El Papa Francisco, bajo la geopolítica del complot

lunes, 31 de agosto de 2020 · 13:13
Los católicos conservadores anhelan que el ciclo del Papa Francisco concluya. Desde el Sínodo para la Familia en 2014, altos prelados, laicos y cardenales de la vieja guardia han salido a la luz para impulsar campañas cuyo objetivo es desestabilizar, mermar el liderazgo o hacer dimitir al Papa; el pontífice es cada vez más duramente criticado en medios, en redes sociales, revistas y libros. Pero de manera inusual figuran diversos cardenales adversarios, incluso de su propia curia. Hay varios episodios en los que destaca la campaña del exnuncio en Washington, Carlo Maria Viganò, quien apoyado por un sector conservador de la Iglesia estadunidense pidió en 2018 la dimisión del Papa Francisco. El conflicto en la Iglesia siempre ha existido. A Paulo VI lo criticaron por aperturista en el Concilio y después los progresistas arremetieron contra él por sus posturas reservadas en la encíclica Humanae Vitae en 1968, que prohibió los anticonceptivos. A Juan Pablo II se le rebelaron 163 teólogos de vanguardia en la Declaración de Colonia 1989, criticando su autoritarismo y nombramientos de obispos notoriamente conservadores. Y qué decir de Benedicto XVI, quien al final de su reinado enfrentó una guerra civil entre bandos de la curia romana. Escándalos, filtraciones a la prensa (Vatileaks), deslealtades, corrupción financiera y una larga lista de desviaciones que desembocaron en la renuncia de Ratzinger en 2012. DEBES LEER: Casos de “El Marro” y César Duarte exhiben una Iglesia delincuente Sin embargo, Francisco enfrenta una oposición más heterogénea y global, tiene varios frentes antagonistas y enfrenta diversos grupos de poderosos complotistas. La derecha anglosajona acaba de publicar dos libros con el mismo título: The Next Pope (El siguiente Papa). Ambos autores, sin empacho y con dulce hipocresía, desaprueban la gestión de Francisco. Pretenden crear una atmósfera de fin de pontificado y buscan desde ahora al sucesor. Uno de los autores, Edward Pentin, corresponsal en Roma del National Catholic Register y colaborador habitual de los programas de la conservadora cadena televisiva EWTN, en un libro de 700 páginas encuentra 19 perfiles de aquellos cardenales que sustituirán a Bergoglio. Mucho menos voluminoso, el libro del historiador George Weigel analiza la situación crítica de la Iglesia Católica para llegar a crear un perfil idóneo que, por supuesto, en nada se asemeja al Papa argentino. Francisco declaró que es un “honor” ser atacado por católicos conservadores de Estados Unidos. Ante sus discrepantes se presenta como un pontífice de diálogo, incluso asume ciertas querellas con humor. Sin embargo, camino a África en septiembre de 2019 dijo no temer a un cisma dentro de la Iglesia y reconoció que las críticas no sólo provienen de Estados Unidos, sino que “están un poco en todas partes, incluso en la curia”.

ENTÉRATE:

https://www.proceso.com.mx/605580/el-vaticano-en-bancarrota-financiera Por esos días Steve Bannon, ideólogo y operador de Donald Trump, declaró que Francisco cometió un grave error al pretender incidir en las elecciones presidenciales de 2016. “En vuelo de México a Roma declaró que una persona que sólo piensa en construir muros y no en construir puentes, no es cristiano. Ahí para nosotros, Francisco cruzó el límite”, dijo amenazante el supremacista y promotor de los ultras soberanistas europeos. En efecto, la Iglesia estadunidense, que desde sus inicios ha mantenido una tradición de autonomía respecto a Roma, ha sido fuente de financiamiento para el Vaticano. Marcada por la influencia del protestantismo, ha sido sacudida por los escándalos sexuales de pederastia clerical desde el año 2000, con acentuado descrédito social. Para muchos observadores la Iglesia estadunidense ha quedado bajo la influencia de empresarios omnipotentes, conservadores seculares. Millonarios filántropos católicos, influenciados por la teología de la prosperidad proveniente del pentecostalismo. Sus generosas donaciones obligan a una visión más libertaria de la economía y un espíritu empresarial que choca con el discurso antineoliberal de Francisco. Estos millonarios de Dios, provida, estos lobbies contra el LGBT, estas asociaciones antiaborto y Caballeros de Colón están bien organizados; han forjado vínculos estrechos con una franja de obispos estadunidenses. Especialmente el financiero Timothy Busch, quien en 2011 fundó el Instituto Napa para capacitar a líderes católicos para defender la fe; Frank Hanna, banquero comercial; Thomas Monaghan, fundador de Domino’s Pizza, entre otros. OJO: Embrollo político, legislativo y religioso El espectro antibergogliano se amplía en el “tradicionalismo identitario” o etnonacionalismo religioso generalizado sobre todo en Europa del Este y Rusia con la red vinculada a las iniciativas euroasiáticas. Las posturas hipercapitalistas seculares de las empresas multinacionales, empresas y grupos económicos opuestos a la actitud ecologista y antineoliberal del Papa. Por lo tanto, no se trata únicamente de “tradicionalistas” opositores al Papa. Confluyen una mezcla de fuerzas inéditas como de gobiernos incómodos ante la postura migratoria del Papa. Las motivaciones contra el pontífice argentino son diversas, pueden estar opuestas entre sí, pero quieren desacreditarlo. Orquestan campañas mediáticas millonarias y están ansiosos por la realización de un próximo cónclave. No demos muchas vueltas, el principal enemigo de Francisco está en casa. Es la curia romana que no tolerará una reforma que limite su poder y sus privilegios. Ahí Bergoglio reconoce una tarea titánica al caricaturizar así su misión: “hacer las reformas en Roma es como limpiar la Esfinge de Egipto con un cepillo de dientes”. En contraparte, Francisco sabe que posee el apoyo de grandes sectores de la sociedad contemporánea, de medios que simpatizan y que goza de credibilidad mundial como líder moral. El prestigiado sociólogo Zygmunt Bauman, en la revista Jesús, reconoció: “el Papa Francisco es el mayor regalo que ofrece la Iglesia cristiana al mundo contemporáneo… Sólo podemos rezar para que su palabra se encarne en nuestras acciones”. Como buen jesuita, Francisco sabe el manejo del poder, está al tanto de los movimientos y métodos de la oposición. Tiene anclada su defensa a lo que llama la geopolítica de la misericordia. Este análisis forma parte del número 2287 de la edición impresa de Proceso, publicado el 30 de agosto de 2020 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí