El desafío de la relación México-España

sábado, 6 de abril de 2019
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El pasado 30 de enero el nuevo presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez iniciaba una visita oficial a México. El avión procedente de Madrid traía una de las primeras visitas que un jefe de gobierno del exterior realizaba al presidente Andrés Manuel López Obrador. Anteriormente el jefe de Estado español, el Rey Felipe VI, había sido también una de las primeras autoridades en reunirse con el presidente López Obrador con motivo de su desplazamiento expreso a México para asistir a su toma de posesión. Estos dos datos no son casualidades. La relación entre México y España no es una relación entre extraños. Cuando llegan nuevas de las tierras mexicanas no llegan noticias de un país extranjero sino de una nación y un pueblo considerado hermano por la inmensa mayoría del pueblo español. El terremoto que en 1985 sacudió violentamente el suelo mexicano fue vivido en España como si hubiese golpeado una de nuestras ciudades. En las calles se paró la actividad para seguir las noticias del sismo e inmediatamente se desató una ola de solidaridad desde la sociedad civil a las instituciones de todos los rincones de nuestro país para tratar de ayudar a paliar la trágica situación. Nuevamente, entre los primeros aviones que aterrizaron en medio de la noche en el aeródromo militar del entonces Distrito Federal procedentes del extranjero - aunque si les preguntas ningún español diría que se siente tratado como extranjero en México - estaban las aeronaves españolas. Hay que destacar que España no esperó a recibir ninguna petición oficial de ayuda de las autoridades mexicanas de la época. Inmediatamente se organizaron espontáneamente colectas y recogida de artículos de primera necesidad para su envío urgente y las portadas de todos los medios de comunicación trataron el sismo con si hubiese afectado a una ciudad o región española. Es siempre en los días difíciles cuando se reconoce a los amigos sinceros y España no había olvidado cómo el pueblo de México en 1939 acogió a los exiliados de nuestra trágica guerra civil con infinita amistad y generosidad. Es con este espíritu que los profesores y los jóvenes alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de Salamanca -entre las más antiguas y prestigiosas en los continentes americano y europeo- están desarrollando estos días un ciclo de actividades bajo el título "500 años de correspondencia cultural transatlántica". Es un nombre acertado para definir la intensa comunión entre los intelectuales de una y otra orilla desde Sor Juana Inés de la Cruz y Miguel de Cervantes a Octavio Paz y Juan Ramón Jiménez todos vinculados por una lengua y una cultura común profundamente mestiza. La república mexicana y el reino de España son espejos en diferentes continentes herederos de una historia y cultura compartidas. La visita del presidente Pedro Sánchez y sus reuniones de trabajo con el presidente Andrés Manuel López Obrador se celebraron en este mismo clima de fraternidad y con un espíritu constructivo. Ambos países mantienen profundos nexos fruto de su pasado común y que a doscientos años desde el acceso a la independencia se muestran cada vez más sólidos y firmes. No solamente económicos y comerciales -España es el segundo inversor en México y a su vez el país azteca es el sexto inversor en nuestro país- sino sobre todo culturales y sociales. En España se lee a los escritores y se escucha a los músicos mexicanos con pasión. No hay más que visitar la Feria del Libro de Guadalajara o recorrer las exposiciones de los pintores o escultores mexicanos en España. Frida Kahlo o Diego Rivera son tan conocidos y admirados como Picasso o Salvador Dalí. Nuestra cooperación es además muy sólida en el ámbito institucional e internacional. Pocas semanas después de las elecciones presidenciales en México en su participación en agosto de 2018 ante los Foros Regionales del Parlamento Centroamericano, Yeidckol Polevnsky la presidenta de Morena nos expresó a los españoles asistentes, la firme voluntad del presidente electo Andrés Manuel López Obrador de fortalecer las relaciones de colaboración con España. En el ámbito institucional tenemos la experiencia exitosa de cooperación con líderes como el mexicano Rabindranath Salazar, anterior presidente de la Comisión de Relaciones México-Unión Europea de la Cámara de Senadores y uno de los principales responsables del fuerte incremento de las exportaciones mexicanas a España y la UE. En el ámbito internacional la tarea incansable de la mexicana Gabriela Cuevas, presidenta de la Unión InterParlamentaria Mundial, es otro ejemplo de cómo México y España pueden lograr altas metas trabajando juntos. Existe además una sintonía ideológica y personal clara entre ambos presidentes. Tanto López Obrador como Sánchez han tenido que recorrer un camino difícil y plagado de obstáculos para liderar sus respectivos países. No son fruto ocasional de una campaña de marketing sino del trabajo duro y el compromiso permanente durante años con unos ideales. Unos ideales que en este caso se sitúan en el ámbito progresista que desea alcanzar mayores cotas de bienestar, igualdad y crecimiento para sus pueblos. Los amplios programas de medidas sociales que están impulsando ambos líderes tienen profundas similitudes: desde la cobertura universal de la sanidad y la educación, la protección de las personas sin empleo, el combate contra la violencia de género, el empoderamiento de la mujer, la lucha contra el cambio climático, la defensa de los derechos de las personas migrantes y otras iniciativas responden a una misma visión solidaria de entender la acción política de los gobiernos. En base a esta identidad compartida es evidente que México y España están destinados, como ya hicieron en 1991 al impulsar conjuntamente el exitoso proceso de las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno, a desarrollar un papel de primer nivel en la escena internacional en los próximos años. Trabajando juntos y en cada vez más estrecha cooperación los gobiernos de Madrid y Ciudad de México pueden lograr cambios significativos en los equilibrios de poder a nivel mundial no en vano lideran una comunidad de mas de 700 millones de hispanohablantes. La reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde México y España juntos tienen mucho que decir, o la diversificación de la potente economía mexicana hacia Europa y de la española hacia América son otros ámbitos donde las posibilidades son enormes. Con esta visión y este espíritu de amistad y cooperación se produjo la visita, fructífera y exitosa en todos sus ámbitos, del presidente Pedro Sánchez el pasado 30 de enero a México. Es hora de agradecer las atenciones del presidente Andrés Manuel López Obrador y, conjunta y solidariamente, emprender un nuevo camino para fortalecer la relación de amistad sincera entre España y México destinadas ambas a ejercer una vez más en este siglo XXI, como ya lo fueron hace 500 años, su papel histórico de puentes abiertos para las personas y las ideas entre América y Europa. El autor es presidente de la Conferencia Eurocentroamericana

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