Salvar vidas vs. bovarismo

sábado, 29 de agosto de 2020
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Comenzaré, a manera de marco conceptual, con algunas ideas de geniales escritores, para luego hablar de estadísticas sobre el coronavirus y la imperiosa, apremiante necesidad de rectificación de la estrategia sanitaria. Jules de Gaultier ha sido, a pesar del tiempo, uno de los más destacados pensadores de Francia, según el inolvidable Antonio Caso. Jules de Gaultier, inspirado en la famosa obra de Flaubert, "Madame Bovary", desarrolló brillantemente un mal muy generalizado en el ser humano y en la sociedad: el llamado bovarismo, personal o colectivo. El bovarismo como lacra, como mal, es para Gaultier una "facultad de concebirse --los seres y las colectividades-- diferentes, diversos de como son en realidad". Equivale desde otra perspectiva análoga a la pretensión, al propósito de suplantar la realidad de los hechos con la ilusión de lo ficticio. Y ese autoengaño bovarista, esa ilusión ficticia, terminan en naufragio vital y social, en derrumbamiento de la fe en sí mismo, de la fe en lo propio nacional, abriendo la puerta a los complejos de inferioridad y a la necesidad de imitar, de buscar amos a quienes someterse, de encontrar un rebaño al cual sumarse para sentir seguridad. En los amos y el rebaño encuentra la cobardía el refugio. Ello significa la quiebra de la personalidad, don tan temido por los amos del mundo. A través de la personalidad se expresan, relata Fromm, "el espíritu y la verdad". El bovarismo en el fondo está emparentado, paradójica y misteriosamente, con la soberbia humana. Thomas Merton entiende por esa la soberbia: "insistencia necia de ser lo que no se es; demanda exorbitante de que crean los demás en lo que no se es". Hambre incontenible de irrealidad como lo señala el gran contemplativo. En la realidad, tarde o temprano, nadie ni nada humano son el centro del universo a quienes todo pertenece y a los que todos se deben someter. Para una genuina, racional convivencia humana, la humildad resulta absolutamente indispensable. Ver las cosas tal como son para comenzar y, en su momento, corregirlas en su caso. Y con relación al coronavirus, la realidad de los números es contundente, al margen de las ilusiones. Los números desbaratan todo bovarismo. Su implacabilidad conduce a la humildad cuando el decoro y el Bien Común prevalecen. Veamos los números fríos relativos a la pandemia con base en el trabajo estadístico de la empresa internacional Statista. México, al 27 de agosto de 2020, ocupaba en el mundo el lugar 10 de 150 en cuanto a muertes por millón de habitantes, con 491.92 frente a India con 44.71 o a Vietnam con 0.28 muertes por millón de habitantes. Nuestro país es el número siete entre 200 países en cantidad de contagiados de coronavirus, con 573 mil 888 casos, en contraste con Malasia, con 9 mil casos; China, con 89 mil, o Australia, con 25 mil casos. En porcentaje de mortalidad al día de hoy, México tiene el 10.79%, 7° lugar entre 160 naciones, cuando Singapur tiene el 0.05%. Respecto a número de muertos por el virus, nuestra patria ocupa el 3er lugar en el mundo con 62 mil 076 muertos, cuando en Nueva Zelanda hay 22, en Vietnam 28, en China 4 mil 634. Los fallecidos, hombres y mujeres, niños, niñas, ancianos, ancianas, todos seres humanos incanjeables de carne y hueso. Que todos ellos descansen en paz a la sombra del Altísimo, es nuestro deseo. México todo, dejando a un lado frivolidad, indiferencia y bovarismo, debiera por respeto y solidaridad elementales, vivir el duelo de tantas familias devastadas por dichas muertes. Los números no mienten. La realidad estrujante, catastrófica, exige un cambio inmediato de rumbo, de estrategia sanitaria. No esperemos a que sean 150 mil muertes como lo vaticinan organismos de salud internacionales. Por favor, seamos todos humildes para salvar vidas humanas, pueblo y gobierno, todas las personas de buena voluntad. Hagamos una pausa fraterna, olvidemos rivalidades políticas, enconos, divisiones estériles ahora más que nunca, para que se salven vidas humanas. La patria suplicante, sufriente, lo agradecerá más que nada. Rectificar: purifica, redime, es tarea apremiante de gente sabia en esta hora gravísima de la historia de México y del mundo.