Coronavirus

El problema es la desigualdad en derechos

Necesitamos otras formas de organizarnos. Nos urgen otras prioridades. Nos urge comunidad porque individualmente no alcanza.
viernes, 29 de enero de 2021 · 19:39

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hay que leer el Informe de Oxfam que acaba de publicarse este mes: El virus de la desigualdad. Cómo recomponer un mundo devastado por el coronavirus a través de una economía equitativa, justa y sostenible; y hay que actuar en consecuencia.

Si fuera posible acabar con esta pandemia si todo mundo pudiera quedarse en su casa unas semanas, y si de ello dependiera librarnos de estar a cien segundos de nuestra extinción, mi pronóstico es que no podríamos lograrlo. Eso me desgarra alma y corazón. Pero en lugar de deprimirme, opto por redactar lo que ahora leen.

No todo mundo puede quedarse en su hogar, porque hay muchas personas en situación de calle. No todo mundo puede quedarse en su casa a salvo, porque carecen de vivienda digna, porque no tienen acceso a agua salubre, o porque necesitan tener ingresos para sobrevivir con lo más básico, algo para alimentarse.

No todo mundo puede quedarse en casa, porque en ella se les silencia, se les humilla, se les viola, se les mata. Desaparecer en medio de la pandemia casi en el anonimato, sin chance alguno de hallar justicia. Desvanecerte en tu propio hogar.

No todo mundo puede aislarse porque su trabajo y su compromiso es salir a barrer las calles, a recoger la basura, a transportar a la gente a sus destinos, a atender los servicios de salud básicos, a fabricar productos elementales para nuestra vida.

Si se quedan donde viven, a lo mejor se quedan sin sus cuidados otras personas que dependen de su ayuda. Si no se arriesgan a salir y hacer lo que hacen, quizá no tendríamos la posibilidad de adquirir nuestros alimentos, aunque los podamos pagar. Si deciden quedarse en casa para salvarnos, nos quedamos sin seguridad.

Hemos fallado como sociedad porque carecemos de lo más elemental, no hemos logrado asegurar el goce de nuestros derechos humanos para todas las personas. Y el precio que pagamos por tanta irresponsabilidad tolerada lo estamos sufriendo.

Todavía más triste, hay personas a las que no les importa nada de lo anterior. Mientras tengan privilegios que disfrutar, mientras puedan explotar a las demás, mientras puedan ganar algo en medio de todo, les viene bien que todo siga igual. La pandemia les beneficia porque el sistema injusto en el que vivimos les beneficia desde antes. No se les cuestiona tanto como se desea entrar a ese círculo dorado.

¡No más! Es ahora que tenemos que cambiar. Pero cambiar con otras reglas, algo distinto a lo que se nos ofrece de siempre. Si fuera tan fácil como votar por alguien diferente ya habríamos cambiado. Necesitamos otras formas de organizarnos. Nos urgen otras prioridades. Nos urge comunidad porque individualmente no alcanza.

Nos comparten desde Oxfam “Cinco pasos para conseguir un mundo mejor: 1. Un mundo mucho más igualitario en el que valoremos lo verdaderamente importante. 2. Un mundo con economías más humanas que cuiden de las personas. 3. Un mundo libre de toda explotación y en el que haya seguridad de ingresos. 4. Un mundo donde los más ricos paguen los impuestos que les corresponden de manera justa [el masculino aplica tal cual]. 5. Un mundo con seguridad climática.”

¿Qué podemos aportar quienes defendemos causas de derechos humanos en los tribunales? Esa es la pregunta que me toca responder para darle más sentido a lo que tanto me apasiona. Necesitamos planteamientos transformadores para exigir una justicia transformadora, porque la justicia particular, de caso a caso, no basta.

No podemos pedir que las violaciones de derechos se reparen volviendo las cosas a la manera en la que estaban. Requerimos algo más, algo mejor. No hace falta cambiar primero las reglas. Lo que hace falta es entender el problema y tener la decencia de hacer algo más de lo habitual. Fallar, fallar y fallar más, hasta lograrlo.

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