Carta abierta a Graco Ramírez

jueves, 28 de abril de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Es difícil llamarte estimado gobernador, mucho más decirte querido Graco. Tu cinismo y tu incapacidad para dialogar se han vuelto tan monstruosos que dejan poco sitio para esos calificativos. Así es que no teniendo otra manera de dirigirme a ti, entro directo en el tema. Morelos, aunque te empeñes en negarlo maquillando cifras, sobornando a la prensa, corrompiendo diputados o amedrentando y calumniando a opositores, es un desastre de despojo, asesinatos, secuestros, desapariciones, corrupción e impunidad. Esa realidad no empezó contigo. Viene de lejos. Se ahondó en los noventa con el gobierno priista de Carrillo Olea, se hizo más profunda con las administraciones panistas de Estrada Cajigal y Marco Antonio Adame, y ha empeorado con tu gobierno perredista. El problema, por lo mismo, y como siempre lo he dicho, es sistémico. Es la consecuencia del pudrimiento de las partidocracias y de las instituciones del Estado. Quienes no te conocían –eres un buen retórico y un experto en el oportunismo mediático– y aun se aferraban a la ilusión de que en México existe una democracia e instituciones políticas, creyeron en tu discurso y te llevaron a la gubernatura. Rápidamente los decepcionaste. Ya nadie en Morelos cree en que eres un hombre de izquierda con una nueva visión. Te miran como parte de esa cultura caciquil llamada PRI que ha corrompido la vida política y buena parte del esqueleto moral de esta nación: un trepador, un residuo del virreinato para quien gobernar significa tomar posesión de un patrimonio que puede explotar, vender y destruir a su antojo. Ya no te distinguen de tus antecesores. Tampoco de Javier Duarte, de Eruviel Ávila ni de tantos “gobernantes” que tienen sumido al país en el horror y la miseria. Querría discutir este tema a fondo y ahondar en tus múltiples traiciones y agravios. Pero no alcanza el espacio. Me concentro en uno: las fosas clandestinas de Tetelcingo, en Cuautla. Te resumo la historia. 24 de mayo 2013, Oliver Wenceslao Navarrete Hernández, comerciante de 31 años en el municipio de Cuautla, es secuestrado. 3 de junio, se descubre su cuerpo en un barranco del municipio de Ayala y es llevado al Semefo. La familia lo identifica. La fiscalía pide dejarlo allí para continuar con las investigaciones y llevar el caso a un juzgado. El cadáver desaparece misteriosamente. 4 de diciembre 2014, la familia se entera, después de una búsqueda desesperada, que el cuerpo de Oliver fue inhumado el 28 de marzo de 2014 en una fosa común, en Tetelcingo, de tres por seis metros cuadrados y cuatro de profundidad. Luego de presiones, la familia logra que se exhumen los cadáveres. Se hace con trascabos, sin protocolos forenses, como se hizo la inhumación. El cuerpo de Oliver está en el fondo, es el último de 150, según el parte de la policía de Cuau­tla, de 118 según la fiscalía, que vuelve a enterrarlos como bolsas de basura, con carpetas de investigación incompletas, extraviadas o inexistentes. ¿Por qué, sabiendo que hay más de 30 mil desaparecidos en el país, 89 en tu administración, permitiste u ordenaste hacer esa monstruosidad? ¿Por qué el 28 de marzo, día en que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad conmemoraba su tercer aniversario, y tú declarabas, públicamente y en consonancia con la ley de víctimas, esa fecha como el “Día estatal de las víctimas”, tu fiscalía enterraba clandestinamente esos cuerpos? Clandestinamente, porque se hizo en un panteón irregular, con identificaciones imprecisas, y muy pocos lo sabían. ¿A ese grado llega tu perversidad, tu odio, tu capacidad de mentir? ¿O es sólo uno de los graves síntomas de la confusión, ineptitud y erratismo de tu gobierno? ¿Por qué te has negado a exhumar los cuerpos y a que la exhumación se realice en colaboración con la Comisión Científica de Identificación Humana de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos? ¿Por qué, lejos de llamar a cuentas al exfiscal Rodrigo Dorantes, que hizo posible esa atrocidad y fue señalado por tu secretario de Seguridad Pública como un probable delincuente, es ahora delegado de la PGR en Durango? ¿Quieres ocultar desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y colusiones del crimen organizado con funcionarios del Estado? ¿Cuántas fosas más de ese tipo hay en Morelos? Sabemos que la Fiscalía compró dos más en Tetelcingo y que hay otra en Jojutla con cerca de 60 cuerpos. El tema es gravísimo y mis preguntas más que pertinentes. Por ello, miles de familias de desaparecidos te exigen por mi voz que las respondas y que, como muchas de ellas lo han solicitado, se exhumen los cuerpos en colaboración con la PGR, la CNDH, los expertos forenses de la UAEM y una comisión de víctimas. No queremos que nos responda tu nuevo fiscal. Un hombre sin independencia, que poco a poco se enreda en esta negligencia criminal. Ni tu secretario de Gobierno, otro hombre sin libertad de espíritu. “El mayordomo”, lo llama la gente. Sino tú, responsable del estado que gobiernas como un cacique. Si no lo haces, si tu partido, la Cámara y las instancias federales a las que hemos recurrido no te obligan a hacerlo y a que asumas responsabilidades, como marca la justicia, sabremos que es­tamos solos a merced del crimen, y que solos deberemos rehacer todo. Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a José Manuel Mireles, a sus autodefensas y a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales, boicotear las elecciones, devolverle su programa a Carmen Aristegui y exhumar e identificar los cuerpos de las fosas de Tetelcingo.

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