Clinton, ante el reto de vencer la apatía y desconfianza

sábado, 23 de julio de 2016
CLEVELAND, Ohio (apro).- Pese a la pésima percepción y gran desconfianza que los electores tienen de Hillary Rodham Clinton, el Partido Demócrata está listo para nombrarla como su candidata presidencial. Clinton --que se convertirá en la primera mujer en la historia de Estados Unidos en representar a uno de los grandes partidos políticos en una elección presidencial-- no es la candidata idónea, pero es con lo que los demócratas cuentan para detener al fenómeno Donald Trump. Más unido que el Partido Republicano --que la semana pasada exhibió la profunda división que lo aqueja por la elección de Trump como su candidato presidencial--, el Demócrata buscará atraer hacia Clinton a los electores independientes, a los jóvenes, a los afroamericanos y a los hispanos; es decir, a muchos de los que durante la elección primaria respaldaron a Bernie Sanders, el senador independiente por el estado de Vermont que metió en predicamentos a la exprimera dama de los Estados Unido en sus aspiraciones de ser la candidata presidencial. En la Convención Nacional Demócrata que se llevará a cabo en Filadelfia, Pensilvania, del lunes 25 al jueves 28, la elección de Clinton es vista como la alternativa a la campaña de odio, división, aislacionismo y proteccionismo ultraconservador que promueve Trump en su intento para ganar la Casa Blanca. Las más recientes encuestas sobre la preferencia de los votantes estadunidenses muestran la apatía electoral que les genera la aspiración presidencial de Clinton. Según un sondeo del periódico The New York Times, difundido el viernes 15, cerca de 67% de los electores no confía en Clinton. Sin embargo, el diario sostiene que ella tiene 76% de probabilidades de ganar los comicios. La razón: el temor a una presidencia en manos de Trump. La revolución que generó Sanders entre el sector más irreverente del electorado demócrata --cansado de los políticos tradicionales como Clinton y horrorizado por la candidatura de Trump--, puede ser la clave para definir las elecciones presidenciales de noviembre y el futuro del país en los próximos cuatro años. La gran misión de Clinton tiene que ser la de enarbolar la bandera de Sanders. El senador por Vermont demostró ser un político pragmático: apoya la candidatura de Clinton con tal de derrotar a Trump. Las propuestas de gobierno que ofrezca Clinton tendrían que contrastar y anular a las Trump. Los programas sociales, la defensa de las minorías étnicas, la diplomacia en política exterior antes que el unilateralismo y la cohesión bipartidaria en el Congreso federal son la base de la Plataforma política del Partido Demócrata. En Filadelfia, Clinton prometerá derribar muros en lugar de edificarlos, combatir los crímenes de odio con la remoción o modificación de las leyes para la venta de armas y municiones, ampliar programas de educación y de servicios sanitarios con subsidios federales, e incentivar el crecimiento económico con proyectos menos comprometidos con el sector privado. Así, los votos de los jóvenes, de las mujeres y el de las minorías étnicas se comprometerían con Clinton solamente si la exprimera dama abraza las causas de Sanders. La promoción de una educación profesional gratuita impartida en universidades comunitarias, la imposición de mayores regulaciones al sector bancario y financiero, la promulgación de leyes migratorias integrales y una reforma profunda a la imposición tributaria enfocada a las empresas multinacionales y a ese 2% por ciento de la población estadunidense privilegiada, ampliarían las posibilidades de Clinton de obtener más votos que Trump. El fenómeno del candidato republicano impone cohesión entre los demócratas, como se vio con el alineamiento de Sanders a la campaña de Clinton, y no porque sus ideas sean concordantes, sino por la catástrofe que vaticinan con Trump. La virtual candidata presidencial demócrata contará con el apoyo de figuras importantes de su partido quienes explicarán por qué ella es la mejor alternativa ante la amenaza de Trump. El presidente Barack Obama, Sanders y el expresidente Bill Cllinton son esenciales para el éxito de la abanderada presidencial demócrata. La Convención Nacional Republicana que se llevó a cabo en Cleveland, Ohio, en lo único que demostró unidad fue etiquetar a Clinton como una mujer perversa, una criminal y una política ambiciosa capaz de hacer cualquier cosa y a costa de lo que sea con tal de mantenerse en el poder. De acuerdo con la mayoría de los sondeos que han llevado a cabo los medios de comunicación de Estados Unidos, los electores piensan que Clinton y Trump son los peores candidatos presidenciales en la historia de su país. A Clinton por lo menos los electores la califican como la menos peor de ambos. Para derrotar a Trump, Clinton tendrá que hacer campaña de la mano de Sanders, de Obama y de su marido, quienes con su carisma pueden revivir el entusiasmo electoral del sector que se horroriza tan sólo en imaginar a Trump en la Casa Blanca. La candidata demócrata está más obligada que el candidato republicano a buscar uno a uno los votos de los electores que se sienten abandonados y olvidados por sus gobernantes y políticos. La contienda entre Clinton y Trump será una lucha política sin cuartel y clasista. Los ricos, los conservadores y los racistas que están con Trump se enfrentarán a quienes se sienten desterrados de la integración económica y social por los intereses políticos de los partidos y que no necesariamente quieren a Clinton. No hay alternativa para los demócratas, el fenómeno Trump los obliga a hacer una campaña de inclusión. Lo ocurrido en la Convención Republicana debe ser aprovechado por Clinton. El hecho de que figuras de renombre entre los republicanos rechacen a Trump como su candidato, directamente exige a Clinton a motivar a las bases del Partido Demócrata para que se adhieran a su proyecto. Clinton tiene que romper los compromisos políticos y sociales que tiene con los empresarios, los banqueros y con la élite. De lo contrario, y pese a lo que hagan por ella Sanders y Obama, entre otros, no generará el entusiasmo requerido para diluir la apatía y desconfianza que le tienen los votantes.

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