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Principio de un nuevo orden en las relaciones entre el gobierno de EU y las Big Tech

La Comisión Federal de Comercio de EU y una coalición integrada por más de 45 estados presentaron varias demandas contra Facebook, acusando a la red social más popular en el mundo de haber incurrido de forma sistemática en prácticas contrarias al sistema de libre competencia.
viernes, 11 de diciembre de 2020

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El prestigiado diario The Washington Post informó el martes 8 de diciembre que el gobierno de Estados Unidos presentaría al día siguiente varias demandas contra Facebook.

En efecto, la Comisión Federal de Comercio (FTC, por las iniciales en inglés), así como una coalición integrada por más de 45 estados de la Unión Americana, presentaron el miércoles 9 varias demandas contra Facebook, acusando a la red social más popular en el mundo de haber incurrido de forma sistemática en prácticas contrarias al sistema de libre competencia.

Además, recomendaron dividir a Facebook y revertir las adquisiciones de Instagram y WhatsApp. Ambas operaciones fueron concretadas durante la administración del presidente Barack Obama.

En abril del año en curso, Mark Zuckerberg fue considerado como el cuarto hombre más rico del mundo en el reporte World´s Billionaires, realizado por Forbes. Sin embargo, es posible suponer que el miércoles 9 fue un día negro, de pesadilla, para Mark Zuckerberg, uno de los fundadores y principal accionista de Facebook. El valor de las acciones de la red social en la bolsa registró una depreciación cercana a 3%.

Las prácticas anticompetitivas de Facebook han asegurado que la firma estelar del “imperio Zuckerberg” goce de un incuestionable dominio en las redes socio-digitales, uno de los sectores más rentables y dinámicos en la economía de Internet.

Zuckerberg no oculta el propósito de acaparar todo el mercado posible, y Facebook procede como auténtico depredador. La fórmula de Facebook es brutalmente elemental: adquirir o eliminar a todos los posibles competidores. Así, por Instagram pagó mil millones de dólares en 2012, y por WhatsApp 22 mil millones de dólares en 2014.

Facebook no sólo es considerada como una de las marcas más poderosas e influyentes en la economía digital, además es reconocida como una de las marcas más valiosas en el mundo.

A partir de avanzados algoritmos, los ingenieros en Facebook confeccionan ambientes lo suficientemente atractivos y amigables para que los usuarios dejen sus datos.

Esos datos son recuperados por nuevas generaciones de algoritmos, de los cuales se generan ambientes aún más atractivos y amigables, que propician que los usuarios de Facebook proporcionen una mayor cantidad de datos.

No resulta exagerado afirmar que cualquier variación en los algoritmos de Facebook puede repercutir en las prácticas de consumo cultural de miles de millones de personas en el mundo.

Los usuarios son el producto que Facebook vende.

De acuerdo con lo asentado en el estudio Digital 2020, realizado por la firma We are Social Hootsuite, el 16 de julio fueron estimados 2 mil 603 millones de usuarios de Facebook, 2 mil millones de WhatsApp, y mil 083 millones de usuarios de Instagram.

Según lo indicado en el estudio The World´s Most Valuable Brands, realizado por Forbes y correspondiente a 2020, Facebook fue considerada la quinta marca más valiosa y su valor fue estimado en $70.3B.

Otro importante estudio sobre el valor de las marcas más importantes en el mundo, elaborado por la firma Kantar –BrandZ Top 100 Most Valuable Global Brands-, instaló a Facebook en la octava posición entre las marcas más valiosas en 2020, fijando su valor en $147,190 B, cifra que duplicó el valor estimado por Forbes.

En el estudio de Interbrand sobre las marcas más valiosas -Interbrand Best Brands- cuyos resultados fueron dados a conocer en octubre, Facebook fue ubicada en la décimotercera posición entre las marcas más valiosas en el mundo, y su valor fue estimado en $ 34,119 B.

