#TodosSomosSimios y el desvarío panista

martes, 16 de septiembre de 2014
MEXICO, D.F. (apro).- “Será casualidad, día del Síndrome de Down, y el día de Benito Juárez? Con respeto a las personas con el síndrome… no a Juárez”. Esto escribió el 21 de marzo de 2013 en su cuenta de Twitter @Carlostrevino7, el exsecretario de Desarrollo Social de Querétaro, Carlos Manuel Treviño Núñez, famoso desde hace unos días por el hashtag en su honor #TodosSomosSimios. Este y otros muchos mensajes de funcionarios panistas “menores” y otros no tan anecdóticos nos dan cuenta de un patrón del desvarío del blanquiazul, a 75 años de su aniversario. Treviño puede ser un don nadie. Y así se comporta en su página de Facebook y en sus otras cuentas de redes sociales. Tuvo el mal gusto de llamar “simio” al célebre futbolista brasileño Ronaldinho, recién reclutado por el Club Querétaro, y por exhibir su racismo de la misma manera que subrepticiamente odia al juarismo por provenir de un “indígena”. No es el desvarío de un analfabeta moral solamente. Lo ocurrido con Treviño se vuelve un patrón entre las “nuevas generaciones” que arribaron al presupuesto público bajo el logotipo del PAN. Ahí están los funcionarios panistas de la delegación Benito Juárez, Sergio Eguren y Rafael Medina, detenidos en Brasil por protagonizar un pleito en la calle al acosar a una brasileña y golpear a su esposo, sintiéndose reyes de la Del Valle en Río de Janeiro. También está el episodio de Juan Barrera Espinosa, militante jalisciense que llamó a conmemorar en su página de Facebook los 125 años del natalicio de Adolfo Hitler. O el caso del inefable Jorge Luis Preciado, un político de Colima que se “mareó” al ser nombrado por su padrino Gustavo Madero como coordinador de la bancada del PAN en el Senado y no termina de protagonizar desfiguros. Preciado gusta de presumir con la prensa sus puros carísimos y también llevar mariachis al recinto legislativo para festejar a su esposa o contratar como “objetos del deseo” a jovencitas que le resuelven su problema de autoestima, para el disgusto de sus propias compañeras senadoras. Preciado fue denunciado hace poco por tratar de sobornar al senador José María Martínez (el mismo personaje que preside la Comisión de la Familia como si fuera una extensión de la sacristía) o de invitar a otros legisladores a fiestas con sexoservidoras, no como diversión cualquiera sino como método de cooptación. Las anécdotas dejan de ser casos aislados cuando se convierten en un patrón. El PAN de la alternancia se convirtió en reclutador de una nueva generación de mirreyes (antes les decían juniors) que acuden a las redes sociales no sólo para exhibir su ignorancia sino para documentar la derrota cultural de Manuel Gómez Morín en la misma organización que él creó. El racismo de esta generación arraigada al erario público por la vía del PAN está emparentada con la misoginia y homofobia de personajes como Chema Martínez, pero también con el desprecio a la crítica pública que está demostrando Gustavo Madero. En su cuenta de Twitter, el dirigente nacional del PAN criticó al periódico Reforma que “por dolo o ignorancia publica trascendidos sin fuente para exacerbar la irritación entre panistas y ventilarlas impunemente”. ¿Impunemente? ¿Desde cuándo informar o registrar los dichos y hechos de cualquier partido es un delito, señor Madero? Es entendible la molestia del presidente nacional panista por su incapacidad de rodearse por colaboradores que no estén involucrados en desfiguros, en desvaríos y en corruptelas. Sin embargo, el problema no es el mensajero sino el mensaje. El PAN en estos tiempos está minándose por la herencia tremenda de dos sexenios fallidos (Fox y Calderón) y por el enorme descuido de no formar cuadros políticos y reclutar a porros mirreyes. Ese es el problema que Madero y sus contrapartes del corderismo no han querido analizar en serio. El desvarío mayor no son comentarios idiotas en redes sociales. El desvarío es llegar a 75 años de vida con la brújula perdida. Twitter: @JenaroVillamil Comentarios: www.homozapping.com.mx

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