La agenda de Biden en política exterior

sábado, 26 de septiembre de 2020
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– El programa de política exterior de Biden ha sido dado a conocer. Aparece, entre otras publicaciones, en el último número de la revista mexicana Foreign Affairs Latinoamérica. Su lectura es obligada por dos razones: de una parte, permite adentrarse en los objetivos de quien espera remediar la política exterior tan destructiva de su antecesor. De otra parte, permite identificar puntos de interés especial para las relaciones exteriores de México. El título un tanto provocativo que se ha dado al documento de Biden es ¿Por qué Estados Unidos debe volver a liderar? Es normal que como documento de campaña fije como uno de sus propósitos contrarrestar la influencia perniciosa de la política exterior de Trump, la cual ha debilitado alianzas tradicionales de Estados Unidos –como la OTAN–, ha restado valor a los mecanismos multilaterales auspiciados por Naciones Unidas, ha abierto la puerta a situaciones inciertas y peligrosas en materia de proliferación de armas nucleares, ha ido a contracorriente de los esfuerzos para combatir el cambio climático, ha sido indiferente a la defensa de los derechos humanos, se ha comportado de manera errática en lo tocante a fuerzas militares estacionadas en el extranjero. Todo lo anterior merece ser revisado. Es una de las tareas urgentes del Partido Demócrata. Pero “volver a liderar” supone algo más. Supone que las condiciones están dadas para que un liderazgo exitoso de Estados Unidos en la arena internacional regrese y, asimismo, que haya un mundo esperando con entusiasmo su reaparición. Una serie de cambios ocurridos en el panorama internacional ponen en duda esa expectativa. El proyecto de Biden para la política exterior corresponde a la visión del mundo que tuvo cuando fue vicepresidente de Obama. Sin embargo, muchas cosas han cambiado desde entonces. En primer lugar, existe ahora una disputa por la hegemonía mundial por parte de China mucho más decidida que la existente hace cuatro años. La batalla se da ahora en el ámbito del comercio, del adelanto en ciencia y tecnología y de una fuerte presencia geopolítica. En segundo lugar, la pandemia del covid-19 ha modificado prioridades, relaciones de poder internacionales, certezas y retos que no se sospechaban hace apenas unos meses. Es sorprendente que Biden deje a un lado, en el documento mencionado, el tema de la pandemia y sus efectos en la política internacional. Por lo demás, es motivo de extrema preocupación, a quienes apostamos por el triunfo demócrata, que su mirada respecto a China se acerque tanto a la de Trump. A lo largo de todo el documento la tendencia sobresaliente es identificarla como el enemigo a vencer. Desde luego, no como un poder con el que se podría convivir. Lo anterior conduce a una narrativa que configura una nueva guerra fría, esta vez girando en torno a la necesidad de derrotar a China en el campo del comercio y el adelanto en ciencia y tecnología. No se advierte ninguna preocupación por los efectos tan negativos que semejante enfoque puede tener en el conjunto de la economía internacional. Por lo que toca a México, para empezar advertimos que América del Norte, como un espacio específico, con instituciones y acuerdos en materia comercial que inspirarían la búsqueda de un bienestar común para toda la región, no está presente. América del Norte, como una relación especial entre México, Estados Unidos y Canadá, merece poca o ninguna consideración. En una larga sección dedicada a una política exterior para la clase media, Biden hace un señalamiento significativo para México: “Necesitamos ser capaces de fabricar lo mejor en Estados Unidos y vender lo mejor en el mundo”, para señalar más adelante: “¿Quién se asegurará de proteger a los trabajadores, el medio ambiente, la transparencia y los sueldos de la clase media? (...) No negociaré nuevos acuerdos sin que los líderes laborales y ambientalistas participen en la mesa de negociaciones y sin que se incluyan disposiciones explícitas para que nuestros socios cumplan con los acuerdos que firmen”. Tales promesas llevan a estar en guardia, primero sobre hacia dónde se va a dirigir la relocalización de empresas que se encuentran en China, cuando la aspiración es producir en Estados Unidos; y segundo, cuánta importancia se dará al cumplimiento de los compromisos ambientales y laborales en el T-MEC. El segundo tema de interés para México que aparece en el proyecto de Biden es el de cambio climático. Aquí el compromiso es muy firme respecto al avance hacia una economía verde en 2050, el cumplimiento de los compromisos contenidos en el Acuerdo de París y el rechazo a todo tipo de energías contaminantes. El contraste con la política energética del actual gobierno mexicano no podría ser más evidente. Finalmente en materia migratoria hay dos rasgos muy notorios. En primer lugar un rechazo abierto a la política inhumana de Trump que no vaciló, entre otras cosas, en separar a los niños de sus padres con el objetivo de disuadir el interés de migrantes mexicanos y, sobre todo centroamericanos, de llegar a Estados Unidos; a pesar de haber rectificado unos meses después, todavía están presentes casos en que la reunificación no se ha logrado. En segundo lugar se expresa el firme compromiso de llevar a cabo la reforma migratoria integral (cuyo éxito dependerá de las mayorías que se logren en el Congreso). Finalmente, un interés notorio en los intentos de contener la migración centroamericana a través de políticas de inversión privada en los países del llamado Triángulo del Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador). Por lo que toca al último punto, es llamativo que no se mencione el Proyecto de Desarrollo Integral para Centroamérica, auspiciado por la CEPAL y en el que el gobierno de López Obrador puso tanto empeño el primer semestre de 2019. Al parecer a Biden no le interesa ir de la mano de México para enfrentar el problema de la migración centroamericana, inevitablemente del tránsito por México si desea ir a Estados Unidos. Falta mucho para saber qué peso tendrán los actuales documentos de campaña en las elecciones de noviembre que el mundo entero espera con nerviosismo. Sin embargo, no es apresurado para analistas y tomadores de decisión en México adentrarse en las oportunidades y retos que se deberán enfrentar en la relación con Estados Unidos en función de quien resulte vencedor. En la próxima colaboración abordaré la mirada de Trump en materia de política exterior.
Análisis publicado el 20 de septiembre en la edición 2290 de la revista Proceso.