John Ackerman y Proceso, el diferendo

miércoles, 26 de agosto de 2020 · 12:15
Inicié mis colaboraciones en Proceso en 1997, siendo en aquel año el articulista más joven del semanario. De ello hace ya 23 años. Mis textos han sido críticos con el poder público. Me tocó escribir en la época del PRI y del PAN y ahora de Morena, donde debo decir que -sin ser militante de partido alguno- tengo simpatías con el presidente Andrés Manuel López Obrador. En estos años entendí que Proceso no tiene una agenda política, sino que hace periodismo de investigación, de denuncia y ello ha generado que sea visto con inquietud desde el poder, sin importar la bandera política de quien gobierne. Esa ha sido su causa: periodismo sin concesiones. Así de fácil, y también paradójicamente de difícil. En mi caso soy articulista regular, autor de obras bajo su sello editorial y desde hace tiempo abogado de la revista. A la luz de ese contexto quiero compartir algunas reflexiones: Primera. En estos días asisto, asistimos, a un desencuentro público de John Ackerman con la revista quien ha dejado de tener sus colaboraciones. Ya en redes, el director de Proceso ha explicado las razones de esa decisión editorial. He coincidido con John en muchas ocasiones, acaso la mayor de las veces, y así lo he escrito en las páginas del semanario. Le tengo aprecio y reconocimiento intelectual, lo propio que a Irma Eréndira Sandoval, la Secretaría de la Función Pública. Con ambos he coincidido en proyectos académicos y sociales, incluso antes de que formaran parte de la UNAM. https://twitter.com/jorgecarrascoa/status/1297712563665489921 Por estas razones deploro que las diferencias entre John y la revista se hayan ventilado en público. Por supuesto, John está en su derecho de ejercer su libertad de expresión. La revista Proceso ha sido -lo sigue siendo- un espacio plural, diverso donde coexisten los más distintos puntos de vista, lo que enriquece su contenido editorial. Quien revise mis textos podrá observar, por ejemplo, mi coincidencia en lo sustantivo con el presidente López Obrador y no he sido objeto jamás de ningún tipo de censura, ni con Rafael ni con Jorge. Segunda. Ni antes con Rafael Rodríguez Castañeda ni ahora con Jorge Carrasco en la dirección de Proceso, la línea editorial de la revista ha sufrido cambio alguno. Ciertamente hay continuidad con diferencia por el entreveramiento generacional entre los dos directores del semanario, con quienes he trabajado de cerca por la relación adicional a la de un colaborador que tengo con la revista. En ambos casos, no ha habido proyecto político ni ideológico alguno que no sea otro que ejercer el periodismo, con los aciertos y errores que toda obra humana puede tener, pero siempre de buena fe, anteponiendo el interés público sobre cualquier otro. DEBES LEER: Orta y Sheinbaum: tiro de gracia a la presunción de inocencia No se hace, pues, periodismo militante a favor o en contra de gobierno alguno por una consigna preconcebida. Sí hay, ni duda cabe, un constante ejercicio de escrutinio a los poderes públicos y privados, de ahí, por tanto, que Proceso hace un periodismo incómodo para la derecha, para el centro y para la izquierda en función de la información que puede sustentar en sus reportajes y notas informativas. https://twitter.com/JohnMAckerman/status/1297663382049480710 Tercera. Al actual director, Jorge Carrasco, lo conocí en 1997 en un desayuno con el entonces consejero electoral Jaime Cárdenas Gracia. Jorge era reportero de investigaciones especiales de Reforma con Rossana Fuentes-Berain en aquella época. Y desde ahí seguí en contacto con él en esas ausencias presentes que tiene la vida. Ni antes, después ni ahora, Jorge ha hecho otra cosa que ejercer el periodismo de investigación. Hasta donde sé no ha sido militante o simpatizante de partido político alguno -que hubiera legítimamente podido hacer- y su vida ha girado en torno al periodismo que, como todo, puede o no gustar, pero su quehacer profesional más que de relaciones públicas reside en poner el acento en el derecho a saber. Ese es su proyecto profesional y de vida, lo ha sido y lo seguirá siendo. Cuarta. Proceso, como todos los medios, unos más, otros menos, atraviesa un ajuste económico a la baja temporal derivado de la pandemia de covid-19, y la revista ha privilegiado mantener intacta su plantilla laboral con los sueldos íntegros y no ha habido despidos. Esa fue la decisión de la revista, la cual, por cierto, yo comparto y es una de las pocas excepciones a la regla en las empresas informativas como es del dominio público. En este año difícil, en Proceso se ha buscado dar vida a proyectos complementarios que permitan ser canales de financiamiento en un esfuerzo por diversificar sus ingresos para preservar su bien más preciado: la independencia editorial. TE RECOMENDAMOS: Caso Lozoya: ¿conveniente olvido de Fertinal? Estas iniciativas pasan por la mejora continua del portal web, que va posicionándose día con día en las mediciones de Conmscore, por el control de calidad en contenidos y tirajes en las obras editoriales, por la adopción de medidas integrales que reduzcan a su mínima expresión la venta ilegal de las versiones digitales de la revista. En esa misma dirección, se están procesando proyectos de autorregulación sobre distintos temas que fortalecerán aún más el derecho de las audiencias de Proceso. Las cosas se avizoran positivas y hay un esfuerzo de equipo bajo el liderazgo de Jorge Carrasco, quien tiene además autoridad moral y es un hombre abierto a las nuevas ideas que el contexto inédito ofrece y que hay que llevar a cabo para que la revista siga siendo la opción de periodismo crítico que ha tenido como sello fundacional. @evillanuevamx ernestovillanueva@hushmail.com

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