Alfonso Durazo, el secretario del Interior de facto

jueves, 23 de agosto de 2018
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El presidente electo Andrés Manuel López Obrador inaugurará en la práctica la Secretaría del Interior de México. La Secretaría de Seguridad será eso: una dependencia encargada de la seguridad interior del país, desplazando a la Secretaría de Gobernación. La seguridad nacional, la seguridad pública, la protección a la población civil en casos de desastres y la interlocución con los gobernadores y presidentes municipales son tareas que López Obrador dejará en manos de Alfonso Durazo Montaño. Será, en definitiva, el hombre fuerte del nuevo gobierno. No será la primera vez que Durazo ejerza poder. Lo hizo con el PRI, pero sobre todo con Vicente Fox en Los Pinos. Pero nada como la fuerza e influencia que López Obrador está poniendo en sus manos. Hasta la interlocución con los militares pasará por él en las reuniones de coordinación federal para acciones de seguridad en el interior del país. Cuando dice que sabe “qué teclas tocar” y que “conoce la administración pública como pocos” no bromea ni alardea. Sabe, en efecto, cómo lidiar e influir en los círculos de poder y en quienes toman decisiones. En el viejo régimen del PRI, el secretario de Gobernación cumplía con el rol de presión del Ejecutivo. Tenía a su disposición el aparato de seguridad, la relación con los gobernadores, controlaba al Congreso y hasta organizaba las elecciones. Tareas que con Carlos Salinas cumplió Manuel Bartlett, próximo director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). La pérdida del control del Congreso, los crecientes descalabros en las gubernaturas, la alternancia en Los Pinos y la creación de una Secretaría de Seguridad Pública (SSP) desfondaron a la vieja Secretaría de Gobernación. López Obrador le está dando la puntilla. Durante el panismo, quienes ocuparon esa cartera carecieron de fuerza y cedieron incluso ante otros secretarios. Así ocurrió durante el gobierno de Felipe Calderón, cuando el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, desafió hasta al propio secretario de la Defensa Nacional, el general Guillermo Galván. Enrique Peña Nieto pretendió rehacer la poderosa Secretaría de Gobernación (Segob) del viejo régimen. Desapareció a la SSP panista y le devolvió las funciones represivas. Miguel Ángel Osorio Chong se proyectaba como un secretario poderoso, porque además de mantener el aparato de inteligencia del Estado -el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen)- tenía a la mano el instrumento de presión hacia los gobernadores y presidentes municipales a través del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP). Pero la fuerza de la Segob se quedó en el papel. Con una creciente oposición política y un desastroso desempeño del gobierno de Peña Nieto, Osorio trabajó más para sí y se garantizó seis años de incidencia como próximo senador por el PRI. El próximo presidente ha decidido ir más allá de las intenciones restauradoras de Peña y en lugar de resucitar a la SSP, creará una Secretaría de Seguridad, que prefirió no llamar del interior para no desaparecer a la Secretaría de Gobernación, a la que le está quitando toda la fuerza. López Obrador está conformando una figura que podría terminar rebasándolo a él mismo porque no le está poniendo contrapesos. La mayoría de Morena en el Congreso tampoco lo hará. El espacio de operación de Alfonso Durazo será como el de nadie más en el gabinete presidencial al convertirse, de facto, en un secretario del Interior. Dispondrá al mismo tiempo del aparato de seguridad y de la presión política. Demasiado poder en unas solas manos en las que el próximo presidente, como animal político que es, podría quedar entrampado. @jorgecarrascoa

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