Opinión

Bolivia estrena nuevo presidente de quilates

La recuperación de la democracia es el relato que más circula en las calles de Bolivia, luego de 11 meses de un régimen político transitorio, cuya legalidad fue reiteradamente puesta en duda dentro y fuera del país.
lunes, 9 de noviembre de 2020

La recuperación de la democracia es el relato que más circula en las calles de Bolivia, luego de 11 meses de un régimen político transitorio, cuya legalidad fue reiteradamente puesta en duda dentro y fuera del país.

Por similitud con el caso venezolano de  autoproclamación presidencial de Juan Guaidó, la senadora derechista Jeanine Áñez asumió el mando en noviembre de 2019, arguyendo una vacancia luego del derrocamiento de Evo Morales, tras casi 14 años de ejercicio del poder.

Pero a diferencia de otros países latinoamericanos, ¿a cuál democracia se refiere la narrativa luego de los comicios del pasado 18 de octubre?

Ni más ni menos, a la que fue establecida por la Constitución Política de 2009, superadora de la tradición liberal representativa, siendo además participativa y comunitaria.

Una democracia intercultural, calzada en el nuevo modo de Estado de carácter plurinacional que se consagró en el texto de la Ley Fundamental boliviana. Cabe recordar que en la conflictiva Asamblea Constituyente de comienzos de la gestión de Evo Morales, en la bancada opositora hacía quorum sin mayor destaque la última inquilina del Palacio Quemado.

El logro más consistente del cónclave que generó sucesivos embates de la oposición antidemocrática, racista y regionalista, fue la aprobación por referéndum de la Constitución Política del Estado Plurinacional.

Nadie imaginaba que pasados los años, cuando a partir de la declinación del gobierno del MAS (Movimiento al Socialismo) --que suele apellidarse como IPSP, Instrumento por la Soberanía de los Pueblos--, fruto de la convulsión urbana, por “sugerencia” del Alto Mando castrense, Morales que persistió en ser candidato a la reelección tuvo que marchar al exilio merced a un golpe sui géneris, ni tan blando que se diga.

El rescate de las libertades públicas y los derechos humanos en tiempos de pandemia ha sido otro de los capítulos de la accidentada historia sociopolítica boliviana, ante sucesivas postergaciones de los comicios nacionales que las transitorias autoridades dilataron para permanecer en el poder. La propia presidenta interina que anunció su candidatura, tuvo que dar un paso al costado ante la errática política sanitaria y constantes manejos corruptos de su entorno.

Merced a la presión de las organizaciones sociales, el pasado 18 de octubre por fin se realizaron las elecciones para renovar los órganos ejecutivo y legislativo. Las colectividades partidarias extremaron intentos de captar la adhesión de los votantes, y al margen de pequeñas opciones casi residuales, solamente quedaron tres en carrera. En la orilla izquierda de orientación progresista el "MAS", y al frente la alianza "Comunidad Ciudadana" del expresidente Carlos Mesa y la agrupación "Creemos" del líder cívico Luis Fernando Camacho.

Mesa, un intelectual y comunicador estereotipado, tuvo un discurso poco imaginativo tratando de culpabilizar venga o no venga al caso a los 14 años de gestión masista de males reales y supuestos, sin concretar un ideario a la altura de la crisis. Camacho, quien estuvo a la vanguardia de la defenestración de Evo Morales, exhibió presuntos atributos de arrojo y religiosidad como sus mejores credenciales ultraconservadoras, aunque se confinó en un enclave regional de adherentes.

Hay que señalar que las cualidades modestia y profesionalismo de Luis Arce Catacora, postulante presidencial masista, se destacaron desde el comienzo del proceso eleccionario con perfil propio. No cabe ahora puntualizar los factores del extraordinario triunfo en las urnas, con 55% de la votación y mayoría en ambas cámaras legislativas.

Así como el maestro Daniel Cossío Villegas reflexionó sabiamente sobre “el estilo personal de gobernar” en México, en Bolivia el sociólogo Fernando Mayorga editó un lúcido ensayo sobre la conducción del presidente Evo Morales durante tres gestiones de gobierno, reseñando las peculiares variables del presidencialismo evista

Ahora, se conjetura sobre el sello propio que Arce impondrá en el siguiente quinquenio, si bien le atribuyen imagen de tecnócrata, “más interesado en los resultados prácticos, que en pugnas ideológicas”. Cabe recordar que a mediados de 2017 tuvo que abandonar el Ministerio de Economía por tratamiento de un cáncer de riñón, y una vez curado, en enero de 2019, reasumió el cargo. Todos apuestan a su cabal recuperación, no obstante la ardua responsabilidad presidencial que le incumbe.

