Ajedrez

Sobre José Raúl Capablanca

A los cinco años el padre de Capablanca lo llevó al club de ajedrez de La Habana. Ahí era literalmente invencible. A los 13 años sostuvo un encuentro con Juan Corzo, por el campeonato de Cuba.
domingo, 21 de noviembre de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).–Uno de los ajedrecistas más importantes en la historia del juego ciencia es José Raúl Capablanca y Graupera, que nació un 19 de noviembre de 1888, en La Habana, Cuba, falleciendo el 8 de marzo de 1942. Capablanca era una máquina de ajedrez y como ya parece costumbre, en su momento se le bautizó con el apodo del "Mozart del ajedrez" (mismo apodo que le pusieran a Carlsen, el actual campeón mundial). El cubano era increíblemente fuerte en el tablero y aparentemente habría nacido con un don para el juego ciencia. Se dice que a los cuatro años aprendió a jugar viendo a su papá jugar contra un amigo. Dice la anécdota, contada por el propio ajedrecista, que el niño de pronto le dijo al padre: "Pap, moviste mal esa pieza (un caballo)". El padre le dijo "y tú qué sabes". El final de la historia cuenta que esta fue la primera partida que ganó Capablanca en su fantástica carrera ajedrecística.

A los cinco años el padre de Capablanca lo llevó al club de ajedrez de La Habana. Ahí era literalmente invencible. A los 13 años sostuvo un encuentro con Juan Corzo, por el campeonato de Cuba (1901), ganando el chico por 4 triunfos, tres derrotas y cuatro tablas. Esto ya parecía indicar que se estaba ante un enorme talento para el ajedrez. Capablanca terminó sus estudios de bachillerato en Matanzas y aunque no tenía recursos para estudiar en el extranjero, un mecenas, el Sr. Ramón Pelayo de la Torriente, le patrocinó su formación en los Estados Unidos. Eventualmente Capablanca entraría a la Universidad de Columbia, pero su interés por el juego terminó por arrebatarlo de sus estudios, los cuales no concluyo, terminando apenas dos años.

En 1905 comenzó a jugar en el Manhattan Chess Club y en la noche del 6 de abril de 1906, participó en un torneo relámpago en donde venció a Emmanuel Lasker. Este le dijo al final de la partida: "Es notable joven, usted no ha cometido errores". A los 20 años venció al campeón estadounidense Frank Marshall en un match donde le venció en ocho partidas, sufriendo una derrota y con 14 empates. Gracias a la insistencia del propio Marshall, Capablanca fue invitado al gran torneo de San Sebastián, España, en 1911. Osip Bernstein y Aron Nimzowitsch objetaron la presencia de este "desconocido". Sin embargo, Capablanca mostraría su nivel, derrotando a Bernstein en una partida magistral, que fue el premio de brillantez del torneo, lo que silenció las críticas.

Capablanca consiguió un trabajo en el Ministerio de Relaciones de Cuba, lo que le permitió seguir jugando e incluso, poder realizar algunos viajes gracias a su puesto. Era claro que había que ir a jugar a Europa y Capablanca mostró en el viejo continente de qué estaba hecho. Venció a jugadores de la talla de Jacques Mieses y a Richard Teichmann, Alexander Alekhine, Yevgeni Znosko-Borovski y Fedor Duz-Khotimirsky. También venció a Nimzowitsch en un final que es muy conocido por la técnica que desarrolló el cubano para ganar un final de alfiles de color opuesto. También venció a Richard Réti y a Savielly Tartakower. Capablanca dio también un gran número de partidas simultáneas en donde ganó la mayoría de sus encuentros.

En el torneo de 1914 en San Petersburgo, en donde jugaron de la mayoría de los mejores ajedrecistas del mundo, Capablanca se encontró con el Lasker por primera vez en un torneo normal. Capablanca tomó ventaja de un punto y medio en las rondas preliminares, y obligó a Lasker a luchar por el empate. Ganó nuevamente el premio por brillantez contra Bernstein y tuvo algunas victorias importantes contra David Janowsky, Nimzowitsch y Alekhine. Era a todas luces un portento para el tablero. Sin embargo, fue víctima de una increíble mejoría de Lasker en la segunda parte del torneo, que le venció en una increíble partida que inició con una apertura poco aguerrida, la variante del cambio en la Ruy López. Capablanca terminaría segundo, detrás de Lasker con 13 puntos contra 13,5 del alemán, pero delante de Alekhine, quien finalizó en tercer puesto. Al concluir el torneo, el Zar Nicolás II proclamó a los cinco ganadores de premios (Lasker, Capablanca, Alekhine, Tarrasch y Marshall) como "Grandes Maestros del Ajedrez". (ahí nació el título más importante del ajedrez, después del de Campeón del Mundo).

Para 1920 Lasker se dio cuenta que el cubano ya le rebasaba y decidió renunciar a su título, para otorgárselo a Capablanca, pero éste quería ganarlo jugando. Se organizó un encuentro en La Habana, en donde Capablanca venció al gran Lasker en 4 ocasiones, con 10 empates y cero derrotas. Siendo Campeón, Capablanca mostró que era sin duda el mejor del mundo, sin embargo Alexander Alekhine le pisaba los talones. De hecho, retó a Capablanca por el título mundial pero éste le pidió 10 mil dólares (mucho dinero de 1927), lo cual era una manera elegante de decir que no quería retos, pero Alekhine consiguió en Argentina quien le patrocinara el match. Así Capablanca se desplazó a Buenos Aires y los  ajedrecistas más connotados hacían sus pronósticos. Rudolf Spielmann indicó: "Alekhine no va a ganar ninguna partida"; Vidmar aseguró: "Alekhine no tiene ni la sombra de una posibilidad"; Bogoljubov coincidió con este juicio: "El resultado final va a ser 6 x 3 a favor de Capablanca"; Nimzowitch y Maroczy se pronunciaron también en favor de la victoria del genial cubano. Finalmente Alerkhine vencería al cubano por seis victorias, tres derrotas y 25 empates.

Alekhine, como campeón, le pidió las mismas condiciones económicas a Capablanca para darle la oportunidad de la revancha, pero éste último no consiguió jamás el dinero para ello. De hecho, Alekhine nunca jugó en torneos donde jugara Capablanca, quizás evitando especulaciones y presiones al respecto. Curiosamente, Alekhine jugaría dos encuentros por el título mundial con Bogoljubow y otros dos encuentros con Max Euwe, perdiendo uno y recuperando su título dos años después (1937).

Todo ajedrecista que quiera mejorar tiene como materia obligada las partidas de José Raúl Capablanca. Su capacidad increíble para guiarse en el tablero, sus fascinantes ideas estratégicas (como la de los peones colgantes), merecen ser estudiadas a profundidad.  A 133 años de su naciiento, lo recordamos con el afán de que los jugadores de hoy vean el gran talento que se desbordaba en el tablero de ajedrez, sin tanta computadora, sin tanto material escrito, sin tantos videos explicativos. El talento de Capablanca es único.

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