y sus hijas no impongamos a los padres, a los gobernantes y a los intelectuales la importancia de la maternidad y el trabajo doméstico, debemos saber que jugamos el juego sexista, donde todas las mujeres perdemos de antemano, simplemente por ser mujeres. No, no juguemos el juego de la democracia en una democracia que de antemano excluye de su interés nuestros temas centrales. Cambiemos el juego: la misión actual del feminismo. 8. Es el trabajo de la maternidad y su derivado, el trabajo doméstico, el que desiguala a las mujeres y los hombres hoy en el capitalismo. Hoy una tercera parte de las mujeres egresadas de las universidades no ejercen sus profesiones, porque se dedican al hogar; hoy otra tercera parte de las profesionistas prefieren trabajos con menos responsabilidades, aunque sean menos remunerados, para poder ser también madres; hoy dos terceras partes de las mujeres, profesionistas o no, trabajan dobles jornadas, una jornada remunerada y otra gratuita, la de la maternidad y el cuidado del hogar; hoy una tercera parte de las mujeres en edad adulta han optado por no ser madres. Son datos planetarios de ONU Mujeres. 9. Hoy las mujeres somos el 50% de la fuerza de trabajo del mundo pero ganamos 20% menos que los hombres y ejercemos mucho menos del poder social. El 14% de las direcciones de las empresas y menos de 20% de los puestos de decisión gubernamental. Y el factor que determina la desigualdad fuera de los hogares está dentro de los hogares: en la distribución desigual del trabajo de la maternidad y del trabajo doméstico. Por eso otra vez: el feminismo de hoy pasará por la maternidad y la vida doméstica, o no pasará. 10. Cierto, la maternidad es cosa inevitablemente de mujeres, pero eso únicamente hasta el primer año de vida del bebé. En cambio la maternidad posterior y el trabajo doméstico son trabajos que se han impuesto sólo a las madres mediante una maniobra sexista, antigua e injusta. No hay nada en nuestros ovarios que nos haga más aptas para revisar las tareas de los niños o lavar los trastes. No hay nada en los testículos que les impida a los hombres revisar tareas de los niños y lavar los trastes. 11. ¿Cuánto vale la maternidad? Lo responde Patricia Mercado, secretaria de Trabajo del DF. “Las labores de la maternidad, el cuidado de los otros y el trabajo doméstico, realizado en mayor parte por las mujeres, se han calculado: están valuadas en 30 mil pesos al mes”. Multiplique usted por las madres y amas de casa del país y verá la cifra que nuestro país le debe a sus mujeres. 12. Dada esta cifra colosal, que nadie paga, ¿qué obligaciones cumple hoy el Estado con las madres y amas de casa? Vuelve a contestar Patricia Mercado. “Muy pocas”. El Estado mexicano asiste económicamente a las madres que viven bajo la raya de la pobreza y a las otras apenas las considera. Hay algunas guarderías gratuitas. Son insuficientes. Los horarios largos en las escuelas, hasta media tarde, son una ayuda crucial para las mujeres, cuando existen; deberían ser la norma en todas las escuelas públicas. Faltan además lavanderías y cocinas públicas. Falta multiplicar el número de proveedores de ayuda doméstica. 13. Y falta valuar culturalmente la maternidad y el trabajo doméstico como lo que son. El sustento de nuestra calidad de vida. Pagar mejor a las asistentes que hacen parte de ese trabajo. Involucrar en estos trabajos a los padres y los hijos, sin que se sientan devaluados. Y exigir al Estado más y mejor cooperación. 14. Ningún regalo mejor para las madres que quitar el velo de amnesia social que cubre su trabajo.