Marcela Hersch

De sonatas, improvisaciones y ragas hindúes

El próximo concierto de Marcela Hersch será en el Auditorio del Centro Cultural Teopanzolco, el jueves 9 de diciembre a las 19:00. El concierto se llama Marcela Hersch, improvisatio & Beethoven.
viernes, 3 de diciembre de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Es motivo de sumo interés para esta columna poder dialogar con la pianista y compositora mexicana Marcela Hersch, ya que además de haberse formado dentro de la ortodoxia musical de Occidente, ha incursionado en la milenaria cultura de la India, logrando un maridaje de lenguajes que bien merece difusión. Sin mayor preámbulo arranquemos con las preguntas anticipando, estimados leedores, que es una artista con muchas vidas pasadas en su haber…

–Siempre es interesante enterarse de los incentivos que empujan a una persona a ofrendarle su vida a la música, con su cauda de incógnitas y dificultades por afrontar. ¿Cómo, cuándo y por qué decidiste encaminarte por esta senda artística?

–Mi primer encuentro fue a través de mi madre, también pianista concertista, así que debo haber escuchado las primeras notas de música a los pocos días de nacida, si no es que antes. Las primeras clases de música fueron con ella. Dice que aprendí las notas antes que las letras y que me gustaba tocar el piano. Sólo que en la niñez es difícil conjuntar el juego con la disciplina que requiere el piano, y más si tu maestra es al mismo tiempo tu mamá, porque se entera de si estudiaste o no.

“Mi destino era ser pianista, aunque a veces no lo supiera. Di conciertos desde niña, y a los 11 años me atreví a rebelarme, pero no me duró más que un día. Saliendo de secundaria decidí estudiar únicamente en el Conservatorio Nacional, dedicando un año completo a la música para decidir si me dedicaría a la música o si estudiaba la prepa seguida de otra carrera. Finalmente estudié las dos al mismo tiempo: música y la prepa. Aunque fue muy pesado, fue una de las etapas más felices de mi vida. ¿Dificultades? Muchas, tanto internas como externas, pero actualmente para mí es un gran privilegio poder hacer música y poder tanto interpretar obras de otros compositores como las mías.

“Mi camino por la vida fue de mucha curiosidad por otros rumbos: teología, psicología transpersonal, musicoterapia, filosofía, meditación, artes marciales, pintura, escultura, el contacto con la naturaleza… pero el imán hacia hacer música siempre prevaleció. Como me decía una persona: ‘Marcela, aunque no quieras, tu destino es ser pianista’. Siempre regresé a la música, y si pensé que me alejaba con lo demás, finalmente me enriqueció.”

–¿Qué recuerdos tienes de tu paso por el Conservatorio Nacional de Música? ¿Son todos edificantes o te topaste con una realidad adversa, en sintonía con las palabras de Silvestre Revueltas que decía que en sus aulas se estrellan los sueños?

–Mis sueños de pianista se tropezaron en varias ocasiones con celos, envidias, mentes cuadradas, tanto del conservatorio como de otros lugares y personas, pero en realidad la formación que recibí, tanto de mis primeros maestros de piano, teoría, solfeo y armonía, como las diversas materias del conservatorio fueron muy completas. Fue una formación sólida. Además de que el edificio, aunque era helado (por algo le decían el congelatorio), fue construido para estudiar música y era inspirador.

–Obtuviste un doctorado en historia del arte y tu tesis entrecruzó la filosofía, la música y la pintura de la India… ¿Dónde se originó ese llamado tan insólito para adentrarte en la mística y la filosofía de la tradición hinduista?

–Estudié ese doctorado porque no me dejaron estudiarlo en la antes Escuela Nacional de Música, porque me gradué con conciertos y no con una tesis. Intenté entrar, tanto a la maestría (aunque ya contaba con una de la Indiana University), como al doctorado con ellos. Y como no pensaba irme al extranjero, decidí inscribirme en el ColMor, en Cuernavaca, que es donde radico desde hace 30 años.

“Lo curioso es que me aceptaron para hacer el doctorado en historia del arte, aun sin ser mi área y haberme graduado dando recitales y sin tesis. Lo hice transdisciplinario. Las cosas con las que uno se topa en la vida, ¿verdad? Y que acabó siendo más enriquecedor y divertido…

“El llamado fue en parte eso que acabo de explicar y también, para mi bendecido destino, conjugar tres de mis pasiones: la pintura, la música y la filosofía. Esas tres áreas en la historia del arte de la India están entrelazadas como muégano: sólo puedes entenderlas si las conjugas. Hay una vena que las nutre: la espiritualidad profunda de esa cultura.