En el curso de la campaña electoral se configuraron las líneas maestras de lo que puede ser una relevante innovación en el ejercicio del mandato que se inaugura sin ribetes de culto a la personalidad. Mientras Evo fue un madrugador y viajero impenitente, Lucho Arce tiene fama de ser discreto y metódico. El novel presidente boliviano, según el dicho popular, “tiene dedos para el charango”.

De 57 años, hijo de maestros de clase media, Arce Catacora nació en la sede del gobierno, La Paz, y ya siendo contador, prosiguió su formación como economista y luego en uno de los mejores centros académicos posgraduados británicos, la llamada Universidad del Futuro (Warwick, en Coventry).

Hace años que se dedicó a la cátedra en varias universidades y ejerció como funcionario del Banco Central, donde desempeñó diversas gerencias. Como fruto investigativo, se destaca entre sus publicaciones "El modelo económico social comunitario productivo boliviano" y varios ensayos de su especialidad sobre dolarización, régimen cambiario, demanda por dinero, liberación financiera y concentración en el sistema bancario.

Si bien es cierto que “otra cosa es con guitarra”, queda claro cómo la figura de Arce concita bastante expectativa tanto dentro como fuera del país. La reiterada referencia al “milagro” económico boliviano y sobre la principal autoría del mismo, cuando el PIB boliviano llegó a un promedio de 4.6%, hasta el 6.8% en 2013. De modo que el nuevo presidente representa ahora no sólo una esperanza, sino la garantía que buscaba el mayoritario voto ciudadano para salir del actual descontrol macro y micro de las finanzas públicas.

La oferta programática de un gobierno de unidad nacional, comprometido con la estabilidad y la paz social para avanzar recuperando anteriores índices de crecimiento económico, fue uno de los principales factores de la aplastante victoria electoral del MAS-IPSP. Conformar un gabinete ministerial solvente en materia técnica y con credibilidad internacional constituye el primer desafío del nuevo Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia. Y la integración latinoamericana está en su agenda con prioritaria atención.

Un hecho más que anecdótico antes de la posesión presidencial fue su original iniciativa poscampaña electoral de visitar a una comunidad de ancianas aymaras (awichas) en el barrio popular de Pampahasi, en la ciudad de La Paz. Aparte del regocijo de bienvenida, Arce Catacora compartió con las abuelas y guitarra en mano cantó junto a ellas un sentido taquirari, ritmo del oriente boliviano.

En Bolivia se reconoce y aprecia mucho al compositor orureño Gilberto Rojas, autor del segundo himno de Santa Cruz, quien llevó a la discografía “Cunumicita”, cuya letra alude a la joven mujer de las clases populares en esa región boliviana. El mensaje intercultural fue múltiple: hacia las clases medias prejuiciosas respecto de la “gente de pollera”, mestizas o cholas; a los cruceños que vieron a humildes viejecitas altiplánicas coreando un aire camba con el futuro Jefe de Estado, y de alcance intergeneracional, a aquellos jóvenes que aprenden y respetan a las adultas mayores, sin falso elitismo.

Así como a través del lenguaje poético-musical dio el lugar que merecen las cunumis de Oriente y la cholas del Occidente, al parecer también Arce estaba reivindicando además su origen étnico y social, que en la Bolivia de hoy resulta una solvente carta de presentación dada la enorme base de respaldo popular con la que empezará a gobernar. Al retomarse la línea del “rescate de la Patria”, la democracia al modo boliviano hoy suma un alcance masivo e intercultural con legítima participación de naciones y pueblos indígena-originario campesinos.

Actualmente reconquistada la democracia plurinacional al servicio de toda la población, preservando la voluntad popular, desde la izquierda boliviana se plantea el rumbo hacia el genunino poder popular, basado en la alianza de la clase obrera, el campesinado originario, las capas medias urbanas y en especial las mujeres y jóvenes del país.

Se trata de que el nuevo gobierno encabezado por Luis Arce asuma el gran desafío de impulsar una etapa crucial para proyectar a su patria en un proyecto de transformación de nuevo tipo, incluyente y renovado, al servicio de las mayorías que pugnan por una sociedad boliviana de justicia, sin discriminación ni explotación clasista, descolonizada y despatriarcalizada.

*El autor de este análisis es politólogo boliviano egresado de la UNAM y de Flacso, actualmente es docente de posgrado en la Universidad Andina Simón Bolivar de Sucre.