A los cargos que enfrenta Facebook por incurrir en prácticas contrarias al desarrollo de la libre competencia, podrían añadirse nuevas demandas por su anuencia ante la proliferación de noticias falsas, así como por las limitadas acciones emprendidas para efectivamente asegurar la privacidad de la información que le han confiado sus usuarios.

En 2018, las comprometedoras revelaciones de altos directivos de la firma Cambridge Analytica (CA) detonaron la peor crisis en la historia de Facebook. Los datos personales de millones de estadunidenses --y millones de mexicanos, también-- fueron traficados por Facebook y terminaron en manos de CA.

En las altas esferas de la política estadunidense, Zuckerberg resulta un personaje tan “carismático”, con una popularidad sólo comparable a la alcanzada por Bill Gates, avanzada la década de 1990, tras haber finiquitado la llamada “guerra de los navegadores”, apartando a Netscape del camino de Explorer.

En una entrevista concedida a The New York Times, Joe Biden, el presidente electo en Estados Unidos afirmó que nunca ha sido "gran fan de Zuckerberg. Creo que es un problema real".

Biden además se declaró dispuesto a eliminar la sección 230 de la Ley de Telecomunicaciones (1996), que libera a las compañías de la responsabilidad de cuidar los contenidos generados por los usuarios.

Al amparo de lo dispuesto en la referida sección de la Ley de Telecomunicaciones, reformada n 1996 durante la administración del presidente Bill Clinton, ha proliferado la próspera industria de las noticias falsas.

La conducta empresarial observada por Facebook ante las noticias falsas no parece precisamente haber reparado en la gravedad del problema.

En materia de privacidad, Biden pretende seguir el ejemplo de la Unión Europea, que ha impuesto severas restricciones a las Big Tech para asegurar la efectiva protección de datos personales de los usuarios.

Es importante tener presente que en octubre el Departamento de Justicia demandó a Google por incurrir en prácticas monopólicas y por afectar a los consumidores.

La acción emprendida por la administración del presidente Donald Trump, en la agonía de su mandato, en principio fue considerada como una oportuna maniobra en tiempos electorales.

La demanda que presentó el Departamento de Justicia contó con el respaldo de los gobiernos de 11 estados de la Unión Americana --Arkansas, Carolina del Sur, Florida, Georgia, Indiana, Kentucky, Louisiana, Mississipi, Missiouri, Montana y Texas--.

Hoy resulta factible considerar que la demanda que inició la administración del presidente Trump contra Google estableció el inicio de una nueva etapa en las relaciones entre el gobierno de Estados Unidos y las firmas Big Tech, en la que el gobierno estadunidense efectivamente parece resuelto a imponer límites al poder político y financiero de las firmas que hoy dominan la economía de Internet.

Algunos especialistas han destacado la necesidad de dividir o desmantelar a las firmas Big Tech ahora, pues estas firmas además invierten considerables recursos para asegurar posiciones de liderazgo tecnológico y financiero en el desarrollo de la cuarta revolución industrial (4RI). 

El Subcomité Antimonopolio del Comité Judicial de la Cámara de Representantes ha elaborado un informe que señala a las Big Tech por haber abusado sistemáticamente de su posición en el mercado, inhibiendo a nuevos y potenciales competidores. Hay investigaciones en marcha contra Apple por las políticas qu observa en su tienda de aplicaciones, y contra Amazon por un considerable número de prácticas monopólicas.

Los excesos de las llamadas Big Tech --Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft– finalmente consiguieron unificar las posiciones de representantes del Partido Republicano como del Partido Demócrata, en un ambiente polarizado por los estridentes arrebatos del presidente Trump: la necesidad de contener y limitar el desmedido crecimiento político y financiero que han alcanzado las firmas que hoy dominan la economía de Internet.

La utopía de poder remediar Internet, legítimo reclamo de Tim Berners-Lee, el creador de la web, aún parece factible.

La esperanza reside en la posibilidad de contener la voracidad de los grandes depredadores digitales y, por supuesto, devolver a los usuarios de Internet el efectivo control sobre sus datos.

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