Dilema: estás conmigo o estás contra mí

viernes, 12 de junio de 2020
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La política y la lógica con frecuencia se enemistan. En lógica hay las llamadas falacias o argumentos en apariencia válidos pero falsos en realidad. Una de ellas es la del falso dilema. Falso dilema que plantea solo dos posibilidades o alternativas, habiendo otras. Es decir, falsa disyuntiva. Si alguien no está contigo en política, amable lector, no significa necesariamente que esté contra ti. En la Segunda Guerra Mundial, quien no estaba con los aliados no equivalía a estar contra ellos; el mejor ejemplo de ello, el caso de los países neutrales. No estar contigo amigo, político o pensador, admite la posibilidad, entre otras, de no estar con nadie ni en contra de nadie. Hay personas indiferentes a la política o incluso que la desmitifican. Hölderlin dijo una vez: "¿Qué utilidad tendrá la pared (el Estado) que protege al jardín si la tierra permanece seca y yerma? Solo la lluvia del cielo la puede reverdecer. ¡Oh lluvia del cielo y soplo del Espíritu, vosotros nos devolveréis la primavera de los pueblos!". Por ende, habrá mucha gente que no esté contigo porque sus intereses, deseos, anhelos, esperanzas, estén en otra parte; en otras palabras, porque no les interesa estar contigo o contra ti. En la arena política democrática, decir que el que no está contigo está contra ti, significa enterrar el pluralismo que pone freno al poder. Pluralismo hoy bajo estado de sitio por la funesta iniciativa monrealista de desmantelar órganos autónomos, entre otras medidas. Tal dilema también corta de tajo las posibilidades de toda verdadera oposición, partidista o espontánea. En un ambiente de democracia auténtica, vigorosa, existe una amplísima gama de colores políticos entre el blanco y su opuesto el negro: hay verdes, rojos, amarillos, azules. El no ser negro en algo no significa irremediablemente que sea su opuesto -el blanco-, ya que ese algo puede ser verde, amarillo, azul... Desde otra perspectiva, solamente un Dios puede afirmar la frase evangélica, "el que no está Conmigo está contra Mí", Mateo 12:30. Lo puede decir porque encarna la Verdad. En contraste, ningún humano, ni el más genial de todos, la puede abarcar. Intentarlo, sería insensato, conduciría a un "parloteo estéril", y después a la cancelación de libertades. La expresión "parloteo estéril" es de muy antigua hechura. Se remonta la misma a los tratados de lógica de Aristóteles, específicamente al titulado, "Sobre las Refutaciones Sofísticas". En medio de miles de agonías, muertes, duelos, tristezas, plantear el dilema: o estás conmigo o estás contra mí, evidencia la "construcción social de la indiferencia". Indiferencia constatada por la enfermera heroica María del Carmen Galeana. Ella se suicidó el 31 de mayo después de contagiarse del virus y de reprochar a gobierno y sociedad su indiferencia e incomprensión ante el drama ajeno de miles de familias mexicanas. México está de luto, no es el tiempo de la diversión. Esa indiferencia es pariente del racismo de clase que prevalece en México contra migrantes pobres, contra tantos mexicanos, contra tantas tradiciones culturales propias, emulando el del supremacismo trumpista y secuaces que segaron la vida de George Floyd y que ha convulsionado, hecho despertar al vecino del norte y al mundo. Ese falso dilema -o estás conmigo o estás contra mí- conduce como decíamos al parloteo estéril y luego, a cosas mucho peores. Falsa disyuntiva esa a la luz de la lógica, la historia, la policromía y esencia de la vida misma en todas sus manifestaciones. En materia histórica-filosófica, ya el genial Edmundo O'Gorman en "México, el Trauma de su Historia", mostró brillantemente que "el problema de identidad de la nueva nación quedó concebido como una disyuntiva entre dos posibilidades, la de seguir siendo como ya se era por herencia del pasado colonial, o la de ser, por imitación, como Estados Unidos, lo cierto es que se trata de una disyuntiva entre dos imposibilidades, la de tendencia conservadora y la de tendencia liberal.... .". Es decir, un falso dilema, una falsa disyuntiva que llevó al fracaso a ambas tendencias. Fracaso, porque la conservadora fue derrotada en el Siglo XIX por la liberal con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. Porque la liberal no replicó en la práctica cotidiana ni el funcionamiento de las instituciones democráticas, ni la pujanza material del país imitado. Y el resultado, una patria dividida y despojada por el país imitado. Una patria trágicamente atravesada de "enconos que niegan todo al adversario, que lo saturan de diatribas, que lo pintan como un monstruo. Y conjugando las pinturas recíprocas, resulta un país de pesadilla". El falso dilema, liberales-conservadores, fue un conflicto que hizo del Siglo XIX, "el triste espectáculo que todos conocemos" como lo dice O'Gorman. Y éste también advierte con clarividencia que no se pueden impunemente reinstaurar "experiencias agotadas" de la historia. Hacerlo es anacronismo que lleva a probados fracasos y frustraciones, a la esterilidad política, moral y económica. Continuar con tal pugna -que resultó inútil y sangrienta- sin interpretarla como irresoluble por las propias contradicciones y paradójicas similitudes de ambas tendencias, equivale a convertir la lucha en un fin en sí. Fin en sí que arruina a la nación, empequeñecida, juguete de veleidades e insolencias. Un México dividido es presa fácil de voracidades internas y extranjeras. Seguir con la pugna es volver a no estar despiertos, a no ver el porvenir con ojos conciliadores y penetrantes de grandezas posibles, a resucitar una pesadilla medianamente superada en el Siglo XX y en los comienzos del XXI. No todas las transformaciones son para bien; las hay sectarias, infecundas, moral y materialmente. La nación no es un partido político, ni el gobierno, ni el Estado. Es el alma de la patria a cuyo servicio están partidos, gobierno y Estado. Si la 4T deseara un cambio para bien, debería saber que el simple deseo de transformación no equivale a una transformación. Exigiría entender que un cambio benéfico para la nación entera no puede lograrse desterrando libertades, pluralidad, tolerancia y respeto a la diferencia; negando la posibilidad democrática de la verdadera oposición política, institucional o no. Demandaría reconocer la amplia gama de matices, colores políticos, ideas, convicciones, intereses tanto de millones de seres humanos como de innumerables grupos, comunidades, regiones, visiones de vida. Unidad en la pluralidad es el anhelo de todo orden justo y democrático. No estar todos con alguien en política, es signo de libertad para el bien común. Sería alentador que todas las fuerzas políticas de oposición genuina, institucionales y sobre todo espontáneas, se sumaran a un movimiento nacional de concordia en búsqueda de unidad fecunda, resistente a todo fanatismo. Movimiento que tienda la mano franca a todos sin distinción, incluyendo a los adversarios. En búsqueda de un despertar que haga nuevamente de la nación una patria idéntica a sí misma, grande, alegre, justa, unida en lo esencial para perdurar en libertad. Leal a sus tradiciones de pueblo mestizo y guadalupano, de vibrante cultura mexicana. Y consciente de las exigencias del tiempo, transitando por caminos audaces, propios, sin imitaciones extralógicas ni sumisiones. Así, generosidad, inteligencia, grandeza e identidad nacionales reverdecerían sin duda. La divisa clave; sé tú mismo, México, persevera en tu ser. Dedico este texto a la memoria de mi amigo Michael E. Friedlander, abogado brillante, hombre cabal y generoso, amigo de México. Descanse en paz al a sombra del Altísimo. Te recomendamos: Tragicómica “nueva normalidad” y saber mirar

Otras Noticias