El exembajador prohibido

lunes, 25 de abril de 2016
WASHINGTON (apro).- Carlos Sada, el nuevo embajador de México ante el gobierno de Estados Unidos, llegará a Washington los primeros días de mayo a reparar el desastre diplomático que dejó en la embajada el ahora despedido profesor Miguel Basáñez. Con una amplia e impecable experiencia en materia diplomática y en la relación con Estados Unidos, Sada llega con muy buenas credenciales y todo el respaldo de la Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, y Los Pinos. Sada la tiene fácil. Aunque el profesor Basáñez no supo manejar la relación con Washington, ésta no se encuentra en un estado crítico. Para la Casa Blanca y el Departamento de Estado, la relación bilateral con México es todo menos una prioridad. Este es año de elecciones generales y presidenciales en Estados Unidos, y aunque Donald Trump hace ruido con su discurso racista de deportar a todos los mexicanos indocumentados, obligar al gobierno de Enrique Peña Nieto a financiar la construcción de un muro fronterizo y revocar al Tratado de Libre Comercio de America del Norte (TLCAN), en realidad la Casa Blanca y el Capitolio no mirarán a México por un buen rato. De un excelente carácter y gran carisma, Sada no tendrá dificultad en fortalecer la relación con la Casa Blanca y sobre todo con el Congreso federal estadunidense. El nuevo embajador mexicano fue encargado de la relaciones con el Congreso en la sede diplomática en Washington durante el sexenio de Felipe Calderón. La cancillería mexicana encargó a Sada hacer todo lo necesario para minimizar el terror que ha infligido Trump entre la comunidad mexicana en Estados Unidos. Esa es su gran misión a corto plazo. Para ello, Sada tendrá a su disposición a la red de los 50 consulados de los que será el jefe, que asesorarán y hasta financiarán el proceso de nacionalización por naturalización de ciudadanos mexicanos residentes legales en Estados Unidos. El objetivo es que los mexicanos que se conviertan en ciudadanos estadunidenses voten en contra de Trump en los comicios presidenciales del martes 1 de noviembre. El nuevo embajador tiene luz verde para acercarse a los líderes de las comunidades mexicanas en Estados Unidos, a los empresarios, artistas y académicos para que coadyuven en la labor de alentar el proceso de nacionalización estadunidense y eventualmente el voto en contra de Trump, si es que este gana la nominación presidencial por el Partido Republicano. La tarea inmediata encomendada a Sada es un gesto simbólico en términos reales. La enorme mayoría de mexicanos nacionalizados estadunidenses y los méxico-estadunidenses y que votan en los Estados Unidos o están afiliados o por simpatía, siempre sufragan a favor del Partido Demócrata. Es posible que la primera gran tarea del nuevo embajador de México le haga a Trump menos que lo que le hizo el viento a Juárez, como predica el viejo adagio. Sin alternativa, más aun cuando la Secretaria de Relaciones Exteriores escondió las verdaderas razones por las que despidió al profesor Basáñez de la embajada (que fue su ineptitud) bajo el argumento de que no hizo nada para contener las declaraciones racistas de Trump, Sada está obligado a llevar a cabo una sorda campaña en contra de la candidatura presidencial del magnate. Astuto como es, Sada debe aprender de las lecciones que llevaron a Ruiz Massieu a convencer a Peña Nieto de que tenía que correr a su amigo el profesor Basáñez de la embajada en Washington porque era un fiasco. Una de estas lecciones que Sada debe tener muy presente es evitar a toda costa hablar con Arturo Sarukhan, el exembajador mexicano que fue su jefe en el sexenio de Calderón. En Los Pinos provoca sarna y mucho encono la simple mención del nombre del exrepresentante de México en Washington. Hablar con Sarukhan fue otro de los grandes errores cometidos por el profesor Basáñez. En la cancillería contaron el número de veces que hablaron telefónicamente Basanez y el exembajador. De Sada se sabe que enlazó una muy sólida relación con Sarukhan cuando este le encargó hacerse cargo de las relaciones con el Capitolio. Peña Nieto alucina a Sarukhan. Jamás le perdonó que cuando era el titular de la embajada mexicana en Washington, y él gobernador del Estado de México, en una de sus visitas a la capital estadunidense el entonces prepotente diplomático mexicano le bloqueara una reunión con Janet Napolitano, la entonces Secretaria de Seguridad Interior del gobierno estadunidense. El embajador Sada debe tener muy presente lo que le pasó al profesor Basáñez por hablar con un exembajador apestado. Y si quiere hablar con su amigo y su exjefe, Sada lo tendrá que hacer en persona y a escondidas, o a través de uno de esos teléfonos seguros que no esté al alcance de los tentáculos y oídos del CISEN.

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