Trump, enemigo jurado

sábado, 14 de enero de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En agosto de 2000, Vicente Fox, recién electo presidente, fue recibido como héroe de la democracia en Washington, donde se entrevistó con el mandatario Bill Clinton y con el candidato demócrata a la Presidencia, Al Gore. Días antes de viajar a Washington, Fox sorprendió al responder a la pregunta “¿le gustaría ver una frontera abierta entre México y Estados Unidos?” con un “sí, dentro de diez años… Eso es a lo que debemos aspirar”. Su declaración fue interpretada como una visión de mediano plazo en la cual la línea divisoria entre ambos países ya no sería necesaria pues, como estaba aconteciendo en la Unión Europea, la integración económica y eventuales acuerdos migratorios entre México y Estados Unidos harían de la línea fronteriza una división cada vez más tenue. En 2016 Donald Trump conquistó al elector estadunidense y llegó a la Casa Blanca prometiendo que erigirá un muro entre los dos países, “una grande y hermosa pared… Y me encargaré de que la paguen los mexicanos”. ¿Qué pasó en México, en Estados Unidos y en la propia relación bilateral para que en dieciséis años una visión diametralmente opuesta a la de Vicente Fox, la de Donald Trump, haya sido corroborada por el electorado del vecino del norte? La imagen de México en Estados Unidos Habría que empezar por tomar en cuenta cómo se ha visto México desde Estados Unidos en estos primeros días de 2017. Precisamente cuando el presidente electo Trump se prepara para tomar las riendas del país y empezar a construir el muro fronterizo, las imágenes de los saqueos por el gasolinazo en prácticamente toda la República Mexicana han llegado en directo y a todo color a los hogares estadunidenses. También habría que imaginarnos cómo se tomó la noticia de la segunda fuga del criminal más buscado en todo el continente, El Chapo Guzmán, a quien le construyeron un túnel hasta su propia celda. Finalmente habría que ponerse en los zapatos de los pobladores de El Paso, Texas, en 2010, cuando su ciudad gemela –Ciudad Juárez– se convirtió en la más peligrosa del mundo, con una tasa de 229 homicidios por cada 100 mil habitantes. Según una encuesta realizada en junio del año pasado en Estados Unidos (levantada por Vianovo y GSD&M), 65% de los estadunidenses considera a México un país inseguro para ser visitado: 31% muy inseguro y 34% inseguro. Es decir, en el imaginario estadunidense nuestro país está en la liga de los más peligrosos del continente y del mundo. Por ejemplo, en la misma encuesta 67% y 66% considera a El Salvador y Colombia, respectivamente, como peligrosos para viajar. En la pregunta abierta “¿cuál es tu visión de México?”, las tres primeras respuestas son: un país de drogas, cárteles, narcotraficantes y violencia (36%); no lo conozco lo suficiente (16%) y corrupción (12%). O bien, cuando en la misma encuesta se pregunta cuáles son las primeras palabras que te vienen a la mente cuando piensas en México, las respuestas más recurrentes son: drogas (encabezando la lista con 31%), pobreza (13%), corrupción (12%) y migración ilegal (7%). Fragmento del análisis que se publica en la edición 2098 de la revista Proceso, ya en circulación

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