La puerta se abrió

jueves, 25 de junio de 2020 · 23:06
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hace más de 10 años le propuse a Carlos Monsiváis compilar los varios ensayos acerca de la diversidad sexual que había publicado en la revista Debate feminista. Cuando le llevé la selección le gustó tanto que enseguida le puso el título ‘Que se abra esa puerta’. A Carlos Aguirre, el artista plástico que engalanó las portadas de la revista durante los 25 primeros años, le pedí que hiciera una propuesta de portada para enseñársela a su tocayo. Aguirre se inspiró en la imagen de Bob Dylan que realizó Milton Glaser: un perfil oscuro con los pelos alborotados a colores. ¡A Monsiváis le encantó! Ya sólo faltaba el prólogo que él mismo quería escribir. Hablé con él un día después de su operación y estaba contento, pues parecía que había salido bien. Me dijo que pondría manos a la obra saliendo del hospital. “Espérame una semana”. Al día siguiente se complicó su cuadro pulmonar y lo demás ya es historia. No obstante el impacto que me causó su muerte, me quedé con el compromiso de sacar ese libro que refleja uno de sus activismos más sólidos y sentidos. Busqué entonces a Alejandro Brito, su compañero un largo trecho de su vida y con quien compartió muchas de las batallas contra la homofobia y a favor del respeto a la diversidad sexual. Alejandro era la persona idónea para retomar el prólogo que Carlos ya no llegó a escribir. El libro vio la luz en octubre de ese mismo año, tres meses después de que Carlos nos dejara. A la compilación de sus ensayos Monsiváis le puso como epígrafe un verso de Carlos Pellicer: Que se cierre esa puerta que no me deja estar a solas con tus besos. Que se cierre esa puerta por donde campos, sol y rosas quieren vernos. Esa puerta por donde la cal azul de los pilares entra a mirar como niños maliciosos la timidez de nuestras dos caricias que no se dan, porque la puerta, abierta… Esa puerta que Monsiváis quería abierta no es, como más de uno pensó, la puerta del clóset, sino como el propio Carlos decía: la puerta de la dignidad. Carlos esperaba que la lucha de los movimientos sociales introdujera una mirada desculpabilizadora y laica sobre el acto sexual, para impulsar un proceso que él nombró la “democratización de la sexualidad”. Lo central de ese proceso consiste en una interacción distinta entre deseo y ética, que hace que para que un intercambio sexual sea ético, deben confluir verdaderamente la autodeterminación, la responsabilidad y el consentimiento mutuos. Para Monsiváis estas premisas valorativas de la sexualidad debían sustituir a las clasificaciones tradicionales que se hacen sobre las prácticas sexuales y que toman como punto de referencia al objeto de deseo (heterosexual u homosexual) o a un determinado uso de los órganos y orificios del cuerpo. Para Monsiváis la pregunta sobre la relación que se establece entre el sexo y la identidad debía ser respondida a partir de dicha concepción ética, que incluye, repito, autodeterminación, consentimiento mutuo y responsabilidad. Según él, esos valores son los que debemos defender en la agenda política democrática. La diversidad sexual ha existido siempre, en todas las culturas, en todas las épocas históricas. Lo que ha variado –y varía todavía– es la simbolización que se hace de las relaciones sexuales o amorosas entre personas del mismo sexo. Se ha transformado la valoración de la homosexualidad por el conocimiento sobre la condición humana y también por una serie de demandas y litigios jurídicos que obligaron al poder judicial a precisar qué es la homosexualidad: ¿una patología o una variación humana? Enfrentados a juicios por discriminación, los jueces tuvieron que abrevar en el conocimiento antropológico, psicoanalítico, médico-psiquiátrico, y luego de años resolvieron que tanto la homosexualidad como la heterosexualidad son formas que toma el deseo, pero en sí mismas no son ni buenas ni malas. (Los violadores de mujeres son heterosexuales y nadie considera que la heterosexualidad sea en sí misma patológica.) El 19 de junio de 2015, exactamente cinco años después de la muerte de Carlos, nuestra Suprema Corte de Justicia legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo, otorgándole simbólicamente a la homosexualidad el mismo estatuto que tiene la heterosexualidad. Una semana después, la Suprema Corte en Estados Unidos también lo legalizó. Carlos ya no estuvo para verlo, pero esta resolución responde a la larga e intensa lucha que dieron los grupos de la diversidad sexual, y que él acompañó y potenció con su activismo y sus reflexiones. El Fondo de Cultura Económica ha vuelto a imprimir los ensayos de ‘Que se abra esta puerta’, donde Monsiváis documenta actitudes y costumbres que, aunque empiezan a transformarse, todavía perviven. La pandemia de covid detuvo la impresión de este libro divertido y erudito, cuya salida estaba programada para conmemorar a este entrañable escritor a los 10 años de su partida, pero ya se puede leer electrónicamente y pronto estará en librerías. El pasado lunes 15 la Suprema Corte de Estados Unidos resolvió que es ilegal despedir del trabajo a una persona por ser gay o trans, otro paso imprescindible de la batalla contra la discriminación. Lástima que Monsiváis no esté para celebrar que la puerta de la dignidad se sigue abriendo más y más.