“Así, encontré que la principal raga (en música significa una composición sobre la que se improvisa, en general significa color o sabor) era el Bháirava, cuya imagen más importante en la pintura era también el raga Bháirava; la deidad más importante el hinduismo es Shiva, en la que Bháirava es una de sus representaciones. Imposible desentrañar a una de estas disciplinas artísticas sin la otra.

“La otra razón de este acercamiento o llamado hacia la mística de la India es que en algún momento aprendí a meditar, y la música que sonaba en esas meditaciones me sonó fresca. Después de tantos años sólo escuchando música clásica de Occidente de arriba a abajo, desde los brazos de mi madre, escuchar algo nuevo me refrescó.

“Hubo un instrumento en especial que me cautivó, era un río de sonidos y de armónicos, del cual no podía distinguir qué los producía. En cuanto pude me compré una tanpura, que es el instrumento de cuerdas que produce ese río de sonidos. Es el primer instrumento de la India que empecé a utilizar en las primeras composiciones, en donde hice mis pininos de fusión con las dos grandes ramas de la música clásica, la de Occidente y la de la India.”

–Por tus diversas estancias en la India, es de intuir la fuerte comunión espiritual que te liga a ella, y cabe preguntarte si has percibido la cadena de reencarnaciones que te ha llevado a ser la persona que eres en esta vida…

–Sí, en diversas terapias de regresión vi otras vidas. No las veo como una cadena, una tras otra, pero sí como varias reencarnaciones y también, ahí sí, está la cadena de ancestros que te hace ser quien eres, con la fuerza que eso implica, que te acompaña, te da fuerza, o que a veces te obstaculiza para ser quien estás llamado a ser. Ser felices, eso es a lo que todos estamos llamados a ser.

–Háblanos de tus composiciones y de la manera en que concilias tu actividad creativa con el concertismo…

–Mis composiciones comenzaron en una etapa tardía de mi vida. Empecé improvisando y después quise escribir lo que improvisaba. Tomé clases de diferentes géneros, como jazz y pop, para abrirme a improvisar, y ritmos afroamericanos; después me formé en composición de música de concierto y más adelante en música clásica de la India. Finalmente tomo lo que a mi intuición le atrae y hago fusión con los diferentes elementos de esos estilos. Así las canciones de cuna pueden tener instrumentos de ambas culturas. Las piezas de mi álbum Vuelo místico combinan diferentes maneras de improvisar, junto con instrumentos y estilos de ambas culturas, mis cuartetos para piano, sitar, tabla y tanpura, hacen un maridaje entre el piano y el sitar. He logrado conciliar mis dos vertientes profesionales, porque escojo obras del repertorio clásico que me fascinan, y en el mismo programa toco obras mías.”

–¿Tienes algún concierto en puerta?

–¡Sí! En el programa próximo presento improvisaciones sobre temas míos que creé durante la pandemia y dos sonatas tardías de Beethoven: la 27 y la 30. Será en el Auditorio del Centro Cultural Teopanzolco, el jueves 9 de diciembre a las 19:00. El concierto se llama Marcela Hersch, improvisatio & Beethoven.

“Últimamente lo que me gusta hacer es improvisar; y en este caso me deleita mezclar esas improvisaciones con esas dos sonatas de Beethoven, en un viaje en el tiempo a dos siglos de distancia. Un contraste innovador, como un paseo en el bosque en el que respiras aire puro, un toque de algo nuevo mezclado con un toque de lo antiguo, que acaba siendo, en su conjunto, algo novedoso.”

–Te has prodigado en el campo de la discografía, logrando un equilibrio entre el rescate de repertorio olvidado y el de tu propia obra… ¿En cuál de tus fonogramas sientes que has alcanzado la mayor plenitud? ¿Quisieras compartirnos algún segmento?

–Los que más me gustan son Marcela Hersch plays Alfonso de Elías y Encuentro de Luz, que es el más reciente con mis composiciones. Comparto aquí el Vals del gran compositor mexicano, aunque poco conocido, Alfonso de Elías, y Colibrí, un preludio de mi autoría que pertenece a la serie de doce preludios para piano llamada Retorno a la Sencillez. Puedo agregar que mis discos figuran en todas las plataformas digitales.…  